¿A qué se refería Platón con "La felicidad no brota de la razón sino de la imaginación"?
Aunque Platón nació en Atenas en el siglo V a. C., sus enseñanzas y reflexiones han trascendido la barrera del tiempo y siguen vigentes en nuestros días. Este filósofo, discípulo de Sócrates, consagró su vida a reflexionar sobre la justicia y el conocimiento. El concepto de "felicidad" ha preocupado al ser humano desde siempre, dedicando a veces incluso demasiados esfuerzos en la persecución de un objetivo tan etéreo.
La 'felicidad' es una suerte, una clase de bienestar difícil de definir, muy distinta dependiendo de los criterios de cada persona. Los valores y prioridades condicionan la forma en la que entendemos y experimentamos la realidad. Sin embargo, algunos pensadores como Platón trataron de darle un enfoque más racional y universal a la idea de 'felicidad', extendiendo el entendimiento entre personas.
Platón: "La felicidad no brota de la razón sino de la imaginación"
Para Platón, la felicidad (o 'eudamonía') no viene dado ni por placeres inmediatos ni por decisiones racionales tomadas por una persona. Este estado de ánimo, para él, no es provocado por las riquezas, la fama o el sexo; ni tampoco por una reflexión consciente acerca de existencia y situación vital de uno mismo. Este pensador fue más allá, y creía que solo mediante un proceso de elevación interior se puede alcanzar aquello llamado 'felicidad'.
Según el filósofo griego, esta idea es el resultado de llevar un vida orientada hacia lo que define como 'el Bien', es decir, una Idea suprema que impulsa el alma desde lo sensible hacia lo eterno. Esta fuerza nacería de la imaginación: de una imagen, de un deseo de algo que aún no se posee, de una forma superior de vida que se quiere alcanzar. Solo la imaginación del ser humano permite concebir una forma de vivir más justa y plena.
Al crear una visión ideal del bien en su mente, las personas obtienen así una aspiración concreta y universal hacia la que orientar toda su vida y su esfuerzo. Platón creía que, sin esa capacidad humana para imaginar 'el Bien', la razón no tendría una guía ni un lugar hacia el que dirigirse.
Este filósofo recurría en muchas ocasiones a mitos (como el de la caverna o el del carro alado del alma) porque creía que hay verdades que no se pueden alcanzar simplemente con el razonamiento discursivo, sino que necesitan imágenes y símbolos y narraciones para ser tanto comprendidas como vividas.
Es decir, que no basta con saber qué es el bien, sino que también es necesario imaginarlo, desearlo y reconocerse en esa idea como verdad. Quien trate vivir guiándose únicamente por la razón o por la utilidad es muy probable que no alcance nunca la felicidad. Una persona que razone correctamente y tome decisiones lógicas puede sentir que su vida está vacía, sin sentido o entusiasmo.
La imaginación es la clave: lo único que conecta el conocimiento con la experiencia vital. Es aquello que convierte la idea propia de 'el Bien' no solo en correcta, sino también en deseable. Por lo tanto, Platón con esta frase defendía que la felicidad no se demuestra, sino que se construye interiormente. No se trata de saber más, se trata de imaginar mejor para tender un puente entre el conocimiento y la vida plena.
