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Elecciones 2026: ¿Qué es la valla electoral y cómo funciona?

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Las elecciones generales 2026 están más cerca que nunca. En este tramo final, los peruanos estamos a poco más de tres meses de acudir a las urnas para elegir a las nuevas autoridades que conducirán el país durante el próximo quinquenio. Sin embargo, pese a la cercanía del proceso electoral, todavía existen aspectos del sistema que generan dudas entre la ciudadanía. Uno de los más relevantes —y también uno de los menos comprendidos— es la valla electoral.

Aunque se trata de un mecanismo recurrentemente mencionado en las conversaciones sobre elecciones, debates televisivos y análisis políticos, todavía son muchos los peruanos que no conocen con claridad qué papel cumple la valla electoral, cómo funciona y cuáles son sus efectos concretos en la representación política. En un escenario marcado por una histórica fragmentación partidaria, la desconfianza en las instituciones y la proliferación de organizaciones políticas, comprender este mecanismo resulta clave para ejercer un voto informado.

Por ello, La República pudo conversar con la vocería del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), organismo constitucional autónomo encargado de administrar justicia electoral y velar por la legalidad del proceso. A través de una serie de preguntas, la institución electoral explicó en qué consiste la valla electoral, cómo se aplicará en las elecciones generales de 2026 y qué implicancias tendrá para los partidos políticos y los electores.

¿En qué consiste la valla electoral y cómo funciona?

La valla electoral para la distribución de escaños es un mecanismo previsto en la legislación electoral peruana que establece un umbral mínimo de respaldo ciudadano que deben alcanzar las organizaciones políticas para acceder a representación parlamentaria. Su aplicación busca ordenar el sistema político y garantizar que quienes integren los órganos legislativos cuenten con una base mínima de legitimidad nacional.

En el Perú, este mecanismo se aplica exclusivamente para la elección del Congreso de la República y del Parlamento Andino. No incide en la elección presidencial ni en otros cargos subnacionales. Su diseño responde a la preocupación histórica por la fragmentación del sistema de partidos, fenómeno que se intensificó a partir de la década de 2000.

El propósito central de la valla electoral es evitar una atomización excesiva del Parlamento. Cuando el Congreso se compone de numerosas bancadas pequeñas, se dificulta la construcción de consensos, la formación de mayorías estables y el desarrollo de una agenda legislativa coherente. En ese contexto, la valla actúa como un filtro político-institucional.

Para las elecciones generales de 2026, este mecanismo se aplica bajo un marco institucional distinto, debido al restablecimiento del sistema bicameral. El Congreso volverá a estar conformado por una Cámara de Diputados y una Cámara de Senadores, lo que ha obligado a ajustar los criterios de validación de la valla electoral.

Según explicó la vocería del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), una organización política deberá cumplir dos requisitos simultáneos para acceder a la distribución de escaños: alcanzar al menos el 5% del número legal de miembros —es decir, 7 diputados o 3 senadores— y obtener, además, el 5% de los votos válidos a nivel nacional en la cámara correspondiente. Ambos criterios deben cumplirse de manera concurrente.

Este mismo umbral del 5% se aplica también para las elecciones al Parlamento Andino, aunque en ese caso la exigencia se limita al porcentaje de votos válidos a nivel nacional.

¿Mi voto se pierde si el partido no pasa la valla?

Desde una perspectiva estrictamente representativa, el voto emitido por un ciudadano a favor de una organización política que no supera la valla electoral no se traduce en representación parlamentaria. Es decir, esos votos no generan escaños ni permiten que los candidatos elegidos ocupen cargos en el Congreso o en el Parlamento Andino.

El Jurado Nacional de Elecciones ha sido claro al respecto. La exigencia de una mínima representatividad implica que los candidatos de partidos que no alcanzan la valla no acceden al cargo, aun cuando hayan recibido votos válidos. En términos legales y prácticos, dichos sufragios quedan excluidos del reparto de escaños.

Sin embargo, desde una perspectiva democrática más amplia, el voto no pierde completamente su sentido. El sufragio cumple funciones que van más allá de la asignación de cargos, como expresar afinidades ideológicas, respaldar determinadas agendas políticas o manifestar descontento con las opciones mayoritarias.

Además, los resultados electorales permiten medir el peso real de determinadas corrientes políticas dentro del electorado. Incluso si una organización no logra representación, el porcentaje de votos obtenido puede influir en debates públicos, futuras alianzas o reconfiguraciones del sistema de partidos.

Aun así, el sistema obliga a los electores a ser conscientes de las consecuencias prácticas de su decisión. Votar por partidos con escaso respaldo nacional puede no traducirse en presencia parlamentaria, lo que lleva a muchos ciudadanos a combinar convicción ideológica con cálculos estratégicos al momento de emitir su voto.

 

 

¿La valla es igual para todos los partidos?

Sí. La valla electoral se aplica de manera uniforme a todas las organizaciones políticas que participan en una elección. No existen excepciones ni tratos diferenciados en función de la trayectoria histórica del partido, su tamaño, su número de militantes o su presencia territorial.

Este principio de igualdad busca garantizar condiciones formales de competencia entre todas las agrupaciones. Desde la perspectiva normativa, todos los partidos compiten bajo las mismas reglas y deben alcanzar los mismos umbrales para acceder a la representación parlamentaria.

La legislación electoral peruana no contempla mecanismos de compensación para partidos nuevos o emergentes. Tampoco establece beneficios para organizaciones que hayan tenido representación previa en el Congreso. En ese sentido, cada proceso electoral supone un nuevo punto de partida para todas las fuerzas políticas.

No obstante, esta igualdad formal ha sido objeto de críticas. Diversos analistas sostienen que, en la práctica, la valla electoral favorece a partidos con mayor capacidad de financiamiento, estructura organizativa y visibilidad mediática, lo que puede dificultar el ingreso de nuevas opciones al Parlamento.

A pesar de estas críticas, el criterio se mantiene como uno de los pilares del sistema electoral. Para el JNE, la aplicación uniforme de la valla es una condición necesaria para preservar la estabilidad institucional y evitar una fragmentación que complique el funcionamiento del Legislativo.

¿La valla aplica también para la elección presidencial?

No. La valla electoral para la distribución de escaños no se aplica a la elección presidencial. El proceso para elegir al jefe de Estado se rige por reglas distintas, centradas en la obtención de mayoría absoluta y la eventual realización de una segunda vuelta electoral.

Esto significa que un partido puede no superar la valla parlamentaria y, aun así, su candidato presidencial puede competir en igualdad de condiciones frente a los demás postulantes. La legitimidad del Ejecutivo se define exclusivamente por el número de votos obtenidos en la elección presidencial.

Del mismo modo, es posible que un presidente electo asuma el cargo sin contar con una bancada propia o con una representación significativa en el Congreso. Este escenario ha sido recurrente en la política peruana reciente y ha generado tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La separación entre la lógica presidencial y la lógica parlamentaria responde al diseño del sistema político peruano. Mientras la Presidencia se define en función de mayorías electorales directas, el Congreso se estructura a partir de criterios de representación proporcional y umbrales mínimos.

Esta diferencia explica por qué la gobernabilidad no depende únicamente del resultado presidencial, sino también de la composición del Congreso. En ese sentido, la valla electoral tiene efectos indirectos sobre la relación entre ambos poderes del Estado.

¿Las alianzas también tienen que pasar la valla?

Sí. Las alianzas electorales están sujetas a los mismos requisitos que los partidos individuales para acceder a la distribución de escaños. La ley no establece umbrales diferenciados ni condiciones especiales para las coaliciones.

Una alianza electoral debe alcanzar al menos el 5% de los votos válidos a nivel nacional y cumplir con el mínimo de representación exigido en cada cámara. En términos legales, la alianza es considerada una sola unidad electoral para efectos de la valla.

Precisamente por ello, las alianzas suelen formarse como estrategias para superar este umbral. Al unir fuerzas, los partidos buscan sumar votos, ampliar su base electoral y reducir el riesgo de quedar excluidos del Parlamento.

En las elecciones generales de 2026, se han inscrito tres alianzas electorales. Estas son Unidad Nacional —integrada por el Partido Popular Cristiano (PPC), Unidad y Paz, y Peruanos Unidos: ¡Somos Libres!—; Fuerza y Libertad —conformada por Fuerza Moderna y Batalla Perú—; y Venceremos —compuesta por Nuevo Perú por el Buen Vivir y Voces del Pueblo—.

No obstante, formar una alianza no garantiza automáticamente superar la valla. Las coaliciones también deben lograr cohesión interna, presentar listas competitivas y captar un respaldo ciudadano suficiente para traducir la unión partidaria en votos efectivos.

¿Qué pasa si un partido no pasa la valla?

La consecuencia inmediata para un partido que no supera la valla electoral es la exclusión total de la representación parlamentaria. La organización no obtiene escaños ni en el Congreso ni en el Parlamento Andino, según corresponda.

Pero los efectos no se limitan al corto plazo. La legislación electoral establece que los partidos que no alcanzan el porcentaje mínimo exigido pierden su inscripción ante el sistema electoral, lo que implica su desaparición legal como organización política.

Al perder la inscripción, el partido queda impedido de participar en futuras elecciones, presentar candidatos o recibir financiamiento público. Para volver a competir, tendría que iniciar nuevamente el proceso de inscripción, cumpliendo con todos los requisitos legales vigentes.

Este mecanismo cumple una función de depuración del sistema de partidos, reduciendo el número de organizaciones activas y obligando a las fuerzas políticas a demostrar respaldo ciudadano real para mantenerse vigentes. De esta manera, la valla electoral no solo define la distribución de escaños en un proceso específico, sino que tiene efectos estructurales sobre el mapa político nacional, influyendo en qué partidos sobreviven, se fusionan o desaparecen del escenario electoral.