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Elecciones subnacionales en medio de atomización política

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Al vislumbrarse en el horizonte las elecciones subnacionales del 6 de marzo, Bolivia enfrenta un panorama político inédito en dos décadas: la ausencia de un eje ordenador claro, la proliferación de decenas de candidaturas sin proyecto definido y el surgimiento de liderazgos construidos desde las redes sociales. El derrumbe del Movimiento Al Socialismo (MAS) como fuerza hegemónica dejó un vacío que ninguna expresión política ha logrado llenar, configurando una transición incierta hacia un nuevo ciclo político aún no definido.

Carlos Saavedra, comunicador y experto en comunicación política, analiza este momento histórico identificando tres variables centrales que explican la atomización electoral: el fin de 20 años de hegemonía masista, la desinstitucionalización de los partidos políticos y el vaciamiento de la política como proyecto para dar paso al marketing digital. «Creo que hay un escenario de absoluta fragmentación, atomización de expresiones políticas», afirma. Advierte que este fenómeno no es exclusivo de Bolivia sino parte de una tendencia global que está reconfigurando la política en todo el mundo.

En esta entrevista exclusiva con Animal Político, de La Razón, Saavedra aborda desde el fenómeno de TikTok como trampolín electoral hasta la ausencia de referentes ideológicos globales, pasando por un análisis detallado de las principales contiendas en La Paz, El Alto, Santa Cruz y Cochabamba. Su diagnóstico revela un país en plena transición, donde «lo que ha muerto todavía no se termina de enterrar» y «tampoco hay algo que termine de nacer plenamente».

Una transición pantanosa

El punto de partida del análisis de Saavedra es contundente: Bolivia vive el derrumbe de un proyecto político que ordenó la vida nacional durante dos décadas. «El MAS, aunque pueda gustar o no, está claro que ordenaba no solo la política nacional, sino también la disputa del poder autonómico», explica. «Ordenaba en términos de que las oposiciones hacían un esfuerzo para armar un bloque antimasista, y el masismo era prácticamente hegemónico en el campo de las izquierdas populares».

La desaparición de ese eje vertebrador ha generado un efecto dominó. «La desaparición del MAS como expresión política, porque hoy día no hay ni una sigla ni un liderazgo que haya logrado decir ‘ese caudal antiguo electoral es mío’, hace que haya un tremendo vacío», señala Saavedra. «Ante ese vacío hegemónico, muchas expresiones políticas pequeñas se animan, porque ya no hay ese dragón de tres cabezas al cual había que combatir».

El interregno

Este momento de transición se caracteriza por una paradoja: el MAS no asume su derrumbe, pero tampoco emerge un nuevo proyecto capaz de articular una nueva hegemonía. «Creo que lo que termina caracterizando este momento es esa sensación de transición pantanosa, densa, difícil, todavía muy marcada por la nebulosa», observa Saavedra. «Donde mucha gente en el MAS ni siquiera termina de asumir que se ha derrumbado catastróficamente su ciclo político. Pero donde tampoco está marcado hacia dónde va la política del país».

Nuestro invitado identifica algunos intentos de conformar un frente unido. «En términos de lo que era la oposición al MAS, que hoy es parte del gobierno, creo que el esfuerzo más importante por articular fuerzas —sin que sean parte de un proyecto político todavía— es Patria», señala, mencionando las alianzas con Luis Fernando Camacho en Santa Cruz, Rafael Quispe en La Paz, Adrián Oliva en Tarija y Luciana Campero, entre otros. «Aun así, hay una tremenda fragmentación en Santa Cruz».

Factores que impulsan la división

Saavedra estructura su análisis en tres variables que, combinadas, explican la atomización política actual. La primera, ya mencionada, es el derrumbe hegemónico del MAS. La segunda tiene que ver con el sistema de partidos y el fracaso de las agrupaciones ciudadanas.

«Cuando se pensó el tema de las agrupaciones ciudadanas, se las pensó como una lógica de dar mayor participación, de generar la capacidad de poder estar en las elecciones a gente que no pertenecía a un partido, ante los transfuguismos que había», explica Saavedra. «Pero al final terminó degenerando en una erupción gigantesca de siglas, pero siglas sin formación, sin candidatos que tengan formación política. Sin estructuras políticas, sin ideología, absolutamente vaciadas de proyecto, vaciadas de horizonte de futuro».

Sigla, no partidos

El resultado es devastador. «Hay muchos cascarones vacíos. Además, siglas que se han convertido en instrumentos para hacer hasta negocios, porque las siglas se alquilan, se venden», indica. Para Saavedra, la responsabilidad recae parcialmente en el Tribunal Supremo Electoral (TSE). «Durante mucho tiempo ha habido fallas en el TSE porque no ha controlado de verdad que se cumpla con lo que establece la ley. Esto es, que haya proyecto político, que haya formación al interior de las agrupaciones ciudadanas, que se respeten los mecanismos internos de selección de candidatos».

La tercera variable es quizás la más disruptiva: el fenómeno de las redes sociales y la creencia de que una comunidad digital puede sustituir a un proyecto político. «En las redes se genera el imaginario de que una comunidad, un influencer, puede terminar reemplazar un proyecto y un partido político», advierte Saavedra. «Muchas veces se confunde la idea de proyecto y de partido político con comunidad digital, y no es lo mismo».

Para el analista, “la política sigue teniendo como su esencia las ideas, los horizontes de futuro comunes. Los liderazgos obviamente, en la era de la revolución digital, tienen que usar como un instrumento fundamental que son las redes». El problema surge cuando se invierte la ecuación: «Creo que lo que pasa en Bolivia y en el mundo es que muchas veces piensan que se puede prescindir de la política para armar estructura y solo usar las redes».

TikTok, el nuevo trampolín

La irrupción de TikTok como plataforma política marca un antes y un después en la forma de hacer campaña en Bolivia. Saavedra es categórico y sostiene que «hoy es la red política masiva más importante». Esta afirmación se sustenta en casos concretos que están redefiniendo el mapa electoral, especialmente en El Alto y Santa Cruz.

«A mí me ha parecido algo muy interesante lo que pasó en la última elección en Bolivia. En los medios tradicionales, casi nadie le daba importancia a Edmand Lara. Pero Edmand Lara ya venía con una comunidad digital muy grande y extensiva», recuerda. Usa este ejemplo para ilustrar cómo los medios tradicionales perdieron capacidad de marcar agenda frente a las plataformas digitales.

El fenómeno responde a un cambio estructural en el consumo de información y entretenimiento. Citando el libro «El arte de ganar» de Jaime Durán Barba, Saavedra explica que «en los años sesenta hacer política era una de las cosas más divertidas que existía, porque no tenías grandes opciones de entretenimiento. Hoy, en tu celular, en las plataformas de televisión, tienes miles de formas de entretenimiento. Lo menos entretenido es formar parte de un grupo de gente que está debatiendo en forma tradicional la política».

Esta revolución digital ha generado una nueva configuración social. «Se ha empezado a construir cientos de comunidades, configuradas cada una con algoritmos distintos. Esto termina construyendo burbujas o grupos de interés cada vez más segmentados. Así, se tiene una sociedad mucho más fragmentada, y por ende, una política mucho más fragmentada».

Los liderazgos que emergen de este ecosistema tienen características particulares. «Son liderazgos muy arraigados en tribus digitales, en identidades muy marcadas que tienen un nacimiento en lo digital y que poco a poco van creciendo. Después ya se vuelven parte de una escena pública, pero nacen de ahí», explica Saavedra.

Sin embargo, estos liderazgos enfrentan una limitación fundamental: su capacidad de trascender la burbuja que los creó.

Crisis global

El fenómeno boliviano no ocurre en el vacío. Para Saavedra, forma parte de una reconfiguración política global donde las categorías tradicionales de izquierda y derecha pierden sentido. «El fenómeno que termina siendo mundial es el fenómeno de la reconfiguración política. Las fronteras y las divisiones ideológicas de la modernidad clásica de izquierdas y derechas también desaparecen. Porque la irrupción del reinado de la revolución digital se marca globalmente», explica.

Lo que sí prolifera, tanto en Bolivia como en el mundo, “son expresiones políticas tribalistas. Hay muchos liderazgos que representan esta lógica tribalista, política identitaria fuerte, marcada en la primera ministra de Italia, por ejemplo. Los rasgos de Javier Milei en su conformación, las ultraderechas que han tenido participación muy importante en todas las elecciones de Europa», enumera.

La revolución digital no solo fragmenta. «¿Qué hace también esta lógica de la revolución digital en el mundo? Pues marca y acentúa más las polarizaciones», advierte Saavedra. «Es un fenómeno harto complejo y muy interesante, porque no solo afecta el escenario local. Al final, nosotros terminamos siendo también una muestra más, obviamente con sus contextos distintos, con sus características, con sus matices, pero al final una muestra más de lo que termina pasando en la región y por ende en el mundo».

La disputa en el eje central

En medio de este panorama conceptual, las elecciones subnacionales ofrecen batallas concretas que ilustran las tendencias descritas.

La Paz, sin favoritos claros

En la sede de gobierno, Saavedra identifica una contienda muy pareja. «El que viene haciendo campaña hace mucho más tiempo, viene con un proyecto municipal más largo, es César Dockweiler, pero él tiene un problema, muy fuerte diría yo. Me parece muy técnico y poco cercano, bastante alejado de las masas. Y tiene la sombra del masismo, que en este momento de posmasismo es lo más duro».

La multiplicidad de candidatos provenientes del actual concejo municipal añade confusión: «El mismo alcalde está yendo, a pesar de que tiene niveles de aprobación que son bajos. Una gestión que ha estado bastante castigada en términos de opinión pública. Hay varios concejales candidateando, además». En suma, «a diferencia de los municipios de Cochabamba y de Santa Cruz donde hay claros favoritos en la disputa, en La Paz veo que hay una disputa muy pareja».

En la ciudad vecina, Saavedra identifica un favorito claro- «En El Alto veo que Gabriel Mamani llega con mucha fuerza». Su fortaleza radica en su perfil porque «de alguna manera caracteriza esto que en El Alto siempre tiene mucha atracción electoral. Es la idea de rebeldía, de pararse frente al sistema».

La ausencia de figuras como Eva Copa es significativa. Morena, la sigla de la actual alcaldesa, “por el momento no tiene a nadie de candidato. Evo Morales tampoco. Es otro proyecto que tiene un derrumbe casi total», sintetiza.

La carrera por la Gobernación paceña tampoco presenta figuras descollantes.

Cochabamba en la coyuntura

Si hay algo parecido a una certeza electoral en este panorama fragmentado, es la fortaleza de Manfred Reyes Villa en Cochabamba. «Yo creo que ahí la potencia que tiene Manfred es tremenda. Cochabamba se sigue ordenando a partir de él», afirma Saavedra sin ambigüedades. Si bien «mucha gente no ve a Manfred como presidente, pero sí lo ven como la autoridad local».

Desde la perspectiva de nuestro analista invitado, el alcalde cochabambino es uno de los pocos liderazgos hegemónicos que se mantiene vigente. “Es más, diría que en la actualidad es más fuerte que Luis Fernando Camacho, a quien yo lo veo debilitado».

En cuanto a la Gobernación, Saavedra observa como elemento llamativo que el evismo no presentó una candidatura, pese tratarse de su bastión geográfico. Ve ahí un panorama igualmente sin una figura que se erija como referente.

Santa Cruz, un escenario abierto

El caso cruceño ilustra perfectamente la tesis central de Saavedra sobre el fin de las hegemonías. «Yo creo que el caso de Santa Cruz es el más paradigmático en cómo se configuraba el escenario político nacional entre masismo y antimasismo», señala. «Si se recuerda, la anterior elección era prácticamente Camacho el único candidato. Es más, logró el respaldo de Angélica Sosa, de Samuel Doria Medina y otros liderazgos desde distintos partidos. Y él era prácticamente el único candidato a gobernador».

Hoy el panorama es radicalmente distinto. «La noticia es que hay muchos candidatos del bloque conservador que se han animado a disputar con Luis Fernando Camacho». Esto incluye figuras como Juan Pablo Velasco y Juan Carlos Medrano, en un escenario donde «hay más de una decena de candidatos». Para Saavedra, esto es sintomático. ¿Camacho es el candidato a vencer? Sí, pero hay varios que se han animado a ir a la pelea y a la disputa política por la Gobernación».

En la alcaldía cruceña, identifica un fenómeno interesante. «Manuel Saavedra, Mamén, ha construido su candidatura. Logró un favoritismo que hace tres meses parecía que no tenía a nadie al frente». Sin embargo, la aparición de Alfredo Solares «que tiene también una impronta popular y también nace de las redes sociales, creo que puede ponerle un rival desde ese mundo popular que estaba huérfano».

Un termómetro del futuro político

Saavedra concluye con una proyección. «Parece que en los tres departamentos del eje central podrá haber segunda vuelta. Y eso es muy interesante porque eso puede tumbar muchos favoritismos y puede ser un termómetro interesante de la política nacional y local».

Las elecciones subnacionales, entonces, son mucho más que una contienda por alcaldías y gobernaciones. Son una prueba por la que pasa nuestro país en su tránsito de un ciclo político agotado hacia uno nuevo aún por definirse. Las reglas del juego se están reescribiendo en tiempo real, por primera vez en dos décadas, nadie puede reclamar con certeza la hegemonía del futuro.

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