Before Sunrise, Sunset y Midnight: la trilogía de amor más bonita y sus rutas para pasear como sus protagonistas
Tres películas, tres ciudades europeas y una historia que se construye caminando
Para ubicarte en el mapa: las zonas de Viena que debes conocer antes de ir
Hay historias de amor que se explican con grandes gestos y otras que se sostienen solo con palabras, silencios y paseos. La trilogía Before pertenece a este segundo grupo. Y quizá por eso sigue funcionando tan bien. Porque no habla del amor ideal, sino del amor vivido a tiempo real, con sus entusiasmos, sus dudas y sus grietas.
Dirigida por Richard Linklater, protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy, esta trilogía convierte el acto de caminar en un lenguaje narrativo. Y convierte a las ciudades en testigos —y casi cómplices— de una relación que evoluciona con el paso de los años.
Before Sunrise: Viena antes de que salga el sol
Before Sunrise es el punto de partida de la trilogía Before y, para muchos, una de las historias románticas más honestas del cine contemporáneo. Jesse y Céline se conocen en un tren nocturno y deciden bajarse en Viena para pasar juntos unas horas antes de que él vuelva a Estados Unidos.
La película se construye a base de paseos. Caminan por calles céntricas, parques, cafés y zonas menos reconocibles de la ciudad. Hablan de la vida, del futuro, del miedo a no volver a verse. Viena no se muestra como un decorado turístico, sino como un espacio vivo que acompaña la conversación.
Una de las escenas más recordadas tiene lugar en la noria del Prater, la Riesenrad, donde comparten su primer beso. Es aquí donde Before Sunrise deja claro algo esencial: el tiempo es limitado y eso lo hace todo más intenso. Al final, la ciudad queda vacía, mostrada a través de los lugares que han recorrido, como si Viena guardara el eco de esa noche.
Para quienes buscan rutas cinematográficas, esta primera película es una invitación clara: pasear sin rumbo también puede ser una forma de narrar.
Before Sunset: París y la urgencia del reencuentro
Nueve años después —en la vida real y en la ficción— llega Before Sunset. Jesse y Céline se reencuentran en París, y el tiempo vuelve a ser el gran condicionante. Esta vez no tienen una noche entera, sino apenas hora y media antes de que él coja un avión.
La película avanza a ritmo de paseo: el Barrio Latino, librerías, parques, el Sena. Suben a un barco, el famoso Batobus, y París se despliega ante ellos sin prisas, pero con la tensión constante de la cuenta atrás. Aquí, Before Sunset es menos ingenua y más consciente. Hay reproches, decisiones pasadas y una pregunta flotando en el aire: ¿y si esta vez no se dejan ir?
El recorrido termina en un piso parisino, en una escena que se ha convertido en historia del cine romántico. Dentro de la trilogía Before, esta segunda entrega demuestra que las rutas cinematográficas no siempre son solo físicas: también lo son emocionales.
Before Midnight: Grecia y el amor cuando ya duele
La última parte, Before Midnight, se sitúa en Grecia. No se especifica una ciudad concreta, probablemente un pequeño pueblo o una isla. Y no importa. El paisaje mediterráneo sirve como telón de fondo para el momento más frágil de la relación.
Aquí ya no son dos desconocidos enamorándose, ni dos amantes que se reencuentran con urgencia. Son una pareja consolidada, con hijos, rutina y conflictos acumulados. El paseo continúa, pero ahora es más lento, más pesado. Las conversaciones ya no fluyen con la ligereza de Before Sunrise ni con la urgencia de Before Sunset.
No es casual que el cierre tenga lugar en Grecia, cuna de la tragedia clásica. Before Midnight muestra que el amor también es desgaste, negociación y cansancio. Y aun así, sigue mereciendo la pena ser contado.
Pasear como forma de amar
Lo que une a las tres películas no es solo Jesse y Céline, sino la idea de que caminar juntos es una forma de intimidad. Por eso la trilogía Before se ha convertido en un referente para quienes buscan viajar de otra manera, siguiendo rutas cinematográficas que no están marcadas con placas ni mapas oficiales.
Viena, París y Grecia no aparecen como postales, sino como espacios habitados. Y quizá ahí está el secreto de estas películas: enseñan que una ciudad se conoce caminándola, hablando en ella, discutiendo y reconciliándose entre sus calles.
Volver a Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight no es solo revisitar una historia de amor. Es volver a creer —al menos durante un rato— que caminar y conversar todavía pueden ser suficientes.
