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Sánchez pone a prueba a Bolaños con el decreto social

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La Moncloa elevó ayer la presión sobre sus dos socios más belicosos. El Ejecutivo advirtió a Podemos y a Junts de que votar en contra del decreto del escudo social será «hacer daño a millones de ciudadanos españoles». Los dos partidos lo rechazan, aunque cada uno por motivos distintos.

Lo cierto es que el principal negociador del Gobierno, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, es quien está detrás de la presión, que el Ejecutivo usa como arma electoral. Hace tiempo que Moncloa no da un paso sin pensar en la competición partidista. El modus operandi es ya habitual. Cede ante alguno de sus socios para que, políticamente, el texto que quiere aprobar sea razonablemente asumible por todos. Y a partir de ahí utiliza el reloj.

Los morados no quieren que los propietarios de al menos dos viviendas que tengan una en régimen de alquiler queden fuera de la moratoria que impide el desahucio de los inquilinos si estos se encuentran en situación de vulnerabilidad, porque consideran que siguen siendo una parte privilegiada de la sociedad. Pero esa fue la condición que puso el PNV para apoyar el decreto.

Fue también un guiño a Junts, que no parece que vaya a pasar por el aro. Los dos partidos se siguen sus movimientos. Ambos se consideran sus respectivos espejos. Si Bildu es ERC en el País Vasco, Junts es el PNV en Cataluña. Y esa es la baza que persigue el Gobierno, que sea el PNV el que guíe a Puigdemont. Pero los posconvergentes son impredecibles. En el caso de Podemos, Bolaños, que tiene «vida propia» en Moncloa, confía en que no se atreverán a votar en contra, aunque les toque transigir. Fuentes del Gobierno recuerdan una y otra vez que la mayoría en el Congreso es la que es. Y que no hay un bloque ideológico homogéneo alineado con el Gobierno.

De manera que no les queda más remedio que hacer «política de mercado». Lo cierto es que Junts sigue siendo el mayor quebradero de cabeza de Sánchez en este momento. Fuentes gubernamentales advierten de que la situación de Puigdemont es de extrema debilidad, que su liderazgo está de capa caída y, por eso, no es capaz de entender una mínima lógica política tras los movimientos de Waterloo. En cualquier caso, el Gobierno tuvo que recular tras constatar que la Cámara no le aprobó el decreto «ómnibus» en el que introdujo el decreto social junto a la revalorización de las pensiones. Lo llamativo es que Moncloa no cree que tenga coste electoral para ellos mostrar debilidad parlamentaria. Al revés, consideran que se trata de un elemento que puede jugar a su favor si logran retratar a sus socios.

En su cabeza sigue estando el plan de acaparar cuantos votos del bloque de investidura puedan. Vengan de donde vengan. Utilidad, ante todo. Los gurús del presidente creen que ese es el camino para hacer que el partido sobreviva en las próximas elecciones generales lo suficiente como para que el liderazgo de Sánchez no se ponga en duda desde dentro del propio «sanchismo». El presidente quiere hacer del PSOE un partido de resistencia.