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El entramado de esclavitud y espionaje que apoya Arévalo

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En las últimas semanas, el discurso del gobierno de Bernardo Arévalo sobre una relación “excelente” con Estados Unidos empezó a resquebrajarse.

En perspectiva. La narrativa se derrumba por un conflicto concreto y evitable: la negativa del Ejecutivo a cancelar el convenio que permite la presencia de médicos cubanos en Guatemala. Washington respondió con una señal inequívoca. Guatemala fue incluida en la lista de países a los que se les pausó el procesamiento de visas de inmigrante, una decisión que en el istmo solo comparte con Nicaragua. Para EE. UU., el problema no es técnico ni administrativo, sino político.

  • La Casa Blanca considera que el programa de misiones médicas de Cuba constituye una forma de trabajo forzoso y trata de personas, y ha sido explícita en advertir que sostener ese esquema tiene costos diplomáticos.

  • Al insistir en mantenerlo, Arévalo no solo ignoró una presión directa de Washington, sino que colocó a Guatemala en una posición incómoda frente a su principal socio estratégico.

  • De tal manera, la administración Arévalo abre una grieta que se plasma en sanciones migratorias y un mensaje claro desde el Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio, de que ciertas alianzas no son compatibles con una relación fluida con EE. UU.

Hemeroteca. Para entender el alcance del problema, hay que retroceder en el tiempo. Desde la década de 1960, Cuba convirtió la exportación de personal médico en un pilar de su política exterior. Tras el colapso soviético, esa práctica dejó de ser solo ideológica y se transformó en un modelo económico. Las misiones médicas pasaron a ser una de las principales fuentes de divisas del régimen, por encima del turismo en varios años.

  • El Estado cubano firma convenios con gobiernos receptores, cobra por el servicio y entrega a los médicos solo una fracción del salario. El resto queda en manos del régimen.

  • A lo largo de los años, la Organización Internacional del Trabajo y múltiples relatorías de derechos humanos han documentado retenciones salariales, confiscación de pasaportes, vigilancia política y castigos a quienes abandonan la misión.

  • El esquema, en términos prácticos, es un entramado de esclavitud moderna y espionaje.

Visto y no visto. A lo largo de Latinoamérica, África y Medio Oriente, las brigadas médicas han sido utilizadas para abrir puertas diplomáticas, influir en agendas internas y construir redes de lealtad. En Venezuela, el esquema fue aún más profundo. Los médicos estaban integrados a programas sociales con acceso territorial, intercambio de servicios por petróleo y presencia en zonas sensibles. El componente sanitario funcionó como punta de lanza de una relación estratégica que luego derivó en cooperación de seguridad e inteligencia.

  • Estas misiones se utilizan para recopilar información, mapear liderazgos locales y facilitar contactos políticos. Guatemala enfrenta déficits estructurales en su sistema de salud, sobre todo en áreas rurales, lo que le hace vulnerable a dicho entramado.

  • Aceptar médicos cubanos implica legitimar un esquema de trabajo forzoso indirecto y permitir la presencia de personal extranjero sujeto a una cadena de mando que no responde al Estado guatemalteco, sino a La Habana.

  • Al tratarse de un país geopolíticamente importante para EE. UU., los intereses del castrismo en Guatemala son todo menos de apoyo sanitario.

Por qué importa. Mientras miles de guatemaltecos buscan oportunidades legales de trabajo que generarían remesas, transferencia de habilidades y arraigo institucional, el Ejecutivo opta por una solución simbólica que no ataca las causas del colapso sanitario ni fortalece las capacidades locales. El mensaje implícito es preocupante, ya que se prioriza una alianza ideológica con un régimen autoritario sobre mecanismos que podrían mejorar el bienestar de los propios ciudadanos y reforzar la relación con el principal socio económico del país.

  • Por otro lado, el régimen castrista atraviesa su etapa de mayor vulnerabilidad desde los años noventa, en plena crisis económica y con la pérdida de su principal sostén externo tras el colapso del modelo venezolano.

  • En ese contexto, cada nuevo acuerdo médico es una bocanada de oxígeno financiero y político, algo que Arévalo ha estado despuesto a darles.

  • Para Cuba, Guatemala supone una oportunidad de recomponer su presencia en Centroamérica y mostrar que aún conserva aliados dispuestos a normalizar sus prácticas.

En conclusión. Cuba le ha demostrado a EE. UU. que el gobierno de Arévalo está dispuesto a poner en riesgo proyectos de infraestructura clave —como en Puerto Quetzal— por afinidades ideológicas que ponen en riesgo la seguridad hemisférica. Las misiones médicas cubanas no transfieren capacidades de manera sostenible, no fortalecen los sistemas locales y suelen desplazar las soluciones de largo plazo. A eso se suma la opacidad contractual y la dificultad de supervisar las condiciones laborales y las actividades paralelas que desempeñan.

  • La importación de médicos cubanos es una decisión política con implicaciones laborales, diplomáticas y de seguridad.

  • En un entorno regional que exige claridad estratégica, Cuba sigue dispuesta a convertir a aliados de EE. UU. en eslabones de una cadena de influencia que ya ha demostrado ser costosa y difícil de revertir.