“El hombre es un animal depredador, el más rapaz que existe”: Valerio Magrelli, poeta
A 45 años de su debut con un libro fundamental de la poesía contemporánea, Ora Serrata Retinae (Feltrinelli, 1980), Valerio Magrelli regresó a finales de noviembre pasado a México a participar en el Festival Letras en San Luis 2025, que organiza Víctor Manuel Mendiola, quien publicó al poeta en 1990 en El Tucán de Virginia, editorial que está cumpliendo la misma edad del volumen del intelectual romano.El autor también de Nature e venature ( 1987), Esercizi di tiptología (1992), La vicevita. Treni e viaggi in treno (2009) y Il commissario Magrelli (2018) acepta esta entrevista sobre poesía e historia, sobre la cotidianidad en sus poemas, la IA o su aversión a los burócratas, sus enemigos, la nueva peste.Para Magrelli (Roma, 1957), que ha gozado de buenas traducciones en México como la de la antología 66 Poemas (anDante, 2017), de su amigo José María Micó, o las de Roberto Bernal que se han publicado recurrentemente en revistas y diarios, toda la historia es difícil, porque el hombre “es un depredador, el más rapaz que existe, y debería ser exterminado para dar espacio a la naturaleza”.“Y entonces, resignémonos. Nacemos con el único y exclusivo propósito de resignarnos”, expone con una visión quizás un tanto más pesimista respecto a aquella de su primer libro, Ora Serrata Retinae, elogiado por Octavio Paz en la edición en español de 1990 de Visor (que ha traducido varios de sus libros) y en la que el Nobel de Literatura, premio que ganó el mexicano ese año, señalaba de Magrelli: “...Poesía clara como el agua en el vaso de vidrio y, como ella, vertiginosa: en su claridad se ahogan las miradas. Poesía en la que el pensamiento se mira pensar y, al pensarse, se desvanece”.Sus poemas, desde Ora Serrata Retinae, están enfocados al hecho cotidiano, a mirar en torno. ¿Por qué eligió ese camino en la poesía?Mi impresión es que en poesía las cosas a elegir son muy pocas. Me explico: la escritura sigue sus propias líneas de fuerza, lo que llamamos “tropismo”, así como el girasol se gira hacia el sol y las plantas se orientan hacia su fuente de energía. Por lo tanto, estrictamente hablando, no elegí mi manera de escribir, sino que simplemente tuve que seguirla.¿Las palabras pueden llegar a estorbarle a un poeta?En determinadas situaciones, las palabras pueden efectivamente llegar a obstaculizar al poeta. Pienso sobre todo en Mallarmé y en su alquimia del significado. Muy a menudo, sin embargo, las palabras logran alimentar la inspiración de las maneras más diferentes.El italiano es un idioma muy musical. ¿Cómo trabaja la música en su poesía cuando esta parte del hecho cotidiano, de algo tan ordinario como la ducha?Tengo ideas muy claras y críticas sobre la relación entre la música y la poesía. Como decía alguien, la diferencia entre amore y fetore (“amor” y “hedor”) o labbra y lebbra (“labios” y “lepra”) es fonéticamente mínima, pero semánticamente enorme. Para un público que no conoce el italiano, puedo tranquilamente leer la guía telefónica, en lugar de un relato: para ese público, no habrá ninguna diferencia. Por eso no creo, de ninguna manera, que exista una musicalidad de la poesía. Como mucho, existe una musicalidad del sentido, es decir, un vínculo que el sentido establece con los sonidos.Sus poemas, al menos de sus primeros libros, me parecen muy cercanos a los de dos poetas argentinos: Roberto Juárroz y Antonio Porchia, en el sentido de que parecen siempre los poetas estar al borde de un abismo o como funambulistas en una cuerda. Se paran sobre la realidad, pero se sirven de las palabras para no caer. ¿Cómo se siente cuando está al borde de un poema?Para mí, sentirse al borde de la poesía, como dice usted muy bien, es una de las sensaciones más emocionantes que se puedan imaginar. De hecho, diría más: se escribe poesía precisamente para llegar a ese punto de oscilación, límite, extremidad. Sin temor a exagerar, creo que realmente ese es el “estado de alteración” al que queremos entregarnos en este juego espléndido y severo, un poco como esas “brechas” de las que hablaba Henri Michaux.Leí recientemente su libro La vicevita. Treni e viaggi in treno. ¿Hay algún momento en que el poeta puede dejar de ser poeta, como un obrero que termina su jornada laboral?La pregunta me gusta mucho, porque toca un punto sensible. No, a diferencia del obrero, el poeta (palabra que por desgracia detesto) nunca termina su turno de trabajo. Podemos entonces decir que escribir versos ciertamente es un trabajo más ligero y menos exigente que el de quienes ejercen muchas otras profesiones, pero nunca puede interrumpir la caza. Puede suceder que surja una idea en un viaje, en el baño, en la oficina de correos, realmente en cualquier lugar. Por eso, como dice el Evangelio, “estote parati”, es decir, “estad preparados”, porque el destello, la chispa, puede llegar en cualquier momento.¿El poeta para usted es un espectador del mundo o un espejo del mundo?Ciertamente un espectador del mundo. Renunciaría decididamente a la metáfora del espejo, porque el espejo se limita a reflejar el mundo, mientras que el poeta da su opinión sobre el mundo, cosa que, en lo que a mí respecta, equivale a decir siempre lo peor posible. Hablando de “mundo”, me viene a la mente la respuesta de un director cubano al que le preguntaron qué pensaba del comunismo: respondió que el comunismo era un guion magnífico del que él solo había hecho películas malas. Pues bien, creo que lo mismo se puede decir del cristianismo y, ay, también del europeísmo: el simple hecho de tener dos parlamentos carísimos, con un despilfarro de dinero inimaginable, me da un dolor en el corazón.¿Cómo se ha adaptado como poeta para escribir en una época dominada por la velocidad, el ruido digital y la distracción constante?Otra buena pregunta. Una de las definiciones que dio de la poesía el crítico ruso Viktor B. Šklovskij fue la de “palabra frenada”. Me gusta muchísimo, porque hace entender bien el sentido del roce, de la fricción, del esfuerzo, que adquiere la palabra poética en comparación con la palabra lubricada, aceitada, sin ningún peso, que en cambio domina el intercambio cotidiano.Acabo de ver About a Hero, una película en la que, con la inteligencia artificial, se elabora un guion y se crea un falso documental de Werner Herzog con la voz e imagen del cineasta alemán. ¿Qué ventajas, qué futuro ve en la IA para la poesía?No tengo una idea precisa sobre la inteligencia artificial, la he probado un par de veces y nada más, pero esto depende sin duda de mi esencial incapacidad frente a la tecnología. Aun así, puedo decir que comparto plenamente lo que observó un escritor italiano, recordando que la inteligencia artificial no tiene inconsciente y, por lo tanto, nunca podrá escribir un libro como los de Carlo Emilio Gadda.¿Qué diría sobre lo que significa ser poeta frente a la Historia en este momento del siglo XXI, que vive varios genocidios, como el perpetrado por Israel en Gaza, o los del Congo y Sudán?He escrito varias poesías, en particular sobre Gaza, como antes había escrito sobre la guerra en general. Considero que el hombre es un animal depredador, el más rapaz que existe, y debería ser exterminado para dar espacio a la naturaleza, la cual, al menos, es mucho más armoniosa. Por lo tanto, no creo que se deba hablar de tiempos difíciles: toda la historia es difícil. No creo que nuestros tiempos sean más difíciles que los de la Segunda o la Primera Guerra Mundial, por no hablar de las infinitas guerras coloniales que han azotado nuestra civilización. Y entonces, resignémonos. Nacemos con el único y exclusivo propósito de resignarnos.¿Cómo se mantiene un poeta “moderno”, contemporáneo? ¿Qué necesita?Si la pregunta se refiere a la cuestión económica, debo decir que he tenido una suerte extraordinaria, porque elegí la universidad. Para mí, dar una clase es de las cosas más hermosas que existen, algo que me llena de alegría y me ayuda a soportar los ataques desdichados y criminales del Enemigo: la burocracia. Sí, porque lo que ha reemplazado a la peste no es el covid, sino los burócratas. He creado expresamente una palabra para definirlos: “necroburócratas”, es decir, administradores de la muerte. En cuanto al resto, el poeta moderno vive como puede, entre periódicos y conferencias.¿Quién es hoy usted para sí mismo y para los demás: el poeta de Ora Serrata Retinae o el intelectual de Il Commissario Magrelli? ¿Cuál prefiere usted?Esta es otra buena pregunta, pero en realidad no puedo dar una respuesta, porque no puedo elegir. Ni siquiera sabría exactamente qué elegir: simplemente, del autor de Ora Serrata Retinae me he convertido en el Comisario Magrelli, texto con el que me identifico sobre todo a partir de la imagen de “oveja de combate”. De hecho, es como si el elemento comunitario, social, hubiera tomado cada vez más espacio: mientras en el primer libro decía ser un “propietario” que atraviesa sus tierras, hoy diría que me he convertido en un “inquilino” que intenta salir adelante vagando por tierras que ya no son suyas.AQ / MCB
