Escuchar al cerebro para comprender el alzhéimer
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Desde estudiantes de segundo año de carrera hasta doctorandos, la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) está involucrada en una iniciativa «pionera» para la Neurociencia Computacional en Neuropsicología Clínica, por tratarse precisamente de una alternativa híbrida entre los grupos de investigación constituidos por expertos y los laboratorios prácticos a los que los alumnos de un mismo curso académico acostumbran a asistir. Un punto de encuentro que aúna la investigación en Psicología con sus aplicaciones clínicas. A través de modelos matemáticos y computacionales, se trabaja para entender al cerebro -en la salud y la enfermedad-. «En la línea de investigación de Alzheimer estamos realizando actividades muy innovadoras», cuenta el profesor responsable del proyecto, Rubén Pérez-Elvira. Habla de «intentar encontrar nuevos biomarcadores», como llama a las sustancias del cuerpo capaces de indicar la presencia de enfermedades. En este sentido, mediante el «totalmente novedoso» método de la sonificación láser, los investigadores han conseguido convertir la señal cerebral de pacientes con alzhéimer en sonido, para hacer una proyección láser que visualizaron y analizaron en computadoras. Con ello, «obtuvimos una precisión muy alta en la clasificación de los pacientes que tienen la enfermedad». La sonificación paramétrica ha ofrecido un resultado similar. «Convertimos la actividad cerebral de los pacientes en sonidos parametrizados que brindamos a miembros del grupo, que solo con escuchar estos sonidos discernieron con una precisión de alrededor del 80 por ciento a los pacientes de los sujetos sanos». Los estudiantes también han analizado la actividad cerebral de los afectados por la enfermedad a través de la técnica de la «electroencefalografía cuantitativa», cuyo apellido implica convertir el registro de la actividad cerebral en números, que se representan topográficamente, ya sea en mapas u otras representaciones gráficas. Además, han parcelado el volumen cerebral de los pacientes con unidades volumétricas, es decir, desde unos datos recogidos en la corteza cerebral, a la altura del cuero cabelludo, se ha podido ubicar la producción de señales concretas. Los investigadores de la UPSA pueden presumir de colaborar con China, con la que trabajan a través del doctor Jorge de la Cruz, quién logró desarrollar un modelo computacional de la amígdala , una estructura del cerebro importante para la integración de la dimensión emocional en los seres vivos. «Estamos en la fase de entrenar el modelo y generar emociones en la amígdala», cuenta Pérez. El entrenamiento consiste en obtener datos de lo que pasa en las amígdalas 'naturales', aquellas que sienten «emociones reales», para trasladarlos al campo electrónico y enseñar a la amígdala artificial a detectar señales que se asemejan a emociones. Después, la idea es que pueda tomar decisiones, como «mandar una señal a otra parte de la red» o detenerla mediante un «corte al suministro eléctrico de la red». La investigación cuenta con su vertiente clínica, ya que, «una vez que tenemos el modelo, podemos producirle deterioros para ver qué ocurriría en el comportamiento de una persona». En cuanto al resto de «miniproyectos» que el grupo desarrolla -con parada obligada durante el periodo de exámenes-, uno de los objetivos consiste en determinar el ritmo dominante promedio de la señal cerebral de distintos grupos de edad, para lo que los estudiantes «establecerán una base de datos normativa», donde poder encontrar información del tipo «con 7 años necesitas tener tu frecuencia dominante en 7,25 Hz», conocimiento que más tarde sería posible transferir al ámbito clínico. Otro de los análisis de la actividad cerebral pretende descubrir qué ocurre en los últimos segundos del sueño, justo antes de despertarte, en relación a si se recuerda el sueño o ni siquiera se tiene noción de haber soñado. Asimismo, se estudia la imaginería motora, o sea, «qué es lo que hace el cerebro cuando un sujeto imagina que está moviendo una parte de su cuerpo». La aplicación en este caso se destinaría a la rehabilitación de pacientes neurológicos, como aquellos que han sufrido un ictus. Existe un modelo de solicitud en el que los estudiantes pueden proponer su propio estudio, «siempre que esté relacionado con la neurociencia computacional»: «Una alumna presentó la idea de desarrollar un dispositivo que ayudase a personas con esquizofrenia a distinguir las alucinaciones de la realidad». «Ya hemos solicitado patentes», indica el profesor, a la par que explica que el proyecto representa otro tipo de hitos para la UPSA, describiéndolo como «una experiencia muy enriquecedora» para los alumnos que deseen dedicarse a la investigación. Puntualiza que, al final, de lo que se trata sobre todo, es de que todos los estudiantes que colaboran, con independencia del campo por el que decanten su futuro laboral, se lleven «el germen del investigador», una mirada científica que contribuya al crecimiento de la sociedad.
