La psicología confirma que las personas que envejecen mejor gestionan sus recuerdos así
Hay muy pocas cosas claras en esta vida. Que nacemos y nos morimos son dos de ellas. Entre esos dos acontecimientos hay, en el mejor de los casos, décadas y décadas de experiencias, sensaciones nuevas, amistades, amor, familia y todas esas cosas que nos consolidan como humanos y forman parte de nuestra historia. Crecemos, nos hacemos mayores y, aunque cada vez parezca más tabú, envejecemos. Y es que envejecer no es más que otra parte del proceso vital de cualquier ser vivo. Aceptar que nuestro cuerpo se va a llenar de arrugas e imperfecciones es difícil para algunos, pero en ocasiones centramos demasiado la atención en nuestro aspecto físico y desatendemos uno que sí debería preocuparnos: el mental y psicológico.
Cuando envejecemos, elegimos qué rumbo tomar. Algunos viven su vejez con alegría, ilusión y un brillo que nunca antes habían tenido. Otros piensan que están cerca de la muerte y que cualquier esfuerzo vital va a ser en vano. Este es quizás uno de los problemas más comunes entre las personas mayores. La idea de que nos queda poco tiempo en este mundo o que estamos mayores para hacer cosas es muy peligrosa y acaba repercutiendo en nuestra salud no solo mental sino física también.
¿Cómo manejamos nuestros recuerdos?
La memoria, el amor, el cuidado o el deporte son algunos de los temas más mencionados en lo que a la vejez se refiere. Sin embargo, hay un aspecto que pasa muy desapercibido en los análisis y que cada vez más estudios confirman su relevancia y es el tratamiento de los recuerdos. Después de una larga vida llena de ilusiones y decepciones, es normal recordar acontecimientos o momentos clave de nuestro pasado. En general, y por desgracia, los momentos malos son recordados con más frecuencia y facilidad. El arrepentimiento o el remordimiento son sentimientos muy presentes en la vejez. Recordamos aquellos errores que han cambiado nuestro destino, o nos han hecho daño.
Si eres alguien con tendencia a recordar las cosas malas, esta misión puede ser muy complicada, pero merece la pena intentarlo. En lugar de arrepentirnos de nuestro pasado, podemos darle otro enfoque, y aunque esta frase sea demasiado repetitiva y típica, la realidad es que "siempre podría haber sido peor", y en ocasiones una idea tan sencilla puede hacernos salir del bucle infinito de los malos recuerdos.
La nostalgia: un enemigo si no sabemos tratarla
Todos hemos escuchado a nuestros abuelos hablando de los "buenos tiempos" y de que "antes todo era mucho mejor". Este tipo de reflexiones, completamente normales a partir de cierta edad, pueden tener consecuencias muy negativas. No se trata de eliminarlas de nuestra vida porque la nostalgia es el reflejo de que hemos tenido una vida plena y digna de ser recordada, sino que es importante encontrar el equilibrio perfecto entre la experiencia y los recuerdos vitales y dar la oportunidad a crear nuevos.
Muchos mayores desprecian la actualidad, la modernidad, y rechazan la posibilidad de pasárselo bien. Es importante entender que los recuerdos deben usarse como puntos de referencia y no como un refugio, ya que sino estamos limitando nuestra vida y reduciéndola a un pasado que ya no va a volver.
La importancia de crear recuerdos nuevos
Una de las observaciones más repetidas en psicología del envejecimiento es esta: las personas que llegan a edades avanzadas con mayor bienestar no viven ancladas al pasado, sino que siguen creando recuerdos nuevos.
No se limitan a conservar lo que ya vivieron. Entienden que la memoria no es solo un archivo de experiencias antiguas, sino un proceso activo, en constante renovación, que influye directamente en cómo se percibe la vida y el paso del tiempo.
Las personas mayores que envejecen mejor tratan sus recuerdos como un jardín. No abandonan lo que ya creció, pero tampoco dejan de plantar. Siguen incorporando experiencias, conversaciones, aprendizajes y pequeños rituales cotidianos que dan lugar a memorias frescas.
