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Banco Central alerta por caída en expectativas de inflación: ¿Cómo afecta a las personas y empresas?

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La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) externó su preocupación por el comportamiento de las expectativas de inflación, en particular obtenidas mediante una encuesta en la que participan expertos económicos, analistas financieros y empresarios.

La discusión se dio durante una sesión celebrada el pasado 18 de diciembre, en la cual la directiva del BCCR redujo la tasa de política monetaria (TPM) en 25 puntos base (p. b.), al pasarla de 3,50% a 3,25%. La decisión tuvo como principal argumento la dinámica de las expectativas de inflación.

La TPM se usa como referencia para el resto de tasas de interés en colones, tanto para créditos como inversiones.

“En cuanto a la postura de política monetaria, observamos que las expectativas de la encuesta se han reducido; se está manifestando un riesgo que hemos comentado previamente en Junta Directiva”, afirmó Alonso Alfaro, economista jefe del BCCR, en referencia a los resultados del indicador de noviembre, cuyo promedio fue de 1,38%.

En varias ocasiones, el Banco Central ha señalado como uno de los riesgos que podrían desviar la inflación a la baja el hecho de que las expectativas se sitúen reiteradamente por debajo de la meta de inflación. La meta central es de 3%, con una desviación de un punto porcentual hacia arriba (4%) y uno hacia abajo (2%).

Según economistas consultados por La Nación, la persistencia de la inflación baja y de las expectativas por debajo de la meta del BCCR pueden generar impactos en las decisiones de consumo de las personas y compañías, en inversión y en fijación de precios de las empresas.

La inflación en Costa Rica, medida por la variación interanual del índice de precios al consumidor (IPC), cerró el 2025 en negativo, al ubicarse en –1,23% para diciembre. Con este resultado, el indicador acumula 32 meses consecutivos por debajo del rango de tolerancia establecido por el BCCR, el cual se sitúa entre 2% y 4%, con una meta central de 3%.

Las expectativas inflacionarias a 12 meses, medidas mediante una encuesta en la que participan empresarios, analistas y economistas, se ubicaron en un promedio de 1,59% en diciembre pasado.

La última ocasión en que este indicador se situó dentro del rango de tolerancia alrededor de la meta de inflación fue en la medición de mayo de 2025. Desde entonces se mantiene por debajo de ese umbral, con un mínimo de 1,30% registrado en octubre del año pasado.

En el caso de las expectativas de mercado, extraídas de las negociaciones de títulos de deuda interna en colones del Ministerio de Hacienda y del BCCR, el promedio a 12 meses fue de 2,14% en diciembre de 2025, ligeramente por encima del límite inferior del rango meta.

Durante setiembre y octubre pasados, este indicador se situó por debajo del límite inferior del rango de tolerancia, pero en las dos últimas mediciones del año se posicionó ligeramente por encima del 2%.

Fundamentos de directivos

Ante esta dinámica de los resultados de la encuesta de expectativas, en particular la observada en las expectativas de mercado, la División Económica del Banco Central recomendó una reducción de 25 p. b. en la TPM, la cual fue acogida de forma unánime por la Junta Directiva del ente emisor.

Róger Madrigal, presidente del Banco Central, comentó que acogía la recomendación de la División Económica para reducir la TPM; no obstante, enfatizó que existe una divergencia entre las expectativas de mercado y las de la encuesta.

“En este caso, le damos una preferencia para la recomendación a las de encuesta, porque por mercado diría que no hace falta bajar 25 puntos base”, dijo Madrigal.

El directivo Max Soto acogió la recomendación técnica y enfatizó en el comportamiento de las expectativas inflacionarias, principalmente las medidas por encuesta.

“(...) estoy de acuerdo con la recomendación que hace la Administración y, en particular, me parece que hay un elemento que ellos señalan, muy importante, que es la tendencia que se ha observado en general de la evolución de las expectativas y, en particular, las de la encuesta”, indicó Soto.

Por su parte, la directiva Marta Soto argumentó que el hecho de que las expectativas de la encuesta se ubiquen por debajo del rango de tolerancia hacía conveniente una rebaja de 25 p. b. en la TPM.

“(...) en un esquema de metas de inflación, las expectativas juegan un papel muy importante”, agregó la directiva.

El directivo Juan Robalino señaló, al respaldar la rebaja en la TPM, que las expectativas de la encuesta se han reducido y que las de mercado se han mantenido muy cerca del límite inferior del rango por varios meses.

“(...) creo que el público debe tener claro que nuestras acciones son consistentes con la meta, para que las expectativas se mantengan ancladas”, añadió Robalino.

La directiva Silvia Charpentier también respaldó la postura de sus compañeros y señaló como uno de los motivos el comportamiento de las expectativas y la inflación medida por el índice de precios al consumidor (IPC).

“Sobre todo, dadas las persistentes condiciones de baja inflación del IPC, la subyacente, así como el hecho de que las expectativas de inflación de la encuesta a 12 meses siguen por debajo del rango de tolerancia”, aseguró.

Alfaro explicó que el principal elemento considerado para la recomendación de política monetaria fue el comportamiento de las expectativas, ya que “han ido a la baja”.

“Ese comportamiento refuerza la necesidad de adaptar la postura monetaria para mantener la coherencia con una postura cercana a la neutralidad”, manifestó el economista jefe del BCCR.

Impacto en personas y empresas

El economista Norberto Zúñiga dijo que tanto la inflación negativa como las expectativas por debajo del rango de tolerancia tienen efectos perjudiciales sobre las decisiones de las personas y las empresas.

“Al esperar menores precios, desincentiva el consumo y la inversión, porque la gente pospone sus compras; esto frena la demanda, reduce la producción y podría provocar despidos”, expresó Zúñiga.

Marco Otoya, director del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA), coincidió en que una inflación persistentemente baja influye en las decisiones de los agentes económicos.

“Esto hace que las empresas y personas comiencen a postergar consumo e inversiones”, afirmó. Agregó que las personas pueden anticipar que los precios continúen a la baja en el corto y mediano plazo, lo cual impacta especialmente las decisiones relacionadas con bienes duraderos.

Zúñiga añadió que los efectos pueden ser más preocupantes cuando la disminución de los precios se presenta en bienes duraderos y de capital, ya que podría afectar los planes de inversión de las empresas.

En el caso de las empresas, Otoya señaló que este panorama complica la definición de las actualizaciones de sus precios, ante la falta de claridad sobre la evolución futura de la inflación.

Zúñiga agregó que este contexto también deteriora el valor real de las deudas, congela los salarios, dificulta la conducción de la política monetaria y, eventualmente, puede generar un círculo vicioso de caída de precios y estancamiento económico.

El propio Banco Central consignó, en su acuerdo sobre la TPM, que el adecuado anclaje de las expectativas es fundamental para la transmisión de la política monetaria, debido a que contribuye a que desviaciones transitorias de la inflación no generen presiones.

Otoya advirtió que, si las expectativas se mantienen a la baja durante un período prolongado, podría resultar más difícil que la inflación retorne al rango de tolerancia del BCCR.

Los modelos de proyección del BCCR prevén que la inflación subyacente ingrese al rango de tolerancia en el cuarto trimestre de 2026 y que la inflación general lo haga durante el segundo trimestre de 2027.

La previsión del Cinpe-UNA es que la inflación difícilmente ingrese al rango de tolerancia en 2026, salvo que se presenten choques que modifiquen el panorama de precios en los hidrocarburos, las importaciones o los bienes agrícolas.