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Cuba también sobrevivirá al «tiro de gracia» trumpiano

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Una nueva celada, que considera será la final, ensaya contra Cuba la nación más rica y poderosa del mundo por su economía y por su fuerza militar, la que desde el mismísimo emerger de la Revolución Cubana mostró sus garras cortándonos la cuota azucarera, eslabón primero de un bloqueo que paso a paso fue ahondando hasta cerrarnos todas las actividades económicas, comerciales y financieras, no solo las bilaterales, también impidiéndolas con otros países, en una ejecución extraterritorial. 

La amenaza de reducir la cuota azucarera —principal entonces y prácticamente único sustento económico del país— ya había sido enarbolada tan temprano como el 11 de junio de 1959, para intentar que no tuviera aplicación  la Ley de Reforma Agraria decretada en mayo de ese año por el Gobierno Revolucionario. Entonces también amenazaron con prohibir la inversión privada norteamericana y eliminar toda ayuda económica, si eran nacionalizadas propiedades estadounidenses sin una rápida compensación. 

Fue el republicano Dwight Einsenhower quien el 6 de julio de 1960 rompió el acuerdo comercial de 1934 que establecía la compra de una cuota de azúcar a la Isla, lo que se sumó a un extenso plan terrorista de la CIA en el que se destacó la voladura, el 4 de marzo de aquel mismo año, del vapor francés La Coubre, con su carga de armas para el Ejército Rebelde provenientes de Bélgica, acuñando con sangre cubana de al menos un centenar de muertos y más de 400 heridos, muchos de ellos mutilados, la guerra que no han dejado de hacernos.

Al mismo tiempo, las firmas estadounidenses que operaban en Cuba interrumpieron el suministro de petróleo y su procesamiento y limitaron las exportaciones. El general Eisenhower dejaba una herencia de hostigamiento que no ha cesado, además de romper las relaciones diplomáticas el 3 de enero de 1961, a escasos días de expirar su mandato.

Ahora, 66 años después de aquellas agresiones primarias, el gigante de las siete leguas, haciendo alarde de un paso furibundo, que acompaña con una invitación embaucadora, asegura que nos perdonará la vida si aceptamos la concesión política suprema de renunciar a nuestra soberanía e independencia.

Donald Trump, el brutal presidente que quiere desgobernar el mundo, y sus secuaces encabezados por el despreciable Marco Rubio, hacen el convite. Y la respuesta desde la pequeña y resiliente Cuba llega con palabras de Fidel, vigentes siempre:

«Nosotros estamos dispuestos a resistir digna y abnegadamente los años que sean necesarios el bloqueo imperialista. Si otros transigen, si otros se dejan sobornar, si otros traicionan, Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de una revolución que no claudica, que no se vende, que no se rinde, que no se pone de rodillas».

 En estos términos imperecederos, reside la esencia de lo que el régimen de Donald Trump quiere definitivamente aniquilar con la reciente orden de cerrar de manera total el paso al vital petróleo luego de haberlo intentado casi todo: el ejemplo de un pueblo que ha resistido durante casi siete décadas a la infamia del mal vecino que no ha logrado aislarnos, ahogarnos e inmovilizarnos.

Este es el más reciente acto de la feroz hostilidad que le es habitual contra un pueblo justo, humano y solidario, en una cadena de atroces leyes, medidas, órdenes que forman el entramado del sostenido bloqueo económico integral, donde los códigos básicos partieron de la Ley de Asistencia Exterior de 1961, que autorizó al Presidente de EE.UU. a establecer y mantener un «embargo» total al comercio con Cuba y a prohibir el otorgamiento de cualquier ayuda al Gobierno cubano; y de la aún vigente Proclama Presidencial 3447, emitida el 3 de febrero de 1962 por el presidente demócrata John F. Kennedy, que decretó el bloqueo  total del comercio entre EE.UU. y Cuba, en cumplimiento de la sección 620.a de la Ley de Asistencia Exterior.

Con el decurso de los acontecimientos y la determinación cubana de crecer y desarrollarse con total independencia y en beneficio del pueblo en una sociedad más justa, sucesivos residentes de la Casa Blanca intensificaron las agresiones y fueron añadiendo leyes, aplicadas con todo rigor, al acoso del bloqueo. 

Esa sarta de acciones legislativas que enriquecieron con centenares de órdenes ejecutivas, decretos y medidas fueron construyendo operaciones de muy diverso pelaje, extensión y propósitos para tratar de aislar y someter a Cuba, en las cuales el espectro político estadounidense de origen  cubano ejercitó su influencia para proyectar una actuación anticubana extrema, fundamentalmente legisladores del Partido Republicano, aunque ese odio intrínseco a la pequeña nación que se  ha enfrentado al imperio prevalece por igual entre los demócratas.

Cuba tiene derecho a vivir sin un bloqueo extenso e intenso que marca la línea entre la vida y la muerte. Un cerco que impacta a todos los segmentos de la población —en especial a los más vulnerables, la infancia y la ancianidad—, y a las más variadas esferas de la sociedad y que hasta ahora no se había aplicado con tal crudeza contra alguna otra nación. 

Una vez más decimos con Fidel: «...afrontaremos los riesgos que sean necesarios cuanto tiempo sea necesario; afrontaremos los sacrificios que sean necesarios, cuanto tiempo sea necesario. Porque nosotros asumimos las responsabilidades plenas de nuestra conducta, de nuestra historia, de nuestra Revolución». 

Conociendo el genocidio

Sucesivos residentes de la Casa Blanca intensificaron las agresiones y fueron añadiendo leyes, aplicadas con todo rigor, al acoso del bloqueo

 

  • Ley para la democracia cubana o Ley Torricelli 

Promulgada por el presidente republicano George H. W. Bush el 23 de octubre de 1992, en plena campaña electoral, prohíbe a las subsidiarias de compañías estadounidenses en terceros países comerciar bienes con Cuba o nacionales cubanos. Prohíbe a los barcos de terceros países que toquen puerto cubano entrar a territorio estadounidense en un plazo de 180 días, excepto aquellos que tengan licencia del Secretario del Tesoro.

 

  • Ley Helms-Burton

Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas o Ley Helms-Burton fue firmada y puesta en vigor el 12 de marzo de 1996 por el demócrata Bill Clinton. Mediante ella se codificaron las disposiciones del bloqueo, ampliando su alcance extraterritorial, con la imposición de sanciones a directivos de empresas extranjeras que realicen transacciones con propiedades estadounidenses nacionalizadas en Cuba y la amenaza de demandas en tribunales de EE. UU. por igual motivo.

 

  • Sección 211 de la ley de asignaciones suplementarias y de emergencia para el año fiscal 1999

Promulgada durante el segundo mandato de Bill Clinton,
prohíbe el reconocimiento por los tribunales estadounidenses de los derechos de empresas cubanas sobre marcas asociadas a propiedades nacionalizadas, otra clara violación de regulaciones comerciales internacionales.

 

  • Ley de reforma a las sanciones comerciales y amplicación de las exportaciones (2000)

Autorizó la exportación de productos agrícolas a Cuba, condicionada al pago en efectivo, por adelantado y sin financiamiento de EE.UU. Prohibió los viajes de estadounidenses con fines turísticos a Cuba.

 

  • Ley de comercio con el enemigo (1917)

Su sección 5.b delegó en el máximo jefe del Ejecutivo la posibilidad de aplicar medidas coercitivas en tiempo de guerra o en cualquier otro período de emergencia nacional y prohibió el comercio con el enemigo o aliados del enemigo durante conflictos bélicos. 

 

  • Ley de asistencia exterior (1961)

Promulgada por John F. Kennedy: Autorizó al Presidente de EE. UU. a establecer y mantener un «embargo» total al comercio con Cuba y prohibió el otorgamiento de cualquier ayuda al Gobierno cubano. Establece que los fondos del Gobierno de Estados Unidos destinados a la ayuda internacional y entregados a los organismos internacionales no podrán ser utilizados para programas relacionados con Cuba.

 

  • Proclama presidencial 3447

Emitida el 3 de febrero de 1962 por el presidente John F.
Kennedy, decretó el «embargo» total del comercio entre EE.UU. y Cuba, en cumplimiento de la sección 620.a de la Ley de Asistencia Exterior, por tanto, fue la que estableció oficialmente la política de bloqueo.

 

  • Regulaciones para el control de activos cubanos del Departamento del Tesoro del 8 de julio de 1963 

Estipularon el congelamiento de todos los activos cubanos en EE.UU.; la prohibición de todas las transacciones financieras y comerciales, a menos que fuesen aprobadas por una licencia; la prohibición de exportaciones cubanas a EE.UU.; la prohibición a cualquier persona natural o jurídica de EE.UU. o terceros países de realizar transacciones en dólares estadounidenses con Cuba; entre otras disposiciones.

 

  • Ley para la administración de las exportaciones (1979)

La Sección 2401.b (1) «Control de la Seguridad Nacional», «Política hacia determinados Estados», establece la Lista de Control del Comercio, en la cual el Presidente de EE.UU. mantiene a un número de países a los que se les podrán establecer controles de exportación especiales por consideraciones de seguridad nacional. Cuba está incluida en el listado de regulaciones que data del Gobierno de Jimmy Carter.