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Marco García Falcón: “No me interesaba mostrar la infidelidad como deporte o pasatiempo”

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En el panorama de la narrativa peruana del siglo XXI, Marco García Falcón es uno de sus principales exponentes. Su cuentario París personal (2002) y sus novelas El cielo de Capri (2007), Un olvidado asombro (2014), Esta casa vacía (2017) y La luz inesperada (2019) han recibido atención tanto de la crítica como de los lectores. A mediados de 2025, García Falcón presentó su última novela, Mañana te escribo (Revuelta). En este proyecto, García Falcón nos presenta una historia de amor, la cual nace en las redes sociales. Pero sus protagonistas, Mariano y Paula, son personas casadas. Dicho así, se trataría de un relato más; pero nuestro autor le saca la vuelta al lugar común de la infidelidad para forjar un discurso que explora las profundidades y contradicciones de las emociones de sus personajes. Mañana te escribo es un libro que confronta al lector. La República conversó con Marco García Falcón.

-Mañana te escribo es tu sexto libro y es también tu quinta novela. Creo que esta es la novela en donde abordas, bajo lo que conocemos como madurez emocional, el tópico de toda tu poética: el amor. ¿Coincidimos?

-Sí, es verdad. El amor y el arte atraviesan todo lo que escribo. La vida es impermanente y, si la miras de cerca, está hecha de absurdo, de sinsentido. El amor y el arte nos dan una sensación de trascendencia y de que las cosas no ocurren por mero azar, sino que responden a cierta causalidad, a una lógica posible. Subrayo que es una impresión, puede ser falsa, pero es una ilusión que necesitamos para vivir, o sobrevivir.

-Mariano y Paula se enamoran mediante las redes. Pero jamás apelas a la estructura del chat para dar verosimilitud. Esto hace que la novela tenga una universalidad y no dependa su desarrollo del andamiaje virtual. Se puede desarrollar en cualquier época.

-Fue deliberado. Las marcas de modernidad tecnológica se agotan rápido. Lo quehace unos años parecía muy moderno hoy es normal o incluso antiguo. Me interesa ser clásico en el mejor sentido, es decir, que una obra resista el paso del tiempo porque sigue diciendo algo significativo, por la solidez de su forma, por su precisión o sus capas de sentido. Nada de eso se vincula con el formato del chat.

-Algo que me resulta necesario preguntarte es lo siguiente: me consta que tienes muchos lectores, buena crítica y un Premio Nacional de Literatura por tu novela Esta casa vacía (2017). ¿Por qué no estás en una de las dos editoriales grandes siendo un autor con muchísimos méritos?

-No estoy del todo seguro de la razón. Hubo acercamientos en distintos momentos. Una de esas editoriales aceptó mi primer libro, París personal, con un informe de lectura muy favorable, pero finalmente me dijeron que no tenían presupuesto. Años después presenté otro manuscrito y no obtuve respuesta. Con otra hubo interés en reeditar mi primer libro, aunque no llegamos a un acuerdo. Las editoriales que sí me han publicado me buscaron, apostaron por mi trabajo y me permitieron encontrar lectores, algo que agradezco sinceramente. No me cierro a ninguna posibilidad. Creo que lo decisivo es la convicción con la que una editorial acompañe a un autor.

"Mañana te escribo". Imagen: Difusión.

-La novela toca un tema universal: la infidelidad. Pero tú les das un giro al tratamiento habitual. Son infieles, pero los protagonistas se quieren. Este aspecto saca del lugar común al tratamiento que se hace de la infidelidad, en el que tiene que haber contacto físico para ser tal.

-No me interesaba mostrar la infidelidad como deporte o pasatiempo. Quería explorar qué ocurre cuando dos personas adultas, con vidas ya construidas, descubren una conexión inesperada que les remueve todo. No pienso el amor como salvación ni como dominio, sino como un espacio de vulnerabilidad, deseo y transformación. Creo que todavía hay algo valioso en contar historias donde el amor -no el perfecto, que no existe, sino el que te pone en jaque- nos obliga a mirarnos de otro modo. En un mundo donde los vínculos tienden a volverse fugaces y funcionales, escribir sobre una relación que implica riesgos, dudas y contradicciones puede ser también una forma de desafiar al cinismo.

-Tus personajes, y ahora con Mariano y Paula, no dudan en entregarse a la intensidad del amor. Este factor me ha parecido llamativo en Mañana te escribo, el cual diferencia a la novela de otras en donde la vulnerabilidad del amor no está bien representada. ¿En ello crees que influyen las redes sociales que suelen presentar un mundo idealizado?

-Como dices, en las redes sociales tendemos a exhibir lo mejor de nosotros mismos; y si no lo tenemos, lo inventamos. La literatura, en cambio, permite ver lo que queda fuera de ese simulacro: las fisuras, las dudas, las zonas frágiles. El amor, en ese sentido, es profundamente perturbador y ahí tenemos un territorio fértil para la ficción. Un vínculo como el de Mariano y Paula está en ese límite: es contradictorio, excesivo, desordenador. Por eso resulta necesario narrarlo, porque expone la fragilidad.

-Tienes una trayectoria muy saludada. ¿Cómo llevas el reconocimiento?

-Entiendo el reconocimiento como el aprecio que me pueden tener ciertos lectores y mis alumnos. Es algo que alegra, por supuesto, y que anima a seguir. Ahora, la escritura ocurre en soledad, con dudas, con ensayo y error, y en ese espacio el reconocimiento sirve de poco. Escribir es tener fe en algo que todavía no existe, en lo que está por venir.

-En tu experiencia, ¿es posible sacar cosas buenas de una mala crítica?

-Sí, a veces. Una mala crítica puede hacerte mirar tu libro desde un lugar que no habías considerado, incluso si no estás de acuerdo con lo que dice. No todas sirven, desde luego, pero cuando hay una lectura honesta, incluso el desacuerdo puede ser productivo. También puede recordarte que un libro deja de pertenecerte en cuanto empieza a circular y que cada lector arma su propia versión de lo que escribiste. Cuando uno escribe está medio ciego o medio sonámbulo; los lectores vienen a decirte qué has hecho.

-Siempre se ha destacado tu prosa, la tersura de la misma. ¿Qué Ribeyro es el que más frecuentas? Julio Ramón Ribeyro es una clara influencia para ti.

-Ribeyro es clásico en el sentido que he mencionado y entre sus temas están la grisura de la vida, el absurdo de la rutina, las pequeñas derrotas que van cimentando una personalidad y un destino. Eso me gusta, sin duda, pero el Ribeyro que me es más afín es el epifánico, el de los fogonazos en la oscuridad y que, justamente, están vinculados con el amor y el arte. “Silvio en El Rosedal” y muchos textos de Prosas apátridas y de sus diarios condensan magníficamente todo eso.

Marco García Falcón: "Soy de los que buscan la máxima claridad, pero con una riqueza de fondo". Foto: Difusión.

-¿Con qué obra de autor latinoamericano te sientes identificado o influenciado? Noto lazos con el chileno Alejandro Zambra en tu poética.

-Sí. Zambra es, para mí, un referente. Tiene una prosa muy sobria y precisa, donde la emoción aparece sin necesidad de subrayados. Trabaja la memoria, los afectos y la vida cotidiana desde lo mínimo, con una atención especial a lo sugerido. Sus personajes siempre están tratando de entenderse a sí mismos, más que haciendo grandes gestos. Por ahí siento que voy yo también.

-Tu estilo es muy celebrado. Hasta hay un debate sobre en qué escritor recae la mejor prosa de la narrativa peruana del siglo XXI. Tú siempre estás en el bolo. ¿Es más difícil ser claro en la escritura? Esta es una pregunta ya para el profesor, ya que igualmente formas a escritores.

-Soy de los que buscan la máxima claridad, pero con una riqueza de fondo. Me imagino la escritura como un lago de aguas transparentes, en el que se puede ver todo lo que hay abajo. Lo contrario, para mí, es cuando hay mucha hojarasca en la superficie y en el fondo encuentras poco. Lograr esa claridad exige mucho trabajo: borrar lo innecesario, abandonar la pretensión e ir hasta el hueso. Natalia Ginzburg, por ejemplo, logra eso. Parece que te está contando algo de la forma más simple, pero lo que te dice se abre en varias direcciones y te toca en distintos niveles, y solo después te das cuenta.

-Tú lo sabes: para hacer literatura, escribir bien no basta (eso es lo básico). La literatura tiene que remecer de alguna manera, transmitir, confrontar. Mañana te escribo lo consigue.

-Una historia así nos lleva a preguntas incómodas: ¿cuánto de nosotros queda fuera de los pactos conyugales?, ¿qué sucede con lo que callamos, con lo que postergamos o reprimimos?, ¿qué hacemos cuando la lealtad a uno mismo entra en conflicto con la lealtad hacia los demás? La literatura sigue siendo uno de los pocos lugares donde todavía podemos decir la verdad; y eso, ahora, es más necesario que nunca.

-Sé que eres un gran lector y que has leído mucho a Mario Vargas Llosa. ¿Qué te gustó más de él?

-Vargas Llosa es un escritor enorme. Lo que más me conmueve de él es ese muchacho que hizo lo imposible por ser escritor. Sus esfuerzos y su determinación por abrirse paso en el mundo de la literatura deben de ser una de las cosas más memorables que hay. Creo que la de Vargas Llosa quedará como una manera intensa y hermosa de abrazar y sostener una vocación.

-Pregunta difícil: ¿sientes que tu obra dialoga con la de algunos compañeros generacionales?

-Mis temas y estilo van por otro lado, pero a mí me gusta mucho lo que logran Katya Adaui en Quienes somos ahora y Gabriela Wiener en Huaco retrato. Allí hay una desnudez extrema y una verdad emocional con las que yo me siento identificado.