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Legumbres Baena: del campo cordobés a la mesa con sello ecológico y sabor tradicional

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Abc.es 
En un momento en el que la alimentación vuelve a estar en el centro del debate -salud, sostenibilidad, prisas, ultraprocesados- hay productos que reclaman su lugar sin levantar mucho la voz. La legumbre es uno de ellos. Humilde, cotidiana y profundamente ligada al territorio, hoy se reivindica como un alimento de presente y futuro. Desde Fernán Núñez , en plena campiña cordobesa, Legumbres Baena lleva décadas trabajando para que ese regreso a lo esencial se haga con rigor, trazabilidad y respeto por su tierra. La empresa cordobesa no se limita al envasado y la comercialización. Su modelo abarca todo el proceso, desde el campo hasta el producto final, una decisión que marcó un punto de inflexión en su trayectoria. “Desde el principio fuimos creciendo de forma continuada y abarcando mercados cada vez más alejados hasta tener clientes fuera de España que buscaban productos diferentes”, explica Francisco Baena Serrano. Ese crecimiento fue acompañado de una reflexión sobre el tipo de producto que querían ofrecer y cómo hacerlo. El salto definitivo llegó en el año 2000, cuando comenzaron a comercializar legumbres de cultivo ecológico . “Vimos que nuestros clientes empezaban a demandar productos más sanos y respetuosos con el medio ambiente y esto nos obligó a implicarnos directamente en la producción para asegurarnos la disponibilidad del producto, ya que las producciones en esa época eran escasas”, recuerda. En un contexto en el que la agricultura ecológica apenas daba sus primeros pasos en España, la apuesta fue clara: “Apostamos decididamente por la producción ecológica”. Ese compromiso con el entorno no se queda en el discurso. En Legumbres Baena se traduce en decisiones concretas y cotidianas. “Yo pienso que todos estamos obligados a hablar del respeto al medio ambiente y a la par estamos obligados a actuar en favor de este”, afirma Baena Serrano. En su caso, esa acción pasa por fomentar la agricultura ecológica, utilizar envases sostenibles y asumir un lema que resume bien su filosofía: “Cultivamos salud, cosechamos futuro”. La calidad y la confianza del consumidor se apoyan también en las certificaciones. Legumbres Baena cuenta con certificación del CAAE y con el distintivo Andalucía Gusto del Sur , garantías que, para el gerente, no son un mero sello comercial. “Estar certificado en agricultura ecológica significa que hay una empresa homologada a nivel europeo que garantiza, mediante controles rigurosos en el campo y en nuestras instalaciones, que los productos cumplen la normativa europea ”, explica. Una certificación que implica algo muy concreto: “Que están libres de productos fitosanitarios como herbicidas, insecticidas o fungicidas, dado que no está permitido su uso en agricultura ecológica”. Esa es, subraya, “la gran diferencia entre un garbanzo ecológico y otro de agricultura convencional”. El trabajo bien hecho ha permitido que las legumbres cordobesas de la empresa crucen fronteras, especialmente hacia Europa. Allí, el producto ecológico se mueve en un mercado más asentado. “ En Europa el mercado ecológico es un mercado maduro . Llevan muchos años consumiendo este tipo de productos y el consumo es estable, no fluctúa ni se altera por las subidas de precios”, señala. El mercado español, en cambio, sigue siendo más sensible al precio. “Estos productos son más caros porque las producciones son más bajas y hay que sumar los gastos de certificación, que son importantes”. Además del consumidor doméstico, la hostelería ocupa un lugar relevante en el proyecto. Legumbres Baena ofrece legumbres a granel y formatos adaptados a distintos perfiles. “La hostelería es un nicho de mercado importante y hay que tenerlo muy en cuenta” , apunta Baena Serrano, que no se refiere solo a restaurantes, sino también a empresas de catering que elaboran comidas para colegios, hospitales u otros centros colectivos. Un sector en el que cada vez se valora más el origen y la calidad del producto. “Cada vez es mayor el interés por productos de calidad, de cercanía y, por supuesto, se tiene muy en cuenta el origen”. En ese camino, el apoyo del sector hostelero local tiene un significado especial. “¿Te gustaría que te valoraran en tu tierra? ¿A quién no?”, responde cuando se le pregunta por la importancia de que bares y restaurantes apuesten por producto de la provincia. Una reflexión sencilla que conecta directamente con el sentimiento de orgullo andaluz. Hablar de legumbres es también hablar de salud y de memoria culinaria . “Es cierto que desde hace décadas vamos con mucha prisa y, en general, se come peor”, reconoce Baena Serrano, recordando aquel dicho popular: “Se murió la abuela y se tiró la olla”. Sin embargo, observa un cambio de tendencia: “Últimamente se aprecia una valoración mayor de los sabores de la cocina tradicional, no solo entre quienes ya peinamos canas, sino también entre las nuevas generaciones, que incluso se atreven a fusionarlos con la cocina de vanguardia”. El sector no está exento de retos. Frente a la industria de los ultraprocesados, la competencia es desigual. “Las legumbres son un producto básico, barato y con márgenes muy ajustados frente a una industria alimentaria con márgenes millonarios ”, afirma. Una industria capaz de imponer mensajes y hábitos de consumo que poco tienen que ver con la salud. Para Baena Serrano, la clave está en la educación: “El consumidor debería estar bien informado para poder elegir con buen criterio entre alimentos rápidos ultraprocesados y alimentos saludables”. Pese a todo, el gerente de Legumbres Baena percibe un cambio en el consumidor. “Creo que sí, que el consumidor está dispuesto a pagar un poco más por un producto de calidad, sostenible y de cercanía”, afirma, señalando que el crecimiento de la gama ecológica así lo demuestra. El mensaje final es claro, directo y sin artificios. “Comer legumbres es volver a comer de verdad”, resume. Un alimento “económico y nutritivo, que cuida de tu salud y de la salud de la tierra que te da de comer”. Desde la campiña cordobesa, Legumbres Baena sigue demostrando que tradición e innovación no solo pueden convivir, sino reforzarse mutuamente. A esa reflexión de largo recorrido se suma una cuestión clave para el futuro de la empresa: el relevo generacional. En el caso de Legumbres Baena, no es un asunto sencillo. “En mi caso no es una cuestión fácil, ya que no tengo posibilidad de continuidad a través de mis hijos”, reconoce Francisco Baena Serrano. Ante este escenario, las opciones están claras y no se esquivan: “Las opciones que barajamos son encontrar una persona con la preparación adecuada para ejercer como gerente o vender la empresa ”. Un horizonte abierto que plantea, sin dramatismos pero con realismo, el reto al que se enfrentan muchas empresas agroalimentarias ligadas al territorio cuando llega el momento de la jubilación.