El patio trasero
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SI hay algo que nunca ha ocultado Donald Trump es su visión del mundo: una jerarquía de países y personas en la que solo merecen atención quienes resultan útiles a sus pretensiones. En ese esquema, los venezolanos -sus millones de exiliados, sus presos políticos, su sociedad devastada, sus legítimas elecciones- no son sujetos de derechos ni aliados democráticos, sino una molestia, una carga o, en el mejor de los casos, una ficha intercambiable. Conviene decirlo con claridad: a pesar de haber liberado al país del impresentable dictador, hay indicios de que a Trump no le importa Venezuela, y mucho menos los venezolanos. Durante su primer mandato, el presidente estadounidense utilizó la crisis venezolana como un instrumento retórico. Le sirvió para... Ver Más
