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Январь
2026

‘Hamnet’: el corazón del corazón humano

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Desde que Hamnet irrumpió de modo casi inadvertido en los Globos de Oro fue fácil prever que sería nominada al Oscar. Así se anunció el 22 de enero. La película trasciende el ejercicio de reconstrucción de época y retoma la novela de Maggie O’Farrell para entrar en la familia de Shakespeare y enterarnos de un hijo muerto que termina por volverse, gracias al arte material del cine, en meditación sobre duelo y trascendencia.Revisemos esta idea: que toda representación es, ante todo, representación de un duelo. Así afirma Sontag: que es la falta la que produce el deseo de crear. La pérdida de un hijo (ese dolor que no tiene nombre) es, en la película de Zhao, la falta que catapulta a la creación de aquella famosa obra del “ser o no ser” que deberíamos situar, como en la película Hamnet, en un todo de gestos, miradas y silencios que, lejos de resignarse a ser bellos, descolocan al espectador que se identifica con Agnes la esposa de Shakespeare. Jessie Buckley, intérprete de esta mujer ganó el Globo de Oro a mejor actriz por este papel y ella, en efecto, consigue representar a una madre quebrada y que, además, tiene que cuidar al frágil bardo con el que se casó. Ella pareciera representar al habla, al sonido y Shakespeare, novedosamente, al silencio. En esto estriba el primer signo que es necesario rescatar de esta película, que más allá de todo romanticismo nos presenta a un genio tan callado y meditabundo que uno entiende por qué pudo escribir tanto.Chloé Zhao, quien ya ganó un Oscar por la película Nomadland del 2020 consigue en Hamnet entrar en lo que llama Shakespeare en el acto III de Hamlet, el corazón del corazón humano; el corazón de esta madre rota y de un padre que ha escrito, extrañamente, la historia de un hijo obsesionado por la muerte de su padre. El filme goza de una economía visual que invita a comprender el dolor, pero no como espectáculo sino como revelación: ¿qué se hace ante la muerte?Una vez que Zhao ha llegado aquí, poco importa que la historia suceda en la Inglaterra del siglo XVI, que la peste haya arrasado Europa. Agnes somos nosotros, cualquiera que haya experimentado un duelo, el vacío que aquí se vuelve imagen sobria y contemplativa que hace bajar a Shakespeare del pedestal de la pedantería para enseñárnoslo vulnerable, sujeto a una vida familiar que podría ser la de cualquier otro.En fin, que, ante la narrativa del cine de cartelera, el de emociones rápidas que hacen del trauma un espectáculo, Hamnet retoma a un personaje agigantado para proponernos algo inusual: paciencia. Paciencia para mirar, para contemplar los espacios íntimos; paciencia para abrirse a lo que, de todas formas, no puede ser comprendido nunca y que, sin embargo, a todos nos toca: qué hacer ante la muerte. Hamnet nos introduce, para ello, en tres líneas temporales que se entrelazan: el duelo en Stratford-upon-Avon, los flashbacks del cortejo y el matrimonio de la pareja y escenas paralelas de Shakespeare en Londres. El enfoque elíptico pone a la experiencia material (la fotografía, la música, la actuación) por encima de la cronología del dato anecdótico que espeta que Shakespeare tuvo que sobrevivir a un hijo muerto.La escena inicial es en sí misma gran arte: cuatro minutos sin diálogo que amplifican el sonido de los pasos, el viento y la respiración. Lo sabemos pues, desde el principio: estamos ante una partitura minimalista que nos conduce a la vida de un hombre tan grande que es difícil imaginarlo así, tan pequeño.¿Dónde ver Hamnet?La película de Chloé Zhao está disponible en salas de cine de Cinépolis, CINETOP, Cinemas WTC y en el servicio de streaming Apple TV.AQ / MCB