China amenaza el dominio aéreo de Estados Unidos y espera fabricar 1.000 cazas furtivos con radares “invisibles”
Justin Bronk, investigador principal de poder aéreo del Royal United Services Institute (RUSI) de Londres, ha resaltado un cambio significativo en el equilibrio militar mundial: China se dirige hacia la creación de una flota de 1.000 cazas furtivos J-20, que estarán completamente operativos para el año 2030.
En su informe titulado The Evolution of Russian and Chinese Air Power Threats, RUSI señala que este importante aumento en la flota del Ejército Popular de Liberación (PLAAF) marcaría el fin del dominio exclusivo de Occidente en la tecnología de superioridad aérea.
Bronk asegura que, según las tendencias actuales, aquellas 1.000 cazas J-20/A/S estarán en servicio en la PLAAF para 2030. Esta concentración de aviones representa una amenaza que cambia por completo el panorama tradicional de superioridad aérea de Estados Unidos, lo que afecta las garantías de seguridad sobre Taiwán y el Mar de la China Meridional.
¿Por qué el J-20 representa una amenaza para EE.UU.?
El J-20, conocido como el "Dragón Poderoso", es el resultado de un enfoque que combina una aerodinámica avanzada y la "invisibilidad" ante el radar. Aunque al principio los analistas occidentales lo consideraron una simple copia de diseños extranjeros, con el tiempo su evolución ha demostrado que responde a las necesidades estratégicas y geográficas específicas de China.
Este avión emplea una configuración "canard-delta", que consiste en pequeñas alas delanteras móviles y grandes alas traseras en forma de triángulo. Esta configuración sacrifica parte de la reducción de su perfil de radar a favor de una mayor maniobrabilidad y sustentación. A pesar de este compromiso, los ingenieros de Chengdu Aircraft Industrial Group han logrado minimizar los efectos negativos mediante la optimización de su sección transversal para radar y el uso de recubrimientos absorbentes avanzados. El resultado es una plataforma capaz de operar con eficacia en entornos densos en defensa aérea.
Asimismo, el J-20 tiene una capacidad letal diseñada para ataques a largas distancias, no para combates cuerpo a cuerpo. Su fuselaje, más largo que el de sus contrapartes estadounidenses, alberga amplias bahías de armas que pueden ocultar misiles como el PL-15 y el PL-17. El PL-15, por ejemplo, cuenta con un buscador de radar activo (AESA) y un sistema de propulsión de doble pulso que le permite alcanzar objetivos a más de 200 kilómetros, superando el alcance de los misiles AIM-120 de Occidente.
La poderosa evolución del motor del J-20
La verdadera innovación técnica del J-20 radica en su transición de una plataforma de combate convencional a un centro de control aéreo avanzado. China ha desarrollado la versión biplaza J-20S, el primer caza furtivo de dos plazas en el mundo, donde el trabajo se divide de manera cognitiva: un piloto se encarga de volar y combatir, mientras que el otro coordina un enjambre de drones.
En ejercicios recientes, el J-20 ha operado junto al dron de ataque furtivo GJ-11, estableciendo una "red de muerte" distribuida. Según el analista militar Zhang Xuefeng, "el J-20 puede usar sus capacidades para dominar el espacio aéreo y despejar el camino para que el GJ-11 actúe", permitiendo que los drones actúen como escuderos robóticos que penetran las defensas antes de que lo hagan los pilotos humanos.
Para llevar a cabo estas operaciones de largo alcance, el J-20 ha tenido que superar su debilidad histórica: el motor. Después de depender inicialmente de los motores rusos Saturn AL-31, China dio un giro tecnológico en septiembre de 2021 al adoptar los motores turbofan nacionales WS-10C.
La mejora culmina con el motor WS-15, que proporciona al J-20 la capacidad de volar a velocidades supersónicas de manera eficiente, sin necesidad de usar los postquemadores, que consumen grandes cantidades de combustible. Esta mejora en la eficiencia térmica es esencial, ya que le permite al caza mantener un alcance de combate superior a los 2.000 kilómetros, lo que le permite amenazar bases estadounidenses como la de Guam sin depender de los aviones cisterna, que son más vulnerables.
Una Fuerza Aérea China que se repotencia
La ambición industrial detrás del J-20 es única en la era moderna. Mientras que la flota estadounidense de F-35 está dispersa entre varios países aliados, China ha logrado concentrar la producción del J-20 en una sola fuerza aérea. Con una producción anual de aproximadamente 120 unidades de las variantes J-20A y J-20S, el programa ha pasado de ser un proyecto experimental a una línea de producción masiva, lo que demuestra un avance significativo en la capacidad de fabricación del país.
Esta aceleración en la producción ha tenido un impacto notable en la flota operativa de China. En tan solo cinco años, la cantidad de cazas J-20 activos ha aumentado de 50 en 2020 a alrededor de 300 para 2025, distribuidos en más de 13 regimientos. Con un coste estimado entre 90 y 110 millones de dólares por unidad, el J-20 es económicamente accesible, lo que permite a China desplegar una cantidad de cazas que supera a sus competidores regionales en términos de volumen.
Mirando hacia el futuro, el programa J-20 no solo se detendrá en la producción masiva, sino que se integrará profundamente con tecnologías de inteligencia artificial. Se anticipa que los modelos futuros estarán equipados con sistemas de IA que servirán como asistentes para optimizar las decisiones durante los combates más allá del alcance visual. Esta evolución forma parte de una carrera armamentística global que ya apunta hacia los desarrollos de la sexta generación de cazas.
