A qué se refería Benjamin Franklin cuando dijo: "Si no te preparas, te estás preparando para fallar"
A todos nos ha pasado que, el día antes de un examen del que no sabemos absolutamente nada, decidimos desistir y dejar que la suerte decida nuestro futuro escolar. En ocasiones muy puntuales, funciona, e inventarte las respuestas con mucho descaro y una gran habilidad comunicativa hacen que ese cinco que tanto esperabas llegue. Pero no suele ocurrir. Benjamin Franklin parece no ser muy seguidor de esta técnica, y una cita que se le atribuye, aunque no haya una clara evidencia de ello, explica a la perfección por qué.
"Si no te preparas, te estás preparando para fallar", dijo el fundador de los Estados Unidos. Parece una frase sencilla, pero es de una gran profundidad reflexiva. Vivimos en la era de lo rápido, de los atajos y de la improvisación. Pero la improvisación solo funciona en historias de películas; en la vida real, quien planifica gana ventaja. Anticipar los problemas, prever los obstáculos y organizar los pasos no solo reduce errores, sino que te da confianza y claridad para actuar cuando llega el momento decisivo. Es como llevar un paraguas antes de que llueva: sencillo, pero imprescindible.
La frase encaja bien con la trayectoria de Franklin, ya que fue inventor, diplomático, escritor y uno de los padres fundadores de Estados Unidos, y gran parte de su vida estuvo marcada por la planificación y la autodisciplina: desde sus experimentos científicos hasta sus negocios y su labor política. Independientemente de su autoría, la idea refleja la forma en que Franklin abordaba sus proyectos, con atención al detalle y previsión.
¿Cómo podemos aplicar esta cita hoy en día?
Aunque la planificación sea clave, tampoco merece la pena obsesionarse o vivir con listas infinitas. Prepararte significa estar listo, entender lo que viene y tener tus recursos a mano. Ya sea en el trabajo, en los estudios o en proyectos personales, la preparación transforma la incertidumbre en control y la ansiedad en acción.
No subestimes el poder de la preparación. Cada pequeño esfuerzo previo es un seguro contra los tropiezos. La próxima vez que pienses “ya improvisaré”, recuerda: llegar preparado hace que el fracaso sea casi imposible de sorprenderte. Y eso, francamente, vale más que cualquier golpe de suerte.
Aplicar esta idea no significa ser perfecto ni tener todo bajo control, sino tomarse el tiempo de anticipar lo que pueda venir y preparar los pasos para enfrentarlo. Desde organizar tareas diarias hasta planear metas a largo plazo, cada acción que se hace con previsión reduce sorpresas desagradables y aumenta la confianza para actuar. La preparación no garantiza que todo salga exactamente como quieres, pero sí te da las herramientas para manejar los obstáculos con más seguridad y menos estrés.
