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Brasil entra en zona de turbulencia: empate electoral, ‘outsider’ y crisis judicial

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El próximo 4 de octubre, cerca de 158 millones de brasileños están convocados a unas elecciones de impacto continental marcadas por volatilidad e incertidumbre extremas. Además del presidente y el vicepresidente, elegirán la totalidad de la Cámara de Diputados, dos tercios del Senado y los gobiernos de los 26 estados y del Distrito Federal. Para ganar la presidencia, se requiere más de la mitad de los votos válidos. Si nadie supera ese umbral, los dos más votados disputarán una segunda vuelta el 25 de octubre.

Tres novedades

Brasil se encamina hacia las urnas con sus instituciones bajo presión, un electorado profundamente polarizado, los mercados en alerta y una región pendiente de las consecuencias geopolíticas del resultado.

A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva busca la reelección y su cuarto mandato no consecutivo, pero la ventaja que mantenía sobre Flávio Bolsonaro se ha evaporado en cuestión de días. Al mismo tiempo, Augusto Cury –psiquiatra, escritor y outsider político– ha irrumpido como una inesperada tercera opción.

El cuadro se agrava por la crisis, tan profunda como inédita, que sacude al Supremo Tribunal Federal (STF), algunos de cuyos ministros integran también el Tribunal Superior Electoral (TSE), árbitro de una contienda que se anuncia excepcionalmente disputada.

Tres novedades sobresalen a solo 21 días de las elecciones. La primera es el empate. La encuesta de Datafolha de este viernes 11 de setiembre, en línea con otros sondeos recientes, confirma que la contienda sigue abierta.

Lula y Flávio se encuentran en un empate técnico, dentro del margen de error de dos puntos: 39% frente a 35% en primera vuelta y 46% frente a 44% en el balotaje. El presidente conserva un sólido capital político, la maquinaria oficialista y su predominio en el nordeste y entre los votantes de menores ingresos. Pero carga con el desgaste del poder, el deterioro de la seguridad y el elevado endeudamiento de los hogares.

Flávio, por su parte, ha heredado el núcleo duro del bolsonarismo y ampliado su base hacia otros sectores de la derecha y el electorado evangélico.

La extrema polarización garantiza a ambos candidatos un elevado piso electoral, pero también les impone un techo. El doble rechazo –un 46% afirma que jamás votaría por Lula ni por Flávio– revela el hastío ante la perspectiva de una tercera contienda, desde 2018, entre el lulismo y el bolsonarismo.

La irrupción de Cury es la segunda novedad. Conocido por sus libros de autoayuda, promete “curar la política” y se define como un hombre de “mente capitalista y corazón social”. Los sondeos lo ubican entre el 6% (Datafolha) y el 11% (BGT Pactual/Nexus). No está claro si seguirá creciendo, si alcanzó una meseta o si representa una burbuja próxima a desinflarse. Pero aun sin llegar al balotaje, si logra entre el 10% y el 12% en la primera vuelta, podría jugar un importante papel en segunda ronda.

La tercera es la grave crisis que sacude al STF. Los mensajes hallados en el teléfono del exbanquero Daniel Vorcaro –actualmente preso y figura central de la multimillonaria estafa del clausurado Banco Máster–, plantearon interrogantes acerca de su relación con el juez Alexandre de Moraes y sobre un contrato millonario entre el banco y el estudio jurídico de la esposa del magistrado.

Las comunicaciones conocidas, si bien no prueban por sí solas la existencia de un delito o un trato de favor –denuncias que de Moraes ha negado–, sí abrieron serias dudas que exigen una investigación rigurosa y transparente.

El áspero enfrentamiento interno, acompañado de acusaciones recíprocas, entre André Mendonça –designado para integrar el STF a propuesta de Jair Bolsonaro– y de Moraes –considerado la bestia negra del bolsonarismo– ha profundizado el conflicto institucional. La escalada obligó al presidente del tribunal, Edson Fachin, a intervenir: solicitó levantar el secreto de las actuaciones del caso Vorcaro y convocó al pleno para el 15 de setiembre, para decidir si se abre una investigación formal sobre la conducta de Moraes.

La crisis del STF trasciende a sus protagonistas, afecta su imagen y credibilidad y repercute sobre la marcha del proceso electoral.

Para una parte del país, Moraes encarna la defensa del sistema democrático frente al golpismo; para otra, simboliza una justicia sesgada contra la derecha y carente de contrapesos.

Flávio Bolsonaro continúa denunciando como viciada la condena de su padre y, por ahora, parece capitalizar electoralmente la crisis institucional. Lula, aunque no sea responsable de las decisiones de Moraes contra Jair Bolsonaro, corre el riesgo de pagar parte de su costo político.

Si el resultado fuese tan ajustado como en 2022, un STF dividido y bajo sospecha tendría menos autoridad para arbitrar los conflictos poselectorales y, llegado el caso, defender la democracia frente a cualquier intento de subvertirla.

Reflexión final

Brasil entra en la recta final con cuatro incógnitas decisivas: si Lula recuperará la iniciativa; si Flávio pasará a encabezar las encuestas; si Cury representa una alternativa viable o apenas un espejismo, y si el STF logrará contener su crisis antes de que comprometa la integridad electoral y erosione la democracia.

La advertencia de The Economist no podría ser más inquietante: “Quienes ayer defendieron la democracia hoy se han convertido en una amenaza para ella”.

El 4 de octubre, los brasileños elegirán presidente, pero América Latina leerá el veredicto en clave regional. Una victoria de Flávio entregaría a la “ola naranja” –integrada por distintas vertientes de la derecha– su pieza más importante. La reelección de Lula, en cambio, levantaría el mayor dique frente a su avance. Y si Cury alterara el desenlace –improbable–, confirmaría la irrupción de los outsiders que ya encumbró a Milei, Noboa y De la Espriella.

Brasil entra así en tres semanas decisivas marcadas por la volatilidad e incertidumbre extremas, en las cuales no solo está en juego el poder en Brasilia, sino también el rumbo del ciclo político latinoamericano.

@zovatto55

Daniel Zovatto es director y editor de Radar Latam 360.