El portero de Nigeria, al que también quitó Marruecos la toalla: "Usadla para secaros las lágrimas"
Senegal se proclamó campeón de la Copa de África tras imponerse a Marruecos (1-0) en una final llena de incidentes. El partido, disputado en un clima de tensión creciente, estuvo marcado por la polémica arbitral y por una sucesión de episodios extraños que fueron erosionando el desarrollo normal del juego: desde la amenaza real de abandono por parte de la selección senegalesa hasta una escena tan aparentemente menor como reveladora, el intento reiterado de robar la toalla del portero rival.
Las lágrimas de Brahim
El momento que hizo saltar todo por los aires llegó en el tiempo añadido de la segunda parte. El árbitro señaló un penalti a favor de Marruecos justo antes de la prórroga. La decisión provocó una reacción inmediata del banquillo y de varios jugadores senegaleses, que se retiraron momentáneamente del terreno de juego en señal de protesta. Durante unos minutos, el partido quedó suspendido en un limbo extraño, con la amenaza explícita de que Senegal no continuara si no se revisaba la acción.
Finalmente, el penalti se mantuvo. Brahim fue el encargado de lanzarlo. De Panenka, un gesto tan delicado como arriesgado para un momento de máxima presión. El balón no entró. El fallo dejó al jugador abatido, entre lágrimas, mientras el partido se fue a la prórroga, donde ganó Senegal.
Durante el partido se vivió el extraño suceso del que todo el mundo habla: el intento reiterado de los recogepelotas marroquíes , y de algunos miembros de la organización, de robar la toalla del portero senegalés Edouard Mendy, colocada detrás de su portería. Una escena que podría parecer anecdótica, pero que se repitió una y otra vez con una insistencia llamativa.
Quien salió al paso de esos intentos fue Yehvann Diouf, portero suplente de Senegal. Diouf actuó casi como guardaespaldas improvisado: interceptó a los recogepelotas, recuperó la toalla en varias ocasiones y discutió con miembros de la organización para evitar que se la llevaran. La imagen de un futbolista defendiendo una toalla como si fuera un objeto estratégico dice mucho del clima que se había generado alrededor del encuentro.
La situación alcanzó un punto todavía más delicado cuando entró en escena Achraf Hakimi. El lateral marroquí, jugador del PSG y ex del Real Madrid, participó activamente en uno de los intentos de sacar la toalla del terreno de juego. Su gesto fue interpretado por los jugadores de Senegal como una provocación directa y desencadenó una tangana entre ambos equipos. Hubo empujones, reproches y la sensación de que el partido estaba a un paso de desbordarse por completo.
También contra Nigeria
El episodio de la toalla no era, además, un hecho aislado. Marruecos ya había protagonizado una situación similar en semifinales frente a Nigeria. Entonces, el portero nigeriano denunció intentos parecidos de interferencia desde la banda. Tras la final, ese mismo guardameta reaccionó con ironía en redes sociales: “Usad mi toalla ahora para secaros las lágrimas”.
Mientras tanto, en las gradas y en los alrededores del estadio, el ambiente tampoco ayudó a rebajar la tensión. Se produjeron incidentes entre aficionados y fuerzas de seguridad, y hubo intentos de invasión del terreno de juego por parte de seguidores senegaleses en los momentos finales. La organización tuvo dificultades evidentes para contener la situación, y el dispositivo de seguridad quedó en entredicho.
Los problemas para Senegal en Marruecos no comenzaron esa noche. Ya a su llegada a Rabat, la expedición había denunciado deficiencias en la seguridad y en las condiciones del hotel asignado, que tuvo que ser cambiado. Detalles logísticos que, sumados a lo ocurrido durante la final, alimentaron la sensación de incomodidad permanente de la selección campeona durante su estancia.
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