'Cronos', de Guillermo del Toro, regresa a Sundance, el festival que la salvó hace 30 años cuando "nadie la quería"
Antes de convertirse en el reconocido director de filmes como El laberinto del fauno, The Shape of Water y Frankenstein, Guillermo del Toro era un joven veinteañero que, con esfuerzo y el apoyo de la productora Bertha Navarro, logró filmar su primera película: Cronos. Aunque el filme ganó un premio en Cannes, fue ignorado hasta su estreno en el Festival de Cine de Sundance, en 1994.Para agradecer al festival fundado por Robert Redford, el director mexicano viajó a la última edición que se realizará en Park City para presentar una restauración de su ópera prima. Antes de la proyección, quiso dirigir unas palabras al público.“Tuve una pérdida en mi familia (murió su hermano) y he reflexionado mucho sobre a dónde voy y qué hago, pero tenía que volver. De muchas maneras, una gran parte de lo que soy nació aquí”, dijo antes de presentar la película.Contrario a lo que podría pensarse, conseguir el financiamiento de Cronos fue sumamente complicado, pues nadie creía en el proyecto.“Fue muy difícil hacerla, porque en ese entonces el Instituto Mexicano de Cinematografía no creía en ella. Cuando fue a Cannes, no tuvimos apoyo. Dormíamos todos en un solo departamento. Llevábamos unos cuantos pósters y un rollo de cinta adhesiva como presupuesto para promocionar la película allá. Y entonces la película ganó el primer premio que México obtenía en Cannes en 30 años, y pensé: ‘Ya lo logramos’. Pero nadie la quería. Fue hasta Sundance que la película pudo exhibirse, tener una reacción del público; generar interésen compradores, en agentes, y aquí fue donde la película, de alguna manera, volvió a nacer por segunda vez”, rememoró.Para el director, seguir celebrando un festival cuya misión es apoyar al cine independiente es hoy más importante que nunca.“Sabiendo que esta sería la última vez que Sundance se llevaría a cabo aquí, tenía que volver. Tenía que regresar y hablar con ustedes, porque muchos de los que hoyestán aquí quieren hacer cine, quieren contar historias. Y les diré algo muy breve antes de que vean la película: una carrera es lo que sucede mientras estás haciendo otros planes”, compartió.El camino que no planeóDel Toro recordó que cuando filmó esta película, a sus 26 años, su sueño no era hacer cine en el extranjero, sino en México. Sin embargo, la deuda que le ocasionó Cronos lo llevó a tomar un camino distinto.“Si habláramos con ese chico, él diría con total sinceridad: ‘Solo quiero hacer películas en México. Quiero hacer adaptaciones para la clase media, ambientadas en un entorno familiar, sobre los grandes mitos del terror. Quiero hacer una película sobre una familia de clase media que se enfrenta a vampiros; quiero hacer una sobre un hombre lobo; quiero hacer una historia de Frankenstein. Quiero centrarme por completo en la clase media, en el amor de una familia, y reinterpretar mi biografía a través de estos mitos; como en Cronos, que somos mi abuela y yo. Nunca habría buscado otra cosa; pero debía un cuarto de millón de dólares”, reveló.En ese entonces, Universal se acercó con la intención de ofrecerle realizar un remake de Cronos. A cambio, él propuso hacer otra película titulada El espinazo del diablo. Al no estar interesados, le ofrecieron entonces desarrollar un nuevo guion.“Pregunté: ‘¿Cuánto pagan?’ Y respondieron ‘Bueno, pagamos el mínimo. Son unos 70 mil dólares". Y me quedé como: ‘¿Qué? Un momento’. Y acepté. Empecé a desarrollar cosas que realmente me importaran”, platicó.Durante la charla en Sundance, el realizador también habló del momento en que corrió a comprar los periódicos para leer las reseñas de su película, solo para encontrarse con una noticia que acaparó por completo los reflectores.“Se proyectó en el New Directors/New Films Festival en Nueva York. En ese entonces ibas a medianoche al New York Times a esperar que salieran los periódicos al día siguiente. Comprabas uno, lo abrías y leías tu reseña. Y en la portada —justo en la edición donde estaría la mía— aparecía el asesinato del candidato presidencial de México. Sentí que el mundo se había terminado. Mi película había nacido, pero el mundo tal como lo conocía se había acabado”, confesó.Años después, logró terminar el guion de El espinazo del diablo y lo llevó a los laboratorios del Instituto Sundance, un espacio que apoya a cineastas y creadores de series en el desarrollo de sus historias. A través de residencias, mentorías y apoyos económicos, el instituto acompaña cada año a más de mil artistas, ofreciéndoles un entorno creativo donde los proyectos pueden crecer y afinarse antes de llegar al público.“Los laboratorios de Sundance ofrecían mucho más, porque en términos generales no les importaba si querías hacer cine no ir o una película de terror. No estaban en contra de nada, siempre y cuando tuvieras algo que decir. Eso es maravilloso”, enfatizó.Una infancia marcada por la fe y el terrorAl profundizar en las imágenes y decisiones visuales de Cronos, Del Toro habló de cómo su formación católica influyó de manera decisiva en su imaginario. Además, la película dialoga con un recuerdo más íntimo: la relación con su abuela y la tensión constante entre la fe, el miedo y la imaginación.“Creo que mi abuela solía decir: ‘No me gusta que leas todas esas cosas de terror’. Yo le respondía: ‘Bueno, entonces quítame la Biblia’. El Antiguo Testamento está lleno de decapitaciones, desollamientos, gente quemada viva sobre brasas, de todo. Ella solía poner corcholatas boca arriba dentro de mis zapatos para que sangrara por Jesús, y yo iba al colegio sangrando. Luego mi madre descubrió que mis calcetines estaban completamente cubiertos de sangre y eso se acabó. Todas las noches yo llamaba a mi abuela y le decía: ‘Nos vemos mañana, abuela’. Ella respondía: ‘Si me despierto’. Y diez minutos después yo volvía a llamar: ‘¿Todavía estás viva?’; y ella contestaba: ‘Por ahora’. Creo que la peor etapa de mi vida fue desde que nací hasta los siete años. El resto de mi vida he estado intentando recuperarme”, confesó entre risas.Del Toro amplió esa idea al hablar de cómo el horror fue, desde la infancia, una forma de entender el mundo. Crecer en México, dijo, tenía algo profundamente surrealista, y frente a eso, los monstruos resultaban extrañamente honestos. A diferencia de los adultos, no mentían ni disfrazaban la violencia: simplemente existían. “El horror, para mí, tenía sentido; como los monstruos. Nunca mienten. Y en la relación de la película, yo soy la niña y mi abuela es el abuelo”, explicó. “Pensaba en la muerte todo el tiempo cuando era niño. Tenía una pesadilla recurrente: mi padre subía a un tren y yo corría junto a él, lograba subir, y entonces me daba cuenta de que todos los pasajeros estaban muertos. Mi padre me decía: ‘Bájate, este es el tren de los muertos’, pero yo me quedaba con él y seguía el viaje. Luego despertaba. Fue algo muy macabro y luego me llevaron a un psicólogo. El psicólogo me dio un poco de arcilla y yo hice un esqueleto. Eso no salió bien”, recordó provocando las risas.Con los años —y tras pasar por terapia— encontró una explicación que lo marcó profundamente. “Alguien me dijo algo muy hermoso: cuando sufres violencia de niño—y yo la sufrí—, tus pies se desconectan del yang, de la tierra y empiezas a comunicarte directamente con el cielo; con las ideas, con los sueños, con las imágenes. Entonces buscas volver a la tierra a través de la oscuridad, los cementerios, la muerte. Y me pareció una explicación muy certera, porque para mí, eso me da estabilidad”, remarcó.Como parte de la programación especial, Sundance también reunirá a otros cineastas clave del cine independiente en funciones con invitados. Entre ellas destacan la proyección de Mysterious Skin, con la presencia del director Gregg Araki y Joseph Gordon-Levitt; Little Miss Sunshine, acompañada por los directores Jonathan Dayton y Valerie Faris, y parte del elenco: Abigail Breslin, Greg Kinnear, Toni Collette y Paul Dano; y Nouvelle Vague, que contará con comentarios en vivo del director Richard Linklater. También habrá una proyección nocturna de Saw, con James Wan y Leigh Whannell, reforzando el encuentro directo entre creadores y público que define al festival.jk
