Celso Borges: ‘El exceso de elogios puede debilitar mucho a un jugador’
Celso Borges es indiscutiblemente un jugador histórico del fútbol costarricense, mundialista sub-17, sub-20 y tres veces mundialista mayor (Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022). Sin embargo, el título del torneo nacional se le resistió 17 años, ya que llevaba desde 2008 sin levantar el trofeo doméstico. Ahora, desde la cima del triunfo, es momento de reflexionar.
Con el torneo local debajo de un brazo, y el centroamericano debajo del otro, Borges habló con Revista Dominical sobre lo que sigue para su carrera, su equipo y el fútbol tico. En el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la Liga Deportiva Alajuelense, el futbolista con más partidos en la selección nacional respondió si le interesa volver a vestir la tricolor, y analizó la eliminación del Mundial 2026.
Le ofrecemos un extracto de la entrevista de Celso Borges, así como la conversación completa en formato videopódcast. Para encontrar las ediciones más recientes de La entrevista del domingo visite nacion.com, el canal de Spotify o el canal de La Nación.
— Usted ha sido tres veces mundialista, es el futbolista con más partidos con la selección nacional, con 164, y el quinto máximo goleador de la Sele, con 27 tantos. ¿Le sorprenden los datos o ya los tenía a mano?
— El de los goles no tanto. El de los partidos sí... es un dato ahí que tengo y el de los mundiales, pero mirá, los goles no... Son bastantillos.
— Y todos los que están al arriba son de la parcela ofensiva.
— Sí, delanteros. Lindo, lindo.
— Hace unos días usted contó a Radio Monumental que la experiencia y los años dan mesura, y que para usted vivir la oportunidad de ser campeón, no solo de Centroamérica, sino de Costa Rica, ya con esta experiencia ha sido muy diferente y que usted ha aprendido a tanto a ganar como a perder... ¿Cómo fue para usted volver ser campeón de Primera División después de muchos años (desde 2008)?
— A veces el perder, aparte de una lección de humildad, le hace a uno ver cómo se puede sentir después de ganar. Da esa parte de entender lo difícil que es ganar.
“Por eso creo que esta celebración en particular me gustó mucho, porque fue muy enfocado en lo que hicimos bien. En ningún momento ningún jugador ni nadie de la Liga salió bajándole el piso a los otros equipos ni mucho menos.
“Fue una celebración totalmente enfocada en lo que hicimos bien, algo que yo creo que se había perdido en los últimos años, que era siempre a insultar y a bajarle el piso al rival. Me enorgulleció mucho de mis compañeros y de toda la gente del club, fue felicitarnos nosotros mismos y ponernos contentos por la gente que está feliz.
“Cuando me fui en el 2008, esa última vez que fui campeón, llega un momento en que... voy a decirlo así, pero ganar tanto tan seguido, llega un momento que uno dice, ‘Bueno, ¿qué más hay?’.
“Aquí supo mucho más porque eran muchos años de estar sufriendo, de quedarse en el último suspiro, pero es una gran lección de trabajo y de humildad, humildad ante la derrota. El equipo siguió su camino y entendió que había que levantarse después cada derrota. ¡La celebración me duró hasta el 31 de diciembre! (risas)”.
— Después de haberlo ganado todo este último torneo con la Liga, ¿cómo se mantiene la ambición, cuál es la siguiente meta?
— Hay muchas. Creo que tenemos una deudilla pendiente con el torneo de Concacaf, no hemos podido superar la primera fase, ese es un objetivo que hay que plantearse. Este año viene otra Centroamericana y vienen dos torneos que hay que ganar. Es difícil porque el cuerpo y la mente después de ganar tienden a relajarse, tienden a dar el objetivo por zanjado.
“Mis papás siempre me decían ‘en los dos extremos no hay que volverse locos, ni ganando ni perdiendo’. Ganar también es peligroso porque el exceso de elogios pueden debilitar mucho a un jugador y a una institución. Hay que saber donde está uno.
“Lo que ganamos lo hicimos bien, pero iniciar de nuevo a veces es difícil, porque uno piensa que ya tiene el mérito y qué va, al contrario, más bien todos te quieren ganar, todos tienen el doble de ambición que uno, entonces hay que igualar eso para conseguirlo. Creo que lo hace más peligroso, más difícil”.
— En 2009 usted llegó al Fredrikstad de Noruega con 21 años. Hoy vemos a muchos jóvenes que se van del país y les cuesta la adaptación, muchos se devuelven, en especial cuando van a un país donde no hablan el idioma. ¿Por qué cree que pasa esto? ¿Cuáles previsiones deberían tomarse?
— Creo que hay dos cosas vitales. Yo estoy yendo al país, por lo tanto yo me adapto al país, no al contrario. Hay una parte muy importante de no solo adaptarme al fútbol, sino adaptarme a la cultura, adaptarme a la sociedad, adaptarme al idioma. Son cosas que uno puede hacer para hacer el diario vivir más fácil. No es solo ir y jugar y ya está. No. Uno como persona tiene que sentirse bien y tiene que sentirse hallado.
“A mí me sirvió mucho aprender el idioma, meterme en las costumbres de Noruega, de Suecia, de todos los países en los que estuve. Hacer amigos fuera del fútbol lo saca a uno de la burbuja un poco y lo tiene más en contacto con la gente. Eso lo ayuda a uno a ser mejor persona, pero también en la cancha uno se siente más completo; no es solo ir a entrenar y me voy a jugar Play Station a mi casa.
“Hay más que eso, sobre todo países que tienen tantísima cultura. En los días libres que tenía en Suecia me iba al Museo de Historia Natural, cuando llegaba mi mamá nos íbamos a los museos de historia vikinga... Hay muchas cosas que uno puede sentir que son diferentes, pero que uno puede hacerse sentir como que está en su casa.
“Segundo, hay que jugar. Hay que cuidar el jugar como oro, y con cuidar el jugar me refiero a cuidarse después de los partidos, a cuidarse en los hábitos de dormir, en los hábitos de alimentación... Al final estás cuidando tu puesto.
“Uno jugando tiene valor y todo ese valor va a venir para la selección; solo cosas buenas trae eso. Cuando uno deja de jugar, ahí es donde vienen los problemas con el entrenador, con los compañeros. Uno tiene que cuidarse, porque hay 500.000 personas deseando que uno deje el puesto, por una lesión, por alguna crisis emocional, que también se dan. Son un montón de cosas. Hacer una carrera en el exterior es duro”.
— En el extranjero estuvo en cuatro equipos. ¿Cuál diría usted que fue el mejor momento de su carrera? ¿En el que mejor jugó y mejor se sintió?
— En el que más aprendí fue el primer año en Noruega, porque me fui con toda la ilusión del mundo, había salido campeón aquí, y el equipo se fue a segunda división. Para mí ese segundo año, en segunda división, fue espectacular, porque jugué en segunda de Noruega. El primer año me quise ir, pero me quedé jugando segunda en Noruega y eché para adelante.
“Fue el año en que más me desarrollé como jugador porque me puso un reto enorme. O volvíamos a ascender o se acababa básicamente mi carrera afuera, porque en una segunda de Noruega no había mucho que hacer.
“Ese torneo salí goleador y pudimos ascender, en los dos partidos de ascenso metí cuatro goles. Fue como un ‘okay, sí estoy hecho para estar afuera’.
“Luego los años en Suecia y en España los disfruté una barbaridad. Me agarraron muy bien de madurez, en el periodo de la selección, de todo. Y me divertí muchísimo. Se me notaba en la cancha”.
— ¿Cuál dirías que fue el mejor jugador con el que usted pudo jugar y entrenar en su propio equipo?
— Sí, tuve mucha suerte. Coincidí con esta etapa del 2014 de la generación de nosotros, que la verdad eran unos jugadorazos.
“No puedo hacer de menos a los (demás con) que jugué en mis equipos, pero sinceramente la sinergia que había entre todos, entre ese grupo de jugadores, todos eran de un valor altísimo. Tanto así que después del Mundial, 18 de los 23 cambian de equipo.
“Creo que ha sido la generación de jugadores más talentosa con la que he tenido la oportunidad de jugar. No quiero menospreciar a nadie, pero evidentemente entre nosotros había algo especial”.
— ¿Cuál es, desde su punto de vista, el mejor técnico que lo ha dirigido? Lo pongo en compromiso porque lo dirigió su papá también...
— No, mi papá, sin duda.
— ¿Su papá (Alexandre Guimaraes)?
— Sí, sí, claro. Un entendimiento global. Él ha sido campeón en tres confederaciones distintas y no es poca cosa. Fue un tiempo muy retador, porque ser capitán de un equipo donde el entrenador es el papá de uno, uno tiene que andar caminando por líneas muy finas, en qué puedo decirle como hijo, como capitán y como jugador. Hay que ir balanceando todo eso y yo sé que tal vez para mis compañeros pudo haber sido también un poco retador, pero mis compañeros fueron muy abiertos conmigo.
— Siempre se dice que el talento sin disciplina no es suficiente, ¿es cierto esto de que la disciplina es necesaria sí o sí para triunfar?
— Sí, pero es que vieras que yo no me considero un talento sobrenatural. Yo creo que que me fue muy bien porque capaz pude entrenarme mejor que el resto en una etapa formativa, y asimilé mejor los fracasos y las derrotas. Tuve muchos compañeros muchísimo mejores que yo, y aún así yo fui más tenaz en lo que quería para mi vida.
“Fui capaz de hacer todos los sacrificios que había que hacer, algunos muy dolorosos, para poder tener la carrera que tengo. Si me preguntas de que tuviera un talento excepcional, no creo. Lo que me gusta es que soy muy asociativo, me gusta que todo mundo se sienta bien y se pueda potenciar.
“No soy un jugador que se quite a cinco de encima o que tire un bicicleta. ¡La vez que hice una chilena me jodí la espalda!”.
— ¿Podría darnos un ejemplo en que la disciplina fue crucial para su carrera?
— Viví solo desde los 21 años, si no pongo la disciplina de mi carrera desde el comienzo, me pierdo en todas las distracciones.
“El jugar y el que vaya bien es mucho más peligroso que cuando va mal, porque trae muchas cosas adyacentes, se te acerca más gente, muchas invitaciones a un montón de cosas, ya uno no quiere priorizar el descanso o la alimentación. No es que yo fuera un santo, pero escogí bien los momentos en que podía hacer esas cosas.
“Nadie le va a decir nada, si usted vive solo y sale de fiesta o come mal nadie le va a decir nada, pero después uno comienza a no jugar y dicen ‘la culpa es del entrenador, la culpa es del compañero’. No no, la culpa es suya”.
— En marzo del 2024 usted se retiró de la selección nacional pero, el año pasado, decidió volver a ponerse la roja. ¿Puede comentarnos cuál fue su reflexión, primero, para retirarse, y luego, para volver a la selección?
— No me retiré a la primera vez que no me convocaron. Cuando termina el mundial de Qatar entendemos que tiene que haber una renovación, pero al ver que era una cuestión de borrón y cuenta nueva... O sea, era como si nada de lo que se había hecho anteriormente sirviera para nada.
“Si algo estuvo bien en la clasificación del 2022 fue que los jugadores de experiencia ayudaron a que el grupito nuevo emergente de los jóvenes pudieran ir bien coordinados, porque los sacamos entre todos al final. Hay un valor en eso, por más que que se quiera tachar al jugador de experiencia con que si no juega 90 minutos no vale para nada. No es así.
“Se quiso hacer de 0 a 1.000 de una vez, ni siquiera hubo un intento de ver cómo se podía hacer. Cuando uno ha jugado tanto con la selección, uno piensa que tiene el derecho a que la digan ‘mirá, esta vez queremos ver otra gente’, o lo que fuera. Capaz es error mío por esperar eso”.
— ¿Esperaba una cortesía al menos?
— Es que en el futbol de acá hay un mal general de que se atribuye a que todo es muy fácil, que todo se hizo muy fácil. Los que jugamos tres mundiales, los que jugamos dos mundiales, los que jugaron un mundial, se da por hecho que es muy fácil, no no, no es fácil clasificar a un mundial, clasificar a dos o a tres seguidos.
“Al ver que no había ningún tipo de valor en eso, pues dije ‘mire, si lo van a hacer así, prefieron tomar yo la decisión mía antes de que nada más me dejen como si yo hubiera jugado cinco o dos partidos’.
“Tomé esa decisión porque era obvio que no contaban conmigo, nadie de los que estaban ahí hicieron ni siquiera un intento, entonces no quise estorbar ni ser tema de conversación. ¡Poco sabía que después se iba a volver todo un tema!
“Después a mí me llaman para ir, no es que pedí que me llamaran”.
— ¿Quién lo llamó?
— El piojo (Miguel Herrera). Yo estaba en mis días libres en el equipo, pero si me llaman y me dicen, voy con todo gusto. Básicamente esa fue la decisión. No me arrepiento de nada, lo hice desde un lugar de paz y tranquilidad.
“Es que eso aquí cuesta mucho. Para mí todos los que hemos tenido la oportunidad de disputar mundiales se merecen un lugar de honor, nos costó mucho trabajo estar ahí, a todos, desde el 90. Se dice muy fácil, pero que va″.
— ¿Fue erróneo el método del cambio generacional?
— Claro que no se hizo bien. Es claro, ahí está la muestra, tuvimos que ver cómo arañábamos una clasificación al mundial. Tuvo que haber un planteamiento, el entrenador que estuvo en su momento, deay los que llamó... fue como si no sirviéramos para nada, y no creo que sea así tampoco. No somos un producto para desechar y ya está. Es que ni ‘gracias’. Fue un error.
— Volvió pero no alcanzó, no clasificamos, ¿se arrepiente de haber vuelto?
— No no, jamás me voy a arrepentir de ir con la selección, jamás. Fui con todo gusto y y no se consiguió el objetivo. Hay que estar para las buenas y para las malas. No todo en la vida es ganar y cuando toca perder, hay que asumir que nos equivocamos. Si somos un país autocrítico, admitimos que nos equivocamos, y que hay que hacer las cosas mejor porque las eliminatorias próximas van a ser mucho más complicadas.
— Usted en el pasado recordó unas palabras que les dijo Bryan Ruiz cuando volvían del Mundial de Brasil: “Nos dijo en el camerino que nos habíamos ganado un respeto, que nos costó mucho ganarnos, pero que era muy fácil perderlo”. Usted reconoció que bastaban algunos partidos para perder aquello que les costó mucho. Tras el fracaso de la selección, ¿siente que estamos perdiendo el respeto?
— Si hablamos por respeto de que ya ahora piensan que todos nos pueden ganar, sí. Pero si hablamos de respeto de que hay que tener cuidado con Costa Rica, porque es una selección de calidad, no.
“Sí creo que hemos dado chance de pensar que nos pueden ganar, y eso es peligroso, porque tras abrir esa puerta va a costar cerrarla”.
— Si viene un directivo y le pide una recomendación de lo que se tiene que hacer de cara al futuro, ¿qué diría usted?
— Le diría que espere a que me retire para que pueda hacerle las recomendaciones (risas). Porque por ahora sigo siendo jugador, y son dos puestos completamente diferentes. Veo todo de la visión de un jugador.
“La ventaja de tener un papá entrenador es que me dio siempre los dos puntos de vista. Cuando uno tiene solo el punto de vista del jugador, uno piensa que el mundo gira alrededor de uno, y no es así. Hay muchas cosas en el negocio de fútbol que uno quisiera que se manejaran de otra manera, pero a nivel gerencial es diferente. No puedo decir lo que se tiene que hacer”.
— ¿Todavía se considera un jugador convocable con la selección, o reinstaura su retiro? ¿Cuál es su estado actual?
— Ish... Uf... No tengo estado actual.
— ¿No ha pensado al respecto?
— No, no. La verdad no le he dado cabeza. Ir a la selección implica mucho sacrificio, porque son los días de días libres que uno tiene como jugador después de haberse matado la vida entrenando aquí en el club. Hay cierta parte de mí que me dice, ‘no, ya quiero disfrutar de mis días libres y ver a mis compañeros por televisión’.
“Sinceramente, cuando me volví a poner la camiseta de la selección me vinieron todos esos sentimientos otra vez de vuelta, y es algo muy lindo y muy especial. Pero uno depende de la gente que esté al mando.
“Pero es que no hay ni entrenador, entonces yo por ahora tengo que hacerlo bien aquí, y haciéndolo bien aquí pues, renové un año más y estoy muy contento. Hay mucho en el aire, no hay director deportivo, no hay entrenador... Falta mucho”.
— En este país hay miles de divorcios y son privados. Pero en su caso, por ser futbolista, eso se hizo muy público, hubo muchas publicaciones y se habló de algo que es de su vida privada, incluso se mencionó a su papá. ¿Qué opina de esa mediatización? ¿Le molestó?
— Un cosa es el personaje, y otra cosa es la persona, que aquí (en Costa Rica) no hay diferencia. Uno tiende como jugador a comerse el personaje, e interpretar que lo que uno hace a nivel público lo define a uno como persona. Me llevó mucho trabajo con mi psicóloga entender que hay dos personas diferentes.
“Al no haber una diferenciación, por la salud mental del jugador es difícil. A veces uno se llega a cuestionar ¿quién soy yo? ¿Al final soy lo que me están diciendo que tendo que ser, o tengo una personalidad muy definida? Es un trabajo mental bravo y es de años.
“De hecho cuando uno se retira le pone una lápida al personaje, la vida como persona continúa, pero uno tiene que matar a ese personaje porque no va a volver a existir. Parte de la depresión post retiro es por no poder separar las dos cosas.
“Siempre he sido muy celoso de mi vida privada, nunca he hablado de eso porque he querido mantener esa parte especialmente para el Celso persona, porque es lo único que es mío. Si yo decido abrir esa parte, ¿entonces qué me queda a nivel personal? No me queda nada, no tengo una calidez, una intimidad”.
— Hablando del retiro, en mayo usted cumple 38 años, ¿cuánto tiempo más se ve jugando? ¿Lo ha pensado?
— No lo he pensado porque el cuerpo me está acompañando, voy bien, estoy recogiendo los ahorros de haberme cuidado en los veintes. Es difícil decir hasta cuando, acabo de renovar un año y eso para mí es una gran confianza que me está dando la institución.
“Desde que tenía 20 años mis papás me dijeron que fuera preparando mi retiro, una de las ventajas de tner un papá que fue jugador: él sabe que se acaba. Tengo mi licencia de entrenador, tengo mi máster en gerenias, ya tengo el panorama completo para escoger, evidentemente voy a seguir relacionado al fútbol. El haberme preparado me da tranquilidad, no le tengo miedo“.
— Dice que seguirá vinculado al fútbol, ¿como entrenador o como gerente?
— Lo de entrenador... Vieras que teniendo un papá que lo fue, es duro, para la familia es durísimo. Nosotros eramos carajillos y mi mamá, todo eso, es duro, es sin piedad, es a la guillotina. A uno como niño a veces le cuesta entender eso, entonces no sé si soy capaz de tener esa entereza para asumirlo.
— ¿Se inclina más por la gerencia entonces?
— Creo que puede andar más por ahí, sí, por tema de oficinas. Vamos a ver, eso digo ahora, uno nunca sabe.
— Don Alexandre Guimaraes nos dijo que su anhelo pendiente es dirigir en la MLS de Estados Unidos, usted, ¿qué sueño tiene?
— No se cumplió, pero yo era un fan del Manchester United, entonces me hubiera encantado jugar en la Premier League. Luego entendí que mi tipo de fútbol no hubiera resultado muy bien en esa liga, y Dios me dispuso ir la Liga Española, me dijo, ‘no, no, papito, a usted aquí le va a ir bien, ahí no es para usted’ (risas).
— ¿Quién era su jugador favorito del United de Ferguson?
— Paul Scholes y después, más adelante, me fui haciendo fan del Chelsea por Lampard, pero solo por Lampard, mi equipo es el United.
— Usted es una persona con evidente formación desde su casa, lo hemos visto tocar batería y habla varios idiomas... ¿Qué hubiera sido de Celso Borges si no hubiera sido jugador? Don Alexandre nos dijo que él hubiera sido periodista deportivo.
— Sí, me sorprendió con la respuesta mi tata ahí. Yo decía que quería ser astronauta, pero soy malísimo para las matemáticas, entonces no me hubiera ido muy bien. Lo mío era el escenario, era ser músico, me hubiera encantado ser baterista de alguna banda, ir de gira. Astronauta qué va... se salvó, mejor nos quedamos con Franklin Chang.
