Amasijos éticos
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La actualidad de los últimos días ha estado tristemente marcada por los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida, que se han cobrado demasiadas vidas. La polémica posterior –en torno a la investigación y a la asunción, o no, de responsabilidades– sigue todavía sin resolverse y apunta a debates con tono muy bronco. Alberto García Reyes, director de ABC Sevilla, explica que, en un primer momento, «la localización del descarrilamiento hizo que hasta las primeras horas del lunes la noticia se cubriera desde la delegación de ABC en Córdoba, y posteriormente se envió un equipo desde Sevilla que ya trabajó en coordinación con la redacción en Madrid». El esfuerzo realizado por la redacción en este caso, señala, «tiene en cuenta que en una noticia de este calado el problema es que en las redes sociales circulan muchas informaciones de manera muy rápida y no siempre contrastadas», lo que «nos obliga a atender tanto a la urgencia de los lectores por saber qué ha pasado como al rigor histórico de la cabecera». Esta velocidad, unida al alcance de la tragedia de Adamuz , que iba agrandándose poco a poco, propició algunas imprecisiones. En uno de los primeros artículos que indagaba sobre las causas, investigan si la vía reventó por una pieza que arrastraba el tren Iryo e hizo palanca en el descarrilamiento de Adamuz, se hablaba de un «choque frontal» entre ambos trenes, dato que fue señalado como erróneo por varios suscriptores de la edición digital. En cuanto la redacción fue consciente, procedió a corregir el texto para que pudiera cumplir con el rigor exigido por los lectores. Sin embargo, para García Reyes «lo que más ha contribuido al ruido en este caso ha sido la información oficial, que era confusa. Nos ha resultado más difícil de cubrir que entender el motivo del accidente», pese a lo cual considera que «nuestro trabajo ha estado a la altura». Solo unas horas después, la cobertura del accidente del tren de cercanías en Gelida, suscitó una queja por parte del lector José Manuel Araluce. En su mensaje se refiere «a la portada del ABC de ayer, miércoles 21 de enero. En la fotografía que ilustra el accidente del tren (…) se aprecia con toda claridad, entre el amasijo de hierros, el cuerpo del pobre maquinista que murió. (…). Me parece un detalle de muy mal gusto, impropio de ABC, y una falta de respeto hacia la víctima y sus allegados». Para el lector, «las noticias pueden ilustrarse con imágenes crudas, lúgubres, impactantes (incluyendo muertos, por supuesto). Pero la composición de esta imagen concreta, incluyendo el innecesario regodeo posterior en el pie de foto, me parece que va más allá de lo aconsejable, por mucho que se haya pixelado el rostro». Txema Rodríguez, editor gráfico de ABC, considera que «la reacción del lector es normal y habitual cuando se publican imágenes con potencial de traspasar algunos límites éticos». Para Rodríguez «es importante recordar que la noticia era que había fallecido el maquinista, y el equilibrio entre contar lo que había pasado y evitar herir sensibilidades puede ser complicado». Por eso, explica, en esta ocasión –como en otras similares– «la decisión de publicar la imagen fue muy debatida para asegurar la opción correcta». Rodríguez también señala que «resulta llamativo que nos importen tanto estas imágenes cuando se trata de un evento cercano, y en cambio no cuando refieren a desgracias o tragedias en lugares lejanos». No obstante, entiende que en este caso hay que tener en cuenta «el clima de hipersensibilidad al suceder este accidente tan cerca del de Adamuz ». Tragedias como estas hacen más relevante que nunca la labor periodística que busca aclarar lo que ha pasado y aportar al lector claves de comprensión. Cuando el contexto está especialmente sensible por el coste en vidas humanas de estos accidentes, el rigor es más necesario que nunca, y esto incluye corregir con rapidez los errores conforme la información se aclara. La dureza de la imagen del accidente de Gelida confirma, como señala Txema Rodríguez, que «la fotografía tiene un poder especial y puede ser más perturbadora que una imagen en movimiento» y, por tanto, ese debate previo a su publicación es un requisito ineludible y hay que valorar con especial exquisitez su valor informativo y su pertinencia.
