El cuarto rey mago español que se coló en una cabalgata del siglo XVII
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Años antes de su proclamación, Felipe de Borbón se vistió como rey en Zaragoza. Ocurrió en 1985 cuando el monarca era alumno de la Academia General Militar. Según contó su antiguo tutor José Antonio Alcina en 'Felipe VI: La formación de un Rey' (La Esfera de los Libros, 2004), en aquellas Navidades se disfrazó del rey Gaspar, con barbas postizas y corona de plástico. Tal vez no lo sabía, pero aquel día entroncó con una antigua tradición. « Reyes de España de la Casa de Austria se hicieron retratar en cuadros y esculturas como Rey Gaspar », señala Francisco José Gómez, autor de la 'Breve Historia de la Navidad' (Nowtilus, 2019), que incluirá ésta y otras costumbres navideñas más en un nuevo libro que prepara con Ediciones Encuentro. El profesor e historiador castellano, que enseña Religiones del Mundo Antiguo en el Instituto Bíblico y Oriental de León, recuerda que ya hubo un antecedente con Fernando el Católico, a quien «se le reconoce perfectamente de pie con una copa en la mano» en la 'Adoración de los Magos' de Francisco de Osona (Victoria & Albert Museum). El pintor Marco Cardisco representó después a Carlos I como Gaspar en un lienzo que hoy se muestra en el Museo Cívico de Nápoles y a este monarca se le reconoce por sus rasgos físicos en una escultura del mismo rey mago del retablo mayor de la Capilla Real de Granada. «Había toda una intención de dejar claro que los Reyes de España se inclinaban delante del Rey de reyes, que reconocían su supremacía y le llevaban regalos, en un momento en que España estaba extendiendo el Evangelio en América y libraba guerras en defensa de la religión católica», según Gómez. La costumbre se extendió hasta la época de Felipe II y siempre se retrataban como Gaspar porque «era el rey perfecto , europeo, como ellos, ni anciano ni joven, ni rey cansado ni inexperto, que reconoce la condición divina del Niño pues es el que lleva el incienso», explica el historiador. En una cabalgata tallada por Luisa Roldán 'La Roldana' hacia 1670-1690 y que hoy forma parte de la colección del Museo Nacional de Escultura de Valladolid también se observa a un rey mago que, como su heraldo y sus dos pajes, va vestido a la moda española del reinado de Felipe II . En este caso, sin embargo, no se corresponde con Gaspar. Es un cuarto personaje que sorprendió a Alfonso Pleguezuelo cuando estudió el conjunto en 2023. «¿Cuándo y por qué pasaron a ser cuatro?», se preguntó el historiador del arte en un artículo en Ars Magazine . La única referencia a los Reyes Magos en la Biblia es un escueto relato de San Mateo sobre unos «magos» llegados de Oriente que le ofrecieron a Jesús oro, incienso y mirra. La breve narración no precisa cuántos eran, ni sus edades o sus nombres y ninguno de los demás evangelistas los mencionan. «Sorprende que el autor del Evangelio de Lucas, que es muy cuidadoso con los detalles de la infancia y con las ilustraciones escénicas, no dijera nada del acontecimiento», comenta Jaime Vázquez Allegue, doctor en Teología Bíblica. «En cualquier caso -añade-, la antigüedad de la Adoración de los Magos convierte a este relato en una de las tradiciones más antiguas y más transmitidas en la Teología Popular a los largo de los siglos, aunque ésta tuviese que apoyarse en relatos apócrifos». Según explica este profesor en el CESAG (Universidad Pontificia Comillas), la creencia de que eran monarcas es muy antigua, pues ya consta en el apócrifo Evangelio Armenio de la Infancia , una obra del siglo V o VI que procedería de un original griego del siglo II o principios del III. «La realeza de los magos estaría justificada por la intencionalidad de vincular las monarquías terrenas a la realeza de Jesús como Hijo de Dios», como un «reflejo del sometimiento de las monarquías terrenas a la realeza divina», indica. «El lugar de nacimiento de Jesús exige que los Reyes Magos tengan que venir de Oriente », continúa el experto, porque allí se habían desarrollado las grandes monarquías de la Antigüedad y «para las tradiciones antiguas, por el Oriente (el Este) llegaba la luz que señalaba, brillaba e iluminaba». Aunque en obras apócrifas se habla de dos, cuatro y de hasta doce magos, Vázquez explica que el número tres tampoco es una casualidad pues « tres en hebreo y arameo representa la fórmula de grandiosidad divina ». Ya Orígenes concluyó en el siglo II que eran tres por el número de ofrendas que le presentaron al Niño y que, según el Papa León I, fueron oro por ser rey, incienso por tratarse de Dios y mirra, por ser un hombre que habría de morir joven. Del apócrifo armenio se tomaron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar , a quienes se les ha representado de diferente manera a lo largo de los siglos. Fue a finales de la Edad Media cuando Baltasar se transformó en un hombre de raza negra , como proyección universal del mensaje cristiano que no distinguía entre edades o etnias. Siguiendo esa misma idea, tras el descubrimiento de América a los tres Reyes Magos se les sumó uno más en algunas obras, como en la Adoración de los Magos (1504) de Vasco Fernandes, donde un cuarto rey luce un penacho de plumas y una azagaya amazónica. El estadounidense Henry van Dyke también escribió un relato a finales del siglo XIX sobre un mago más, llamado Artabán , aunque esa idea de un cuarto rey ya existió anteriormente en España. La ocurrencia se basaba en las referencias bíblicas a Tarsis, que se ha venido identificando con Tarteso , la antigua civilización ibérica del suroeste peninsular. El rey de Tarsis habría contribuido con sus riquezas a la construcción del templo de Salomón y se habría ganado el reconocimiento como «un rey bíblico tan mítico como los que ofrecieron sus presentes al Niño Jesús», explicaba Pleguezuelo en su investigación. Según el historiador del arte, fray Gerónimo de la Concepción llegó a defender «hipótesis tan osadas como que España fue la primera provincia de Occidente en recibir la fe cristiana, que los magos fueron oriundos de tierras hispánicas, que éstos pasaron por Cádiz camino de Belén (…)». A su juicio, el cuarto rey mago de La Roldana podría ser ese mítico rey de Tarteso , una hipótesis que a Gómez le cuadra «por esa idea de la llegada de los Reyes Magos desde los confines del mundo». «Si la gente en vez de quedarse con la tontería de que Benedicto XVI dijo que los Reyes Magos eran españoles hubiese leído un poco lo que quería decir el Papa, se habría enterado de las referencias que hay y que La Roldana dejó claramente manifiesto», comenta este historiador. A su juicio, ese cuarto rey de Tarsis es un reflejo más de la «gran devoción» que desde antiguo se ha tenido en España a los Reyes Magos . Recuerda, por ejemplo, que la primera obra teatral española fue el ' Auto de los Reyes Magos ' o que una familia de comerciantes burgaleses, los Astudillo , costearon los gastos de la tumba de los Reyes Magos en Colonia. Así consta en la inscripción de su sepultura en la Catedral de Burgos. Hallados en el siglo IV en Saba por Helena, la madre del emperador Constantino, los supuestos restos de Melchor, Gaspar y Baltasar fueron llevados a Constantinopla y años después entregados al obispo Eustorgio, quien los trasladó a Milán. Se cuenta que los bueyes que transportaban la pesada arca con las reliquias cayeron exhaustos en el lugar donde Eustorgio fundó la basílica que lleva su nombre . Milán presumió durante siglos de cobijar en ella a los Reyes Magos hasta que las tropas del emperador Federico Barbarroja confiscaron las reliquias en 1164. El medievalista Igor Santos Salazar , profesor en la Universidad de Trento, explica que los Reyes Magos fueron una «pieza fundamental» de un discurso político que pretendía sacralizar el poder de Federico I «como nuevo rex et sacerdos (rey y sacerdote), en una perfecta 'imitatio' de los Reyes Magos, que solo tuvieron por encima a Cristo». Desde el siglo XII las presuntas reliquias de los Reyes Magos descansan en un rico relicario en la catedral de Colonia , que atrae a peregrinos y curiosos de todo el mundo. Milán logró en 1903 que les fueran devueltos algunos fragmentos de los restos, que se conservan en una vitrina de la basílica de San Eustorgio. Sin embargo, Gómez asegura que España, con sus grandes cabalgatas - algunas como la de Alcoy (Alicante), Sevilla o Huelva, con más de un siglo de antigüedad-, «es el país donde mayor importancia y grandiosidad se concede a los Reyes Magos ». Quizá, argumenta el historiador, «porque España tuvo mucho peso en la evangelización del mundo». De los dulces o el carbón que Melchor, Gaspar y Baltasar dejaban antiguamente en los balcones, pasaron desde mediados del siglo XIX a traer juguetes para alegría de los más pequeños. Las costumbres han ido variando pero no el sentido de su fiesta que, a juicio de Gómez, sigue intacto para creyentes y no creyentes. «Son esos hombres que buscan la esperanza, la luz en la oscuridad, que dejan las comodidades para ponerse en camino, descubren lo grande en lo pequeño, dan lo que tienen y vuelven por otro camino porque han cambiado».
