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Portugal elige presidente sin un claro ganador

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Portugal se acerca al domingo electoral como quien avanza sobre un tablero inestable donde cada movimiento puede alterar por completo el resultado. Nunca una elección presidencial había sido tan disputada, tan fragmentada y tan imprevisible. Las encuestas se contradicen, los candidatos intercambian posiciones y la certeza de una segunda vuelta se impone como un hecho asumido. El país no elige solo a un presidente: elige entre caminos opuestos, estilos incompatibles y modelos de futuro en abierta confrontación.

Por primera vez desde la instauración de la democracia, cinco candidatos aparecen concentrados en la parte alta de las proyecciones, separados por márgenes mínimos. André Ventura, líder de Chega y principal referente de la ultraderecha, encabeza de forma consistente la mayoría de los sondeos. Sin embargo, el dato más relevante no es quién lidera, sino la incapacidad de cualquiera para consolidar una ventaja estable.

En la pugna por el segundo puesto, la volatilidad es constante. António José Seguro, candidato socialista, figura en varias encuestas como el principal adversario de Ventura, mientras que otros estudios sitúan a Joáo Cotrim de Figueiredo, respaldado por Iniciativa Liberal, en posición de ascenso. Esta alternancia refleja una campaña marcada por la ausencia de un favorito indiscutible.

Más allá del ruido estadístico, el escenario político empieza a clarificarse. Tanto Ventura como Seguro son, a día de hoy, los candidatos mejor posicionados para disputar la elección hasta el final. El líder de Chega cuenta con una base electoral altamente movilizada y fiel, menos propensa a cambios de última hora. Seguro, por su parte, aparece como la figura que tiene mayor capacidad de agregación en el espacio moderado y de centro izquierda, y como el nombre que cuenta con más opciones de frenar a la derecha radical.

Marques Mendes mantiene una presencia intensa en el debate público. La experiencia política y la notoriedad mediática con las que cuenta le permiten captar a un electorado que valora la estabilidad institucional y el conocimiento del sistema. No obstante, pese a su crecimiento puntual, sigue sin romper el eje central formado por Ventura y Seguro.

Fuera de los grandes bloques partidistas, otras candidaturas añaden volatilidad al proceso. El independiente Gouveia e Meio capitaliza la imagen de eficacia y autoridad construida durante la pandemia, momento en el que lideró la campaña de vacunación. Sin embargo, sus apoyos se revelan frágiles y poco consolidados. Por su parte, Cotrim de Figueiredo, que llegó a protagonizar una dinámica ascendente, vio cómo su campaña era lastrada tras una denuncia por acoso sexual presentada por una excolaboradora del partido, lo que sembró dudas en su electorado.

En el extremo izquierdo del espectro político, las fuerzas situadas más allá del Partido Socialista Bioco de Esquerda, Partido Comunista Portugués y Livre se han quedado reducidas a un papel marginal. Cuentan con una escasa visibilidad mediática y con apoyos residuales, por lo que concurren más para afirmar identidad ideológica que para incidir de forma decisiva en el resultado. Tanto el voto útil como la polarización penalizan a estos partidos, que mantienen nichos fieles, pero no cuentan con capacidad de expansión en el actual contexto.

Este escenario fragmentado remite inevitablemente a las presidenciales de 1986, cuando Portugal vivió una de las campañas más imprevisibles de su historia reciente. Entonces, una primera vuelta muy dispersa dio paso a una segunda altamente polarizada entre Mário Soares y Freitas do Amarai, en un clima de fuerte tensión ideológica y con la sensación de que el rumbo del régimen democrático estaba en juego. Casi cuatro décadas después, el país vuelve a enfrentarse a una elección marcada por la incertidumbre y concentrada en dos modelos antagónicos. Aunque las encuestas dibujen un grupo compacto en cabeza, la lectura política es más nítida de lo que aparentan los números. Esta elección se decide entre dos polos claros: Ventura, como fuerza de ruptura y desafío al sistema, y Seguro, como apuesta por la contención, la estabilidad y el equilibrio institucional.