Una nueva ofensiva golpista
La última semana de 2025, en el ámbito internacional, estuvo marcada por un encuentro cuidadosamente preparado entre el presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Los dos socios y aliados en el más ambicioso proyecto de dominio de la estratégica región de Oriente Medio se prodigaron elogios y presentaron un frente unido, presagio de nuevas aventuras bélicas.
Un súbito brote de violentas protestas contra el Gobierno en Irán estalló en los últimos días de 2025 y principios de este año, marcado por el sorpresivo ataque militar de Estados Unidos para secuestrar al presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Las manifestaciones callejeras pacíficas en el país persa, atribuidas a motivos económicos, súbitamente se tornaron de máxima violencia, con ataques de armas de fuego a las fuerzas del orden, que debieron hacer frente a actos vandálicos: saqueos, incendios de autos y edificios públicos.
Según admitió el diario The New York Times, el país se ha visto paralizado por las sanciones. Entre otras consecuencias los precios se han disparado. La caída de la moneda ha erosionado los ahorros. El desempleo es elevado. La vida de gran parte de la población se volvió cada vez más difícil.
Netanyahu llevó en su cartera, para el encuentro con Trump de una semana en Mar-a-Lago, Miami, un balance de exitosas acciones militares, entre ellas el desmantelamiento del poder militar de Siria, la destrucción de Gaza y los severos daños causados a Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano.
Sin embargo, las tensiones seguían siendo elevadas tras una guerra de 12 días en junio con Irán, en la que Estados Unidos participó brevemente.
Apenas comenzaron las protestas en el país persa, el presidente Donald Trump advirtió que Estados Unidos estaba «listo para la acción si moría algún manifestante pacífico».
A seguidas, Estados Unidos atacó Venezuela y profirió la amenaza de que podría emprender un acto semejante contra la República Islámica.
Medios de comunicación israelíes, como el diario Maariv, afirmaron que «los estadounidenses —refiriéndose al Gobierno— intentan operar dentro de márgenes de negación mediante ataques de influencia y ciberataques en Irán. Trabajan para incitar a los ciudadanos a salir a las calles y dirigir a activistas de protesta para atacar instituciones centrales».
Este lunes, el Ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, en reunión con jefes de misiones diplomáticas, puntualizó que «la violencia entró en las manifestaciones con un estilo similar al de Daesh, denominación en árabe del grupo terrorista Estado islámico.
El Canciller iraní subrayó la paradoja de que, en Estados Unidos, un policía mató a una mujer que no hizo nada, y Trump lo defendió; en Irán, Trump está a favor de los armados que matan policías.
Tenemos pruebas —dijo— de la intervención de Estados Unidos y del ente israelí en la guerra terrorista contra Irán.
Al respecto, aseguró que «el Mossad y sus colaboradores acompañan las protestas y son responsables de los asesinatos y disturbios.
«La situación en Irán, subrayó, está completamente bajo control».
En su reunión con jefes de misiones diplomáticas acreditadas en Irán, Aragchi subrayó que «las declaraciones de Trump sobre las protestas constituyen una injerencia inaceptable en nuestros asuntos internos».
Denunció que hombres armados mataron a heridos dentro de ambulancias y quemaron mezquitas.
«Tenemos imágenes —dijo— que muestran la distribución de armas a manifestantes y pronto publicaremos confesiones de detenidos».
Según las autoridades iraníes, la tercera fase de las protestas es de ataques terroristas. «Lo que ocurre no son protestas, sino una guerra terrorista contra nuestro país. Hombres armados quemaron 53 mezquitas, amenazaron comercios y atacaron más de diez ambulancias y autobuses».
La respuesta de los defensores de la Revolución popular islámica que en 1979 desalojó del poder al régimen dictatorial del Sha Reza Pahlevi, no se ha hecho esperar.
Masivas manifestaciones en todo el país salieron a repudiar al Gobierno del régimen aliado de Israel, que se apoyaba en una de las fuerzas represivas más temidas del mundo, la Savak, cuya sola mención infundía pánico.
Marchas millonarias, convocadas bajo el lema «solidaridad nacional y homenaje a la paz y la amistad», —a lo largo del día en Teherán y por ciudades y poblados—, corearon consignas contra Estados Unidos e Israel.
