La verdad antes que el relato
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La decisión de Adif de limitar temporalmente a 160 kilómetros por hora la velocidad del AVE de Madrid a Barcelona, en 150 de los 667 kilómetros del trayecto, irrumpe de lleno en el debate sobre la política de mantenimiento de la red de alta velocidad en España. El tramo afectado por la limitación de velocidad venía siendo objeto de continuas denuncias por los maquinistas de los trenes, que informaban de la existencia de baches en las vías, causantes de fuertes vibraciones en los coches del tren. La queja fue formulada por el sindicato mayoritario de maquinistas en agosto de 2025, y mencionaba otros tramos de la red en los que no se han producido por el momento medidas similares. Ha tenido que producirse el accidente trágico de Adamuz para que Adif determine una decisión que pone en cuestión su responsabilidad a la hora de tomarse en serio esas denuncias. La pregunta es si Adif habría adoptado esta medida en caso de que no se hubiera producido el siniestro mortal de Adamuz. Es más, cabe preguntarse cuál ha sido el riesgo real que han corrido trenes, tripulaciones y viajeros en ese tramo de Madrid-Barcelona y cuáles son los tramos que merecen iguales medidas de limitación de la velocidad, porque baches y vibraciones han sido detectados en otros puntos de la red. El ministerio de Transportes ha de ser consciente de que, por muy necesaria que sea esta restricción temporal de velocidad, se trata de una decisión que impugna su discurso sobre la seguridad de la red de alta velocidad. La petición de confianza del ministro Puente en la gestión del accidente no encaja con la crisis de confianza que merece su gestión al frente del departamento, incluso dejando a un lado la tragedia cordobesa, de la que aún no se conocen sus causas con suficiente seguridad técnica. Limitar una red de alta velocidad a 160 km/h es inutilizarla como tal y pone en cuestión el eufónico emplazamiento del presidente del Gobierno (ayer repetido por el ministro del Interior, que aseguró que incluso se «monitorizarán las redes sociales») para evitar los «bulos» y buscar información fiable. Se supone que, en crisis como esta, la información más fiable ha de ser la de la administración competente, en este caso, el Gobierno central. Pero resulta que la línea ferroviaria que hasta ayer era segura –la que une las dos principales ciudades españolas– hoy está sometida a incertidumbres técnicas muy serias. Es muy burdo el discurso del Gobierno central de pedir prudencia cuando la tragedia afecta a sus competencias y lanzarse en picado contra la oposición cuando es la que tiene esas competencias en el ámbito autonómico, como la dana de octubre de 2024. La prudencia ante las tragedias siempre es exigible, pero si el ministro Puente la pide al mismo tiempo que insiste, una y otra vez, en que el accidente ha sido «extraño» , es que está deslizando mensajes encriptados para sembrar confusión. No hay mejor test de sinceridad de la prudencia que se pide que pasar la portavocía oficial a responsables técnicos o policiales, que comuniquen avances reales en la investigación, sin juicios de valor, sin ahumarlos con palabras equívocas. El discurso directo de los Reyes de España en su visita a Adamuz conecta con la aspiración de la inmensa mayoría de los ciudadanos, que busca ante la tragedia un frente de solidaridad, unidad, empatía y respuestas eficaces. No es un buen relato lo que se necesita ante más de cuarenta muertos, sino una verdad clara, rápida y concluyente.
