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Editorial: El otro lado de las elecciones: la victoria cívica que empezó en las calles y terminó en las urnas

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Más allá de quiénes resultaron vencedores o perdedores en las pasadas elecciones, hubo un gran triunfo para toda Costa Rica: nos referimos al significativo aumento de la participación ciudadana en la campaña y los comicios.

Pese a que, durante muchas semanas, la campaña electoral se vio sumamente apagada, en la recta final rumbo al 1.° de febrero, algo cambió. La ciudadanía pareció haber despertado y tomó las calles, levantó banderas –las de sus partidos y, por encima de todas, la de Costa Rica– y llegó a las urnas con la convicción de que su voto importa para definir el rumbo del país.

Así, lo ocurrido el primer día de febrero bien podría describirse como un despertar cívico y, al final de la jornada, Costa Rica recibió la noticia de que, entre todos, logramos reducir de modo significativo el abstencionismo, pues una gran cantidad de ciudadanos dijeron presente y acudieron a las urnas a defender la libertad para elegir gobernantes y diputados por medio de un proceso transparente que no deja espacio para ninguna duda.

Lo que vimos es para no olvidar. Por unos días, el país volvió a vibrar con entusiasmo y abundaron las muestras de ese patriotismo que tanto extrañábamos. Se disipó el miedo a mostrar una preferencia política, a pararse en una acera para alzar la voz por uno u otro candidato. Se multiplicaron las imágenes de caravanas de vehículos que ondeaban banderas multicolores al tiempo que bocinaban con alegría. El ambiente se llenó de gente que sonaba cornetas y entonaba el Himno Nacional, la Patriótica Costarricense o el Himno al 15 de Setiembre, y, salvo incidentes aislados, todo transcurrió en medio de un compartir respetuoso y armonioso.

Resguardar y nutrir ese ánimo de participación es ahora una tarea para quienes ejercerán el poder, pero también para una ciudadanía que no debería volver a caer en la indiferencia.

Durante las 12 horas que permanecieron abiertas las urnas, el 69% de los más de 3,7 millones de personas empadronadas acudió a votar. Con ello, se quebró la creciente tendencia al abstencionismo, que cayó del 40% registrado hace cuatro años –el nivel más alto de la historia reciente– a 31%.

La participación alcanzada se equipara a la de procesos como los de 1998 (cuando el abstencionismo fue de 30%), 2002 (31,2%), 2010 (30,9%) y 2014 (31,8%). No hubo un retorno a los niveles de participación de las décadas comprendidas entre 1960 e inicios de los años 90, cuando el abstencionismo apenas rondaba el 20%, pero sí marca una corrección de rumbo que confirma que la apatía ciudadana no es irreversible.

Y es que, precisamente, se produjo un poderoso ejercicio de convocatoria cívica que trascendió a los partidos políticos. El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) desempeñó un papel central al insistir en el valor del voto, y a ese esfuerzo se sumaron casi todas las candidaturas presidenciales, diversos medios de comunicación, algunas empresas de publicidad y, de manera decisiva, miles de ciudadanos que acogieron el llamado y lo replicaron en sus comunidades y entornos.

La creatividad exaltó el patriotismo. En redes sociales, circularon videos en que héroes y personajes históricos simbólicamente “bajaban de sus pedestales” para invitar a votar. Otros mensajes apelaron a nuestra casa común y a la defensa de la democracia, mientras que varias canciones lograron tocar fibras muy sensibles para apelar a la responsabilidad cívica. Ninguno de estos esfuerzos pretendió decir a los electores por quién votar, sino recordarles cuánto pesa cada voto para definir nuestro destino como país.

Este sentimiento patriótico también se nutrió de muchísimas historias de costarricenses radicados en el extranjero que, para poder sufragar en su país de residencia o en el más cercano, recorrieron largas distancias en carro, tren, bus o avión; lo hicieron bajo la nieve, la lluvia o una tormenta, y asumieron el sacrificio económico del viaje, todo con tal de ejercer su derecho al voto.

En el territorio nacional, la participación electoral también dejó actitudes alentadoras. Heredia se consolidó como la provincia con mayor involucramiento ciudadano, al registrar un abstencionismo de apenas 24,42%, seguida muy de cerca por Cartago, con 24,57%. Por cantones, Zarcero fue el de menor abstención, con 17,2%. Estos resultados muestran que, donde existe mayor conexión institucional, acceso a oportunidades y sentido de pertenencia, la ciudadanía responde y participa.

De vuelta al TSE, este fue sin duda otro de los grandes ganadores de la elección, no por protagonismo, sino por solvencia. Pese a los intentos previos desde el gobierno por desacreditar la pureza del proceso electoral, y de los discursos tendientes a sembrar dudas en la población, este tribunal respondió con reglas claras, organización rigurosa, transparencia y resultados incuestionables. La alta participación y la normalidad con que se desenvolvió la jornada fueron la mejor forma de desmentir cualquier narrativa de fraude.

Defender esa credibilidad, respetar al árbitro electoral y cuidar su independencia es indispensable para que Costa Rica siga resolviendo sus diferencias en las urnas y no por medio de confrontaciones. La lección es clarísima: cuando la democracia funciona, todos ganamos.