Crítica de "El mal": yo sí que soy una asesina ★★★
Como en la escalofriante «Henry: Retrato de un asesino» (John McNaughton, 1986), cuyo protagonista, tras una infancia traumática, se convierte en un frío homicida que escoge a sus víctimas al azar y cada vez utiliza un método distinto para no ser descubierto, Martín, la protagonista de la nueva película dirigida por Bajo Ulloa, selecciona a las suyas siempre entre absolutos desconocidos. Y no le importa la edad, ni el sexo, ni las condiciones físicas (en este sentido, el thriller de la cinta es brillante), aunque de su niñez no sepamos casi nada. O quizá creamos saber algo.
Y hasta las tripas de la pura maldad viaja el cineasta a través de esta historia, a retazos, lastrada por unos diálogos en exceso petulantes, sobre una ambiciosa periodista y escritora a medio gas y llamada Elvira, que es contactada por la susodicha Martín con una propuesta que se las trae: redactar un libro sobre los asesinatos, parece que cientos, de la joven a partir de su propio diario. Porque ella dice tener un talento, o sea, el ser la mayor homicida de la Historia. Ambas mujeres mantienen a partir de entonces largas conversaciones mientras que el cineasta le da un buen repaso al mundillo editorial («los autores son más divertidos en sus epitafios»), marcado por la mediocridad y la egolatría, y Elvira comienza a ceder posiciones frente a los argumentos de Martín. Bajo la premisa de que «dentro de cada monstruo hay un ser humano», y a la inversa, el filme toma carrera cuando vemos a Martín ya en acción llevándose por delante a una joven con síndrome de Down, un crío de pocos años, un señor en silla de ruedas y unos cuantos más.
La delgada línea roja que divide el bien del mal se resquebraja con facilidad para demostrarnos, dice Bajo Ulloa, que todos tenemos un lado oscuro, una tendencia peligrosamente insana hacia la perversidad. Un perturbador thriller psicológico (aunque a veces pueda producir una macabra hilaridad) que no consigue, sin embargo, la profundidad de otras películas del director, como «Alas de mariposa». Qué debut tan desgarrador, como aquellas alas.
Lo mejor:
Su claustrofóbica atmósfera y que políticamente no sea correcta, qué alivio
Lo peor:
Hay varios diálogos que suenan repetitivos y un poco rimbombantes
