Las claves del asesinato de Pablo y Guillermo en Granada, una tragedia en varios actos
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Pepe era un abuelo ejemplar, que quería a sus nietos por encima de todo. A sus 72 años se le podía ver llevándolos al colegio o acompañando a uno de ellos con muletas en las fiestas del pueblo en honor a San Isidro, que acabaron ayer en Huétor Tájar de una forma que nadie va a olvidar. Abuelo ejemplar y verdugo Al menos en apariencia, este abuelo se desvivía por ellos. «Era una buena persona, cuidó de su mujer cuando enfermó de cáncer, yo no me lo explico» , señala a ABC Fernando Delgado , alcalde del municipio. Sin embargo, ayer Pepe se convirtió en verdugo de los dos pequeños. Los mató encerrados en su casa . Ya avisó a los primeros agentes que acudieron a su hogar que tenía una escopeta y que la iba a usar. Hay quien asegura que escuchó un disparo, incluso, pero no está seguro porque en el pueblo estaban en fiestas y también pudo ser un cohete. Unidad de Intervención de la Guardia Civil Primero se atrincheró con ellos en su casa el domingo por la noche y luego los asesinó, antes de quitarse la vida, el lunes por la mañana. Los vecinos señalan que cuando el negociador de la Guardia Civil estuvo hablando con el abuelo para que abriera la puerta y dejara salir a los pequeños, llegó a acceder a llevarlos a las 8.00 horas al colegio. No fue así. Antes de liberar a los niños los mató . No cumplió su palabra. Por eso la Unidad de Intervención, llegada desde Madrid entró a por ellos. Sabían que estaba armado. Había que liberarlos y detener al abuelo, pero lo que hallaron no se va a olvidar en este pueblo agrícola de Granada. La brigada criminalística de la Guardia Civil, trabajando en el número 4 de la calle Alfredo Nobel antonio l. juárez Huétor Tájar , un municipio granadino de poco más de diez mil habitantes, quedó en estado de shock con lo ocurrido. Nadie se podía creer lo que había hecho Pepe. Poco antes de las 8.30 horas de la mañana, agentes de la Unidad de Intervención de la Guardia Civil entraron en la planta baja de un piso de la calle Alfredo Nobel . Conforme vio entrar a la Guardia Civil pertrechada para el asalto, porque sabían que el atrincherado tenía un arma, Pepe se pegó un tiro con su escopeta de caza . En ese momento ya no tenía escapatoria. Además era conocedor de la atrocidad que había llevado a cabo. En dos habitaciones Para los agentes lo peor estaba aún por descubrir. En el domicilio había dejado muertos a los pequeños Pablo y Guillermo . En uno de los dormitorios estaba uno de los niños asesinados. Tenía signos de haber recibido un disparo con la misma escopeta con la que el abuelo se quitó al vida. El otro menor estaba en la otra habitación, en su caso sin rastro de disparos. La Guardia Civil cree que pudo ser asfixiado por el abuelo. Se está a la espera de recibir las autopsias para confirmar cómo murió cada uno. Posible venganza Tres cadáveres para consumar lo que se cree, por las primeras indagaciones, que es una venganza hacia el padre de los pequeños. Un hombre que vivía justo encima del piso donde sus hijos han sido asesinados. «Me han llamado del médico para decir que estaba sedado », confirmaba el alcalde sobre este progenitor marcado por la tragedia , que ha perdido en dos meses a todo su familia y que ayer sufrió un fuerte ataque de ansiedad al conocer el destino de sus dos pequeños. Accidente en marzo La vida ya lo había golpeado duramente hacía solo dos meses. El pasado 18 de marzo, Pepe, su mujer, la única hija de ambos y los dos nietos, se desplazaron a Loja y en el camino chocaron contra un muro. Fue un accidente muy duro. La hija murió en el acto y la abuela lo hizo días después en el hospital. Los pequeños también necesitaron asistencia sanitaria. De hecho, Guillermo tenía todavía una pierna enyesada. Los vecinos narran a ABC que ese accidente dejó absolutamente hundido al padre los pequeños, que en medio de una supuesta depresión rompió la relación con su suegro , que era el conductor aquel día camino de Loja. Supuestamente lo culpaba del accidente que costó la vida a la madre los dos niños asesinados. Algunos vecinos explican que, en ese momento, prohibió al abuelo ver a sus nietos. Fuentes consultadas explican a ABC que ese pudo ser el detonante de que el abuelo se atrincherara con los niños y que luego los asesinara. El domingo por la noche fue el propio padre de los pequeños quien avisó a Emergencias 112 de que su suegro se había encerrado en su casa con los dos niños y que no se los quería devolver. Después de la llamada se enfrentó al presunto asesino. Los vecinos cuentan que mantuvo una fuerte discusión con Pepe, que éste zanjó con un disparo al aire. No estaba dispuesto a entregarle a los niños. El yerno terminó por ser trasladado a un centro hospitalario con un ataque de ansiedad. En el pueblo se han decretado tres días de luto y se anuló el último día de la feria antonio l. juárez La noche del domingo, además del padre, y avisados por Emergencias 112, llegó al piso en el bajo de la calle Alfredo Nobel una patrulla de la Guardia Civil. No fueron recibidos con amabilidad. Pepe los vio como hostiles. No estaba dispuesto a renunciar a que sus nietos se quedaran allí. Los vecinos señalan que los recibió de malas maneras . Hasta en un momento de la discusión con éstos les dejó claro que tenía una escopeta de caza, para la que poseía licencia , y que era «capaz de usarla». Lo que nadie se imaginaba es que la utilizaría contra sus propios nietos, ya que a uno los niños lo mató tras dispararle. También lo hizo cuando se quitó la vida. Ni el negociador de la Unidad de Intervención lo logró No había quien lo hiciera entrar en razón, por eso la Guardia Civil del municipio pidió ayuda a la Comandancia de Granada y éstos a los servicios especializados para este tipo de casos. Mientras se trataba de razonar con el presunto asesino para que depusiera sus actitud, se activó a la Unidad Especial de Intervención en Madrid por si había que entrar a rescatar a los pequeños cuando todo fracasara. Esos refuerzos llegaron ya en la madrugada del domingo, cuando el abuelo ya se había hecho fuerte en su domicilio y los niños estaban cansados por todo lo que estaba pasando y la tensión acumulada. El primero en actuar fue un negociador. El abuelo no quería saber nada. A lo único que accedió el abuelo, sobre las cinco de la madrugada, fue a que los niños salieran de la casa a las ocho de mañana para ir al instituto y al colegio. Eso nunca ocurrió. Antes de liberarlos el abuelo los mató a cada uno en la habitación en la que dormían. Un silencio muy triste A las ocho de la tarde, Huétor Tájar rindió un último homenaje a Pablo y Guillermo . Fue en la Plaza del Pósito, sede del ayuntamiento, donde se reunieron entre dos mil y tres mil personas. El sentimiento dominante seguía siendo el de la estupefacción . O el de la perplejidad. Nadie termina de creerse lo sucedido. Aunque puede que todo sea peor cuando, dentro de unos días, se convenzan de que, en efecto, ocurrió. Y que todo fue así de terrible.