La ofensiva relámpago de Al Sharaa liquida el Kurdistán sirio
Catorce meses después de la caída del régimen de Bachar al Asad y su llegada a Damasco al frente de una coalición de milicias islamistas radicales, el presidente sirio Ahmed al Sharaa ha dado un paso firme en su consolidación tanto doméstica como regional después de una serie de los fulgurantes avances del ejército regular sirio frente a las prokurdas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el noreste del país. La ofensiva de Damasco representa el mayor cambio en el mapa sirio desde finales de 2024 y representa el primer paso hacia la subordinación definitiva al poder central de la autonomía de facto de la que gozaban las FDS desde comienzos de la guerra civil siria.
Este martes, Damasco y las FDS -cuyo núcleo militar son las Unidades de Protección Militar (más conocidas por sus siglas en inglés: YPG)- alcanzaban un alto el fuego de cuatro días. Las autoridades sirias han dado a las FDS hasta la noche del sábado para completar un plan para la integración voluntaria de los enclaves aún en su control en la provincia de Hasakah ante la amenaza de una nueva ofensiva armada. El acuerdo alcanzado este martes permitiría a las FDS mantener el control militar en exclusiva y evitar la presencia de tropas gubernamentales en las ciudades de Hasakah y Qamishli.
“Se está empleando la fuerza para poner fin a la presencia de las FDS en Siria. El presidente Al Sharaa rechazó las demandas de una autonomía kurda limitada en Hassakeh que le hizo el líder de la FDS Mazloum Abdi. Al Sharaa exigió la aceptación definitiva de sus términos al final del día, porque de lo contrario el Estado sirio asumiría la cuestión por la fuerza”, escribía el pasado 19 de enero en la red X el director del Centro para Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma y especialista en Siria Joshua Landis.
En una ofensiva relámpago que duraba apenas un par de días, las fuerzas de Al Sharaa -que han contado con el apoyo de milicias tribales- lograban la semana pasada hacerse con el control de amplias zonas del norte del país, incluidas las provincias de Raqqa -la ciudad homónima fue tristemente célebre por haber sido capital del ‘califato’ del Estado Islámico-, Deir ez Zor y partes de la de Hasakah. Unos territorios que las FDS -una parte de ellos de mayoría árabe y no kurda- controlaban desde hacía más de una década.
La campaña de Damasco en el norte y el noreste sirio comenzaba después de varios días de choques de las FDS y el Ejército sirio en Alepo, donde las milicias kurdas controlaban dos barrios situados en el norte de la ciudad. La ofensiva de las fuerzas de Al Sharaa lograba expulsar el pasado 11 de enero a las fuerzas kurdas de los distritos de Sheikh Masqoud y Ashrafiyeh después de la evacuación masiva de sus vecinos. Posteriormente, entre los días 13 y 17 de este mes las tropas sirias se hacían con otras localidades de la provincia de Alepo como Deir Hafer y Maskana.
El nuevo presidente sirio, un antiguo yihadista -fue líder del Frente al Nusra- convertido en estadista, avanza en la consolidación de su poder tanto en el escenario internacional -Al Sharaa cuenta con el apoyo decisivo de Trump, que quiere a Damasco en su coalición anti Daesh, y de dos de las grandes potencias regionales: Turquía y Arabia Saudí- como en el interno. Una de las consecuencias directas de los avances territoriales de las últimas fechas es que gran parte de la riqueza petrolera de Siria ha pasado a manos de Damasco después de más de una década bajo control de las fuerzas kurdas.
Uno de los factores decisivos en el éxito de la ofensiva de las fuerzas leales a Al Sharaa ha sido, sin duda, la retirada del apoyo del que otrora las FDS gozaron de Estados Unidos. En un post en X, el enviado estadounidense para Siria Tom Barrack aseguraba que la oferta de Damasco a las fuerzas kurdas para su integración en el Estado sirio era “su mayor oportunidad”. El representante de la Administración Trump alegaba que el objetivo del apoyo de su país a las FDS -la derrota militar del Estado Islámico- fue largamente alcanzado y aseguraba que Washington no tiene ya interés estratégico en permanecer en Siria. La decisión de la Administración estadounidense se explica también por la presión de Erdogan, para el que las FDS son una extensión del recientemente disuelto Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
Lo cierto es que la llegada del poder de Al Sharaa y sus fuerzas -una amalgama de milicias reunidas bajo la denominación de Hayat Tahrir al Sham (HTS)- a finales de 2024, Damasco y las FDS vienen negociando la integración de estas en el nuevo ejército regular sirio. Durante meses las fuerzas kurdas se han resistido arguyendo su derecho a la autonomía política y militar.
