El milagro de las empresas familiares de Castilla-La Mancha
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En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, el aumento de costes y la transformación tecnológica, las empresas familiares de Castilla-La Mancha vuelven a demostrar una fortaleza poco común. Así lo confirma la segunda edición del estudio 'La empresa familiar de Castilla-La Mancha. Características, valores, comportamiento estratégico y resultados', presentado en el campus de la Fábrica de Armas de Toledo por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y la Asociación de la Empresa Familiar de la región. El informe ofrece una radiografía actualizada de un modelo empresarial que, lejos de retroceder, gana tamaño, profesionalización y solidez financiera. Un fenómeno que muchos definen ya como un auténtico «milagro» económico silencioso, sostenido en valores, prudencia y visión a largo plazo. La presentación contó con la intervención de la vicerrectora de Innovación, Coordinación y Desarrollo Institucional de la UCLM, Ángela González Moreno —coautora del estudio—, y del presidente de la Asociación de la Empresa Familiar de Castilla-La Mancha, Rafael Ruiz Alonso, quienes coincidieron en destacar la relevancia económica y social de estas compañías. Según los datos del estudio, las empresas familiares castellanomanchegas presentan resultados económico-financieros superiores cuando se comparan tanto con empresas familiares del conjunto de España como con otros grupos empresariales. «Los resultados sitúan a la empresa familiar de Castilla-La Mancha en un panorama de gran solidez financiera», subrayó González Moreno. El análisis descriptivo revela una notable estabilidad estructural. El 75 % de las empresas son sociedades limitadas y destaca, de manera significativa, el peso del sector industrial, muy por encima de lo que refleja la estructura empresarial general de la región. Esta concentración industrial, explicó la vicerrectora, genera un mayor efecto tractor sobre otros sectores productivos. A la industria le sigue el sector servicios, aunque con una singularidad clave: se trata mayoritariamente de servicios dirigidos a otras empresas y no al consumidor final, lo que refuerza la estabilidad y reduce la exposición a ciclos económicos adversos. Esta configuración convierte a la empresa familiar en un elemento vertebrador del tejido productivo regional. La innovación aparece como otro de los grandes pilares del modelo. Todas las empresas analizadas declaran realizar actividades innovadoras y más del 60 % lo hace de forma sistemática y estable. Predominan las innovaciones en procesos, con un impacto directo en la eficiencia y en la contención de costes, aunque también se detectan avances en productos y organización. Como principal novedad, esta segunda edición del estudio incorpora un análisis específico sobre digitalización e inteligencia artificial. A petición de la propia asociación, el informe profundiza en cómo las empresas familiares están integrando herramientas digitales en sus procesos internos. Los resultados sitúan a estas compañías como un referente en la adopción de soluciones digitales aplicadas a la gestión, la competitividad y la toma de decisiones. Pese al contexto internacional incierto, el informe refleja un elevado grado de apertura exterior. Cerca del 68 % de las empresas familiares exporta y algunas han dado un paso más, invirtiendo en otros países mediante la apertura de delegaciones comerciales o incluso plantas productivas. Una apuesta que confirma su ambición y capacidad de crecimiento. Aunque el estudio no aborda de forma causal las razones de esta mejor posición financiera, González Moreno apunta a varios factores clave: empresas de mayor tamaño medio, estilos de dirección prudentes, decisiones financieras centradas en el negocio y un fuerte compromiso de los trabajadores. «Hay menos rotación, más lealtad y un clima empresarial que favorece el crecimiento con estabilidad», señaló, planteando estas conclusiones como base para futuras investigaciones. Por su parte, el presidente de la Asociación de la Empresa Familiar, Rafael Ruiz Alonso, recordó que, pese a un ligero descenso del 3 % desde 2015, las empresas familiares siguen representando más del 90 % del total de empresas de la región, el 84 % del empleo y el 87 % del valor añadido bruto. «Estos datos reflejan no solo su relevancia económica, sino su contribución directa a la sostenibilidad del estado de bienestar», afirmó. Ruiz destacó que la profesionalización, la innovación, la digitalización y la internacionalización forman parte de la estrategia de estas compañías, siempre con una clara orientación a largo plazo. «La continuidad es uno de los valores más apreciados por la empresa familiar, pero no es una continuidad pasiva, sino una estabilidad con idea de crecimiento», explicó. El relevo generacional sigue siendo uno de los grandes retos, especialmente en un entorno donde los fondos de inversión buscan empresas con debilidades para absorber proyectos viables. Frente a ello, la asociación trabaja para facilitar transiciones ordenadas, basadas en formación, preparación y responsabilidad social. «Hay una responsabilidad con los trabajadores, con el territorio y con las propias familias», subrayó. El estudio también constata que, aunque algunas pequeñas empresas han desaparecido, muchas otras han ganado tamaño o se han integrado en proyectos mayores, reforzando así su competitividad. Sectores como el alimentario continúan siendo clave, junto a un tejido industrial emergente vinculado a infraestructuras, equipamiento y tecnología, capaz de competir incluso con grandes multinacionales. Un modelo empresarial de raíces profundas y que mira al futuro. Un milagro que sostiene la economía regional.
