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El lugar de Costa Rica en la nueva geopolítica global

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La Estrategia de Seguridad del Reino Unido 2025 afirma que el mundo está entrando en una nueva era caracterizada por la intensificación de la competencia entre superpotencias –algo evidente desde la década anterior–, a lo que se suman la agresión autoritaria y las ideologías extremistas.

Así, el contexto global está dominado por crecientes amenazas a la seguridad, cambios en rutas comerciales, aumento de la dependencia de recursos, vulnerabilidades de los sistemas de información y comunicación, incremento de los marcos de minilateralismo, nuevas alianzas, y, sobre todo, una redefinición de la geopolítica.

Las visualizaciones geopolíticas y la interpretación de los mapas deben hacerse de una perspectiva muy distinta, lo cual incide directamente en las relaciones internacionales y la política exterior. Y esto no es un asunto exclusivo de las súper o grandes potencias, sino también de los Estados pequeños. Lo grave, en el caso de Costa Rica, es que el gobierno y la misma academia no poseen noción/percepción geopolítica y la gran mayoría de tomadores de decisiones tampoco tienen idea de la geografía y la lectura de los mapas.

Anotan J. Rogers y A. Young, en el documento “Britain’s world: The strategy of security in twelve geopolitical maps”, publicado a finales de 2025, que un buen mapa puede revelar al instante las nuevas vulnerabilidades. Esto se sabía desde inicios del siglo XX, con los aportes de geopolíticos como Mackinder, Spykman y otros.

Y en la década de 1990 se hacen nuevos aportes en materia de cartografía que permiten comprender cómo la posición geográfica de un país es un factor determinante en la construcción de su identidad nacional y la formulación de su política exterior.

Por eso, es lamentable que en secundaria y en la universidad no se eduque a los y las costarricenses para comprender la cartografía y la geografía. Solo así se puede entender dónde está el país y cuáles son sus vulnerabilidades.

Los fundamentos de la geopolítica no cambian; lo que varía es la percepción que se tiene de los factores y variables geopolíticas. Se trata de la vinculación entre geografía y política, una relación espacial que puede tener distintas manifestaciones a través del tiempo. En palabras del británico John Mackinder, es el estudio de cómo lo físico de la Tierra interactúa con la lucha por la influencia y el poder.

Costa Rica debe comprender esto por encontrarse en un Istmo que conecta dos grandes masas terrestres. El ser un país “puente”, con un océano y un mar en dos de sus fronteras, lo convierte en un territorio con influencias relevantes. Cuando se observa un mapa desde la perspectiva ártica-atlántica, se percibe la posición clave de Centroamérica. Por eso, el ámbito económico es significativo y hasta determinante; pero solo adquiere ese significado desde la perspectiva de lo político.

El análisis debe comenzar por reconocer los centros de poder, su ubicación espacial y la relación que cada país tiene con esos polos. Y esto se hace más relevante por el entorno de las relaciones internacionales hoy. La carrera mundial para adquirir poder e influenciar en los Estados pequeños y medianos implica un reacomodo de fuerzas y vínculos políticos, económicos y geoestratégicos. Esto hace indispensable superar los constructos del siglo pasado, que siguen dominando las decisiones de las Cancillerías de esos actores estatales pequeños y medianos.

Hablar hoy de añejos conceptos como “soberanismo nacionalista” o limitar la política exterior a lo comercial es desconocer la compleja realidad del segundo cuarto del siglo XXI.

El mundo está en vías de desoccidentalización y avanza hacia un orden iliberal con debilitamiento del multilateralismo. Por eso, países como Costa Rica no pueden ir contracorriente. La tarea pasa por identificar la naturaleza de las relaciones bilaterales con los diferentes Estados alrededor del mundo e identificar los adversarios en distintos ámbitos y los potenciales aliados, así como las principales vulnerabilidades geográficas, políticas, económicas y comerciales. Pero, sobre todo, dejar de pensar que la comunidad internacional y los tradicionales aliados necesitan a Costa Rica. Es a la inversa: el país necesita de ellos; de todos. Por eso, para un Estado pequeño, la clave es aprovechar las ventajas que tiene para adaptar sus actos cortoplacistas de política exterior, no así sus principios y valores.

En un mundo dominado por el realismo político –sobre todo por la visión más fundamentalista de esa teoría: el realismo cristiano–, en el que parece revivir un “momento hobbesiano”, es vital conocer cuáles son los objetivos de mediano y largo plazo (no los cortoplacistas de cada administración gubernamental, que no sirven mucho –por no decir nada– desde lo geopolítico).

Si Costa Rica continúa por la ruta de los últimos años y sigue ignorando la necesidad de una estrategia de defensa y seguridad exterior, desconociendo la dinámica geopolítica, la posición externa y los espacios de maniobra seguirán deteriorándose más.

No se trata de pensar que, con tener un determinado aliado, las cosas se resuelven. Tampoco se trata de recuperar la posición internacional que tuvo en las décadas de 1970 y 1980, la época de “nuestra voz en el mundo”.

Ese sistema internacional liberal es cosa del pasado, junto con Occidente. Por eso, hay que comprender la geopolítica y adaptarse a la nueva realidad.

camuza@gmail.com

Carlos Murillo Zamora es catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Nacional (UNA).