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Ramón Armando, Manuel y Enrique: tres historias que ejemplifican la dureza de la represión franquista en los 60 y 70 por defender los derechos

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Dos de ellos fueron condenados a tres años de prisión por los Sucesos de Sardina, donde la empresa SATRA no pagaba a sus trabajadores. Enrique fue condenado por la huelga de guaguas de los años setenta. Fueron golpeados y humillados. Todos creen que es necesario que se conozcan estas historias y frenar el avance de quienes quieren una "España en blanco y negro" y sin derechos

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Ramón Armando León Rodríguez, Manuel Vizcaíno y Enrique Caro tienen grabado a fuego en su memoria los años de dictadura. Saben lo que es vivir con miedo a que te arresten, lo que es sufrir golpes de la Guardia Civil, la precariedad que sufría el pueblo canario, vivir en la clandestinidad por miedo a que te descubran y no sepas que va a ser de ti… Todo ello, simplemente, por defender los derechos y libertades, por defender otra idea de España de la del Régimen represor que se había instaurado. Hoy dicen no entender los discursos que avanzan propiciados desde las redes sociales y la extrema derecha, que inoculan a la juventud consignas como que “con Franco se vivía mejor”. Es por ello que deciden volver a contar su historia: quieren visibilizar que la represión no solo se produjo en los primeros años del golpe de Estado, sino que perduró hasta los últimos días. Durante 40 años, la población vivió con miedo. “La represión ocurrió hasta la muerte de Franco, y la cárcel fue tremenda”, resume Armando. 

Los Sucesos de Sardina del Norte, hito en el movimiento obrero de Canarias, marcaron la vida de Ramón Armando León Rodríguez y de Manuel Vizcaíno. Ambos fueron condenados a tres años de cárcel por participar en esa reunión con los trabajadores de la empresa SATRA que no pagaba desde hacía tres meses. Ese encuentro, que se celebró en la Cala Martorell en Gáldar finalizó con tiros de la Guardia Civil y con numerosas personas detenidas. 

La primera vez que detuvieron a Ramón Armando era muy joven, pues tenía apenas 19 años. Se produjo en el contexto de las celebraciones del Primero de Mayo de 1966 y lo detuvieron junto a otro compañero. Él portaba unas banderas y si lo pillaban diría que iba a animar a un bote de vela latina que era de color rojo como la bandera. Recuerda que los llevaron a un cuartel de la Guardia Civil y después los entregaron a la Brigada Político Social.

Los encerraron en un calabozo pequeño y de madrugada sacaron a su compañero. Cuando regresó asegura que tenía el trasero en carne viva de todo lo que le habían pegado con un palo de madera y ahí supo la que se le avecinaba. “Me dieron una paliza, que me meé hasta los pantalones. Me amarraron en cuclillas tipo un pato y me empezaron a dar hostias”, resume. Después lo trasladaron a prisión donde pasó un mes y medio y al año siguiente le salió el juicio, del que resultó absuelto. 

Explican que otros compañeros corrían otra suerte y te podían enviar a un batallón disciplinario en el Sáhara si estaban en edad militar. “Ese era otro mecanismo de represión, meterlos en el cuartel, quitar las licencias y llevarlos a África”, agrega Enrique Caro. 

Manuel Vizcaíno cuenta que también estaba presente en la celebración de ese Primero de Mayo en el que se llevaron y golpearon a Ramón Armando, pero él pudo huir. Antes sí lo habían apresado por pertenecer al movimiento Canarias Libre en el año 1962. “No me dieron una brutal paliza como la de Armando pero sí bofetadas, empujones, me tiraban contra la pared…” Relata que él y compañeros les dieron un trato degradante. Después, les hicieron un consejo de guerra sumarísimo por rebelión militar y en su caso le cayeron seis meses y un día. Y una multa de 15 mil pesetas. 

Los Sucesos de Sardina del Norte

Las vidas de Ramón Armando y de Manuel Vizcaíno están conectadas por la lucha en la izquierda canaria y por los sucesos de Sardina del Norte. Ambos cuentan que desde el Partido Comunista ya se habían celebrado numerosas asambleas con trabajadores por toda la isla de Gran Canaria: con aparceros, chabolistas, trabajadores del sector de la basura, de puertos… Consideran que la reunión con los trabajadores de la empresa SATRA fue “la gota que colmó el vaso” y que había infiltrados en esas reuniones. Hubo personas del partido que no estuvieron de acuerdo con la celebración de ese encuentro en la Cala Martorell, pero tuvo una gran acogida. El resultado fue: decenas de detenidos, entre ellos el líder del PCE en las Islas Tony Gallardo, y dos heridos de bala por parte de la Guardia Civil. 

Enrique Caro, que era entonces estudiante de Biológicas de la Universidad de La Laguna, también estaba vinculado a esta lucha. Había estado presente en una reunión anterior pero ese fin de semana no pudo estar en Sardina del Norte porque tenía exámenes. 

Ramón Armando y Manuel Vizcaíno cuentan que primero pasaron por la prisión de Barranco Seco y después los trasladaron a Cádiz. Ambos guardan muy bien los recuerdos de aquella travesía en barco en la que iban esposados y que no les daban de comer. Fueron tres días de viaje horribles, “nos trataron como si hubiéramos cometido un crimen”, lamentan. “Me dieron ganas de orinar y me llevaron esposado y acompañado con metralleta al baño”, asegura Manuel. 

La primera cárcel por la que pasaron fue en Cádiz, que aseguran que los “metieron en la misma celda” en una prisión en malas condiciones. Después pasaron por una especie de mazmorras en el Puerto de Santa María. “Eran unas leoneras, con una cama de hierro”, explican. “Y cuando nos trajeron la comida era una especie de caldo de papas con un huevo duro podrido dentro”, afirma Manuel. 

Tanto Armando como Manuel fueron condenados a tres años de prisión por los Sucesos de Sardina del Norte, es decir, solo por querer ayudar a los trabajadores y apoyar la lucha obrera. Unos juicios que además se realizaban sin garantías. La mayor parte de la condena la cumplieron en Soria juntos. Explican que según el grado de la condena ibas a una cárcel u otra y que muchas veces eran castigados por ponerse en huelga de hambre porque querían conseguir el estatuto del preso político. En esa cárcel guardan historias como que coincidieron con presos de ETA y que se les propuso fugarse, pero que ellos declinaron porque sería pasar a la clandestinidad. 

En esas huelgas de hambre Armando recuerda que se quedó pesando en una de ellas 30 kilos y Manuel señala que una la terminaron un 31 de diciembre. Las sanciones por hacer estas huelgas implicaban ir a la celda de castigos donde les quitaban el colchón por el día y se los daban por la noche. Tampoco les dejaban salir al patio. 

Sus vidas quedaron truncadas esos tres años. Ramón Armando era electricista de profesión y Manuel profesor de natación, pero tenían compañeros que en aquel tiempo ya eran padres con niños pequeños. Además, una vez salías de prisión lamentan que te impedían sacarte el pasaporte, que no podías trabajar en un cargo público… “Es que te quitaban todo”, subraya Armando. 

Mujeres valientes, protagonistas y grandes olvidadas

También explican que las mujeres son las grandes olvidadas y protagonistas de esas historias de la represión durante la dictadura, ya que les apoyaban, ayudaban en la cauda. Por ejemplo, en los Sucesos de Sardina del Norte varias mujeres se encerraron en la catedral de Santa Ana en 1968 en señal de protesta. 

El blog de Pedro Medina Sanabria, donde se recogen numerosas sentencias de tribunales militares a represaliados del franquismo en Canarias, entre ellas las sentencia de todos los condenados en los sucesos de Sardina del Norte, añade una nota en la que se refleja que cuando los familiares de los presos acudieron al Puerto de Las Palmas a despedirlos porque marchaban en un barco a la Península, el Jefe de los Inspectores de la Social, Heliodoro Pérez Díaz, al pasar en su coche oficial, lanzó el improperio “Ahí van esas putas”, a lo que Ana Morales Ruiz y María Victoria respondieron, por lo que fueron golpeadas y condenadas ellas por supuestos insultos a la autoridad cuando fueron ellas las insultadas. 

Enrique Caro es muy insistente en que las mujeres formaban parte de esa red de solidaridad sin la que no hubiera sido posible esa resistencia al Régimen y que se le pudiera hacer frente desde la clandestinidad. 

El periplo de la huida de Enrique Caro 

La historia de Enrique Caro viene en parte contada en el libro ‘Una isla de libertad en el mar del franquismo. La Universidad de La Laguna durante el rectorado del doctor Benito Rodríguez Ríos donde recoge que entre mayo y junio de 1972 era estudiante de Biológicas y estuvo en la prisión de Santa Cruz de Tenerife porque fue condenado a tres años por desórdenes públicos relacionados con la huelga de guaguas del año 70. “Fue condenado a través de un procedimiento extraordinario dentro del Tribunal de Orden Público”, detalla el libro. 

Caro explica que era un militante conocido y que la policía lo tenía muy vigilado. Explica que su primera detención se produjo cuando tenía apenas 17 o 18 años y le dieron un cachetón y un golpe en la espalda. Después de eso hubo otras detenciones más, pero asegura que “tuvo suerte”. Una de las anécdotas que cuenta es que escapó en un momento importante en el que le rodearon la puerta de su casa, un edificio de seis plantas. Logró bajar por las cañerías y llegó primero donde estaba el piso de Romero Pi, simpatizante del Partido Comunista y su pareja. Ambos le escondieron en una habitación y aseguraron que no podían abrirla porque se trataba del cuarto de un compañero de Lanzarote que lo cerraba cuando se iba a su casa y preguntaron si traían orden de registro.

Mientras tanto, como había un guardia en la puerta, Enrique consiguió saltar la casa de Gilberto Sigú, funcionario y veterano militante del PCE. Después de ese acontecimiento, se fue al Rectorado, se puso en contacto con el partido y con Jerónimo Saavedra. 

En el libro se explica que Enrique Caro, enterado del motivo por el que sufría acoso policial, por su condena en rebeldía, decidió presentarse para su ingreso en prisión y así eludir su paso por comisaría donde lo esperaban las BPS (Brigada político social). La intervención de Jerónimo Saavedra fue determinante, explica ese libro y él, con el apoyo del rectorado, ante el juez para evitar su paso por la comisaría. En prisión, Enrique Caro explica que coincidió con figuras como Tony Gallardo. 

Caro señala que durante el estado de excepción el partido le dijo que debía permanecer escondido y asegura que pasaba muchas épocas en casas de personas que le ayudaban y que también se ponían en riesgo. Por ello, ensalza toda esa red de personas cuya labor fue fundamental. Estuvo escondido una época en Lanzarote, en Famara. 

Militancia en las venas 

La historia de Enrique Caro está vinculada con la lucha antifranquista en sus venas y le viene de familia. Su abuelo paterno, Enrique Caro Aguilar, fue preso y también su abuela materna. Ambos fueron víctimas de la depuración del Magisterio en Gran Canaria. Cuenta que su padre fue también depurado como alumno y su abuelo materno, funcionario de Correos, y presidente de la Agrupación Local del PSOE de Las Palmas de Gran Canaria, Andrés Zamora, fue detenido a mediados de septiembre de 1936. Fue preso en el campo de concentración de Gando junto a 10 presos canarios, todos ellos con responsabilidades en la República los trasladaron a la Península y a finales del 36 fueron asesinados en Talavera de la Reina por una brigada de falangistas canarios. Se trata de la historia conocida como los Diez del Domine. “Mi familia sobrevivió gracias a la solidaridad de Socorro Rojo y amistades”, asegura. 

Ramón Armando, por su parte, también rememora que su abuela era una luchadora y Enrique Caro incide en la importancia de la transmisión familiar. “Mi madre junto a sus hermanas, que les llamaban las tres hermanas Zamora, iban a visitar a los enfermos de San Martín, a los enfermos rojos. Estas tres hermanas dieron la cara porque eso era un riesgo también”, resume mientras enseña un libro titulado Las musas cautivas en el que se recogen unos poemas a estas hermanas. 

“Cuando salíamos de la cárcel la gente no te saludaba”

Los tres entrevistados apuntan que había un señalamiento y un miedo cuando las personas pasaban por prisión. “Cuando sabíamos de la cárcel, yo hablo en mi caso, pero la gente tenía tanto miedo que no te saludaba”, asegura Ramón Armando. 

Manuel Vizcaíno explica que él llegó a sufrir represión en su puesto de trabajo pues estuvo unos años que no podía ejercer en el Conservatorio de Música. La respuesta que encontró es que los comunistas alí no podían trabajar aunque más tarde lo incorporaron de nuevo.

Los tres entrevistados insisten en que es muy importante que historias como las que ellos vivieron se conozca, que se sepa que el horror que se vivió en la dictadura de Franco se produjo durante sus cuarenta años. Manuel Vizcaíno agrega que la juventud no es culpable, ya que el sistema educativo no ha hecho todo lo posible para que se conozca la historia. 

Ramón Armando, Manuel Vizcaíno y Enrique Caro temen el avance de la extrema derecha y no entienden que se pueda apoyar a un partido que pretende llevar a “España en blanco y negro”, apunta Armando, que recuerda que en la dictadura una mujer no podía abrir una cuenta corriente y estaba tutorizada por los hombres. “Todos éramos reprimidos, pero la mujer doblemente”, insiste. “Es un problema heredado de cómo se inicia la transición”, agrega Enrique Caro“, mientras se ensalzan en un debate que concluye en que es necesario no olvidar esta historia silenciada para nunca volver a repetirla.