Los héroes improvisados de Adamuz: «Nunca creía que vería un muerto, pero ahí estaban»
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Como el coronel Aureliano Buendía no olvidó la tarde en que su abuelo le llevó a conocer el hielo, Julio Rodríguez Ayllón -ojos verdes, espigado, pelo degradado de chaval de ahora y chándal de recortador de toros- recordará la tarde en que, volviendo de pescar del río con su madre, conoció el terror. Ambos, junto a un amigo de Julio, regresaban al pueblo cuando después de las siete de la tarde , notaron un barullo de coches de policía y de ambulancias, «como una persecución de película», y los siguieron para ver a dónde iban. Para saber qué había pasado. Pensaban que era un accidente de tráfico, pero en el lugar al que les llevó aquella serpiente de luces atraídos... Ver Más
