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Un país que no protege a sus niñas, por Cynthia Cienfuegos

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Tiene que estar tan normalizada la violencia sexual en nuestro país para que una adolescente de 16 años haya denunciado siete veces ser abusada por su padrastro desde los 11 años, y que la policía, los centros de salud y el personal de primera línea frente a estos casos no haya iniciado una investigación y no hayan dispuesto ninguna medida para protegerla. Tiene que estar tan normalizada la violencia sexual en nuestro país para que ningún trabajador de los centros de salud del distrito de La Encañada, en Cajamarca, haya activado una alarma cuando tomaron conocimiento del embarazo de una niña. Debe estar tan normalizada la violencia contra las mujeres en nuestro país que no nos incomoda ni nos confronta que una niña se convierta en madre tres veces de su propio padrastro.

Debemos ser una sociedad extremadamente y perversamente machista para que las familias encubran a los violadores de sus propias hijas, nietas, sobrinas, hermanas.

Debemos tener instituciones tan precarias para que una víctima pierda la confianza en las instancias ordinarias de atención y acuda a la justicia comunitaria para que su caso sea visible y denunciado.

Tenemos que ser un país nefasto para que el Congreso apruebe leyes que vulneren los derechos de niñas, niños y adolescentes de acceder a una educación sexual integral.

Entre el 2017 y el 2022 se reportó un promedio de 34 casos al día de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes en el Perú. De los 74 mil 413 casos, el 92 % de las víctimas son niñas y adolescentes mujeres (UNICEF).

En nuestro país, la violencia sexual no es un problema aislado. Es estructural porque se intersecciona con otros factores como la pobreza, el analfabetismo, la migración, la etnia, la dependencia económica o la procedencia geográfica. Es institucional, porque siguen existiendo fallas en el sistema de atención, en las medidas de protección oportunas y en el tratamiento a las víctimas. Y es un problema cotidiano porque la mayoría de estos casos se da en el seno familiar. Los agresores son los padres, padrastros, abuelos, tíos, primos, hermanos. Lo más grave son los retrocesos en materia de derechos humanos, con aprobaciones o eliminaciones de leyes, que deja aún más desprotegidas y vulnerables a las infancias y adolescencias.

Este país no protege a sus niñas. Las quiere siendo madres. Las quiere revictimizadas. Las quiere desprotegidas. Las quiere calladas. Las quiere desinformadas.