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Linda Fiorentino y Rosamund Pike, vamps ninfómanas

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Hay películas de culto que con el tiempo adquiere una dimensión que en su momento no tuvieron. Ese es el caso de «La última seducción» (1994), de John Dahl, con Linda Fiorentino dando vida a Bridget Gregory, un turbulento bellezón que supera la liberalidad sexual de Sharon Stone y Glenn Close. Esta actriz norteamericana muestra el lado tenebroso de estas mujeres en las que la vida se resume en robar dinero, matar al marido y gozar del sexo a gogó. Si bien es cierto que esas características definen a la mujer fatal clásica, Linda Fiorentino le añade un plus de sordidez a la avaricia y el sexo.

En esta categoría hay que situar a otra depredadora sexual y maquinadora hasta extremos de delirio masoquista: Amy Dunne, la malvada de «Perdida» (2014), interpretada por Rosamund Pike. Ambas son vamp ninfómanas. Ambas practican el sexo con la misma avidez que roban los millones ajenos, y ambas manipulan a sus maridos y parejas con un gozoso sadomasoquismo. Tanto Linda Fiorentino como Rosamund Pike no tienen empacho en manifestar abiertamente sus preferencias sexuales masculinas y practicarlas con fruición. Gozan y hacen gozar sin disimulo y no se avergüenzan de exhibir ese goce hasta entonces disimulado tras la pantalla del amor.

Desalmadas y humilladoras

Bridget Gregory tiene un marido medico que trafica con anfetas. Tras un discusión sobre qué hacer con el dinero de su venta, la abofetea y ella, huye con el dinero a un pueblo perdido donde trata de pasar desapercibida. En el pueblecito, conoce a un muchacho con unos atributos sexuales que ella no está dispuesta a perder, siempre que mantengan una relación discreta. Mientras el pueblerino se queja de ser un hombre objeto y del insaciable deseo de Bridget Gregory, un detective le sigue la pista. Pero lo engatusa y se deshace de él estrellando el coche y matándolo. La mente criminal de esta seductora arpía vuelve a ponerse en funcionamiento con una estrategia en la que ambos deben asesinar a un desconocido por el mero placer de hacerlo. Lo que ignora el joven es que ella ha manipulado el nombre de su marido para que éste lo mate. Pero ante su cobardía, será ella quien lo asesine, culpabilice al joven y se quede con el dinero.

La otra depredadora, Amy Dunne, utiliza una estrategia tan elaborada para vengarse del marido, culparle de su muerte fingida y meterlo en la cárcel, como hacen la bellas y malvadas sin conciencia. En el neo-noir, la heroína bebe en la fuente del personaje de «Eva» (1962), una mujer desalmada que humilla, esquilma y destruye a un famoso escritor enamorado de ella. Eve Olivier es una malvada displicente que encarna Jeanne Moreau. El filme de Joseph Losey está basado en una novela de James Hadley Chase que sienta las bases de una mujer fatal dependiente del dinero de los hombres ricos pero autónoma e independiente. Como lo son las mujeres fatales de la posmodernidad. Otra diferencia esencial entre el negro clásico y el neo-noir posmoderno es el final. Hasta «Fuego en en el cuerpo» (1982), la «femme fatale» debía pagar su osadía asesina con la muerte o la cárcel.

«Gozan y hacen gozar sin disimulo y no se avergüenzan de exhibir ese goce»

En el «filme noir», la mujer fatal logra la triple carambola de engañar al amante que ha manipulado para que asesine al marido, culparlo de su muerte y huir con la pasta a un paraíso tropical. Los fotogramas finales de «La última seducción» muestra a Bridget Gregory, vestida de negro, montar en una limusina y perderse en las calles de la gran ciudad, mientras el joven amante, condenado por asesinar a su marido, maquina entre rejas la forma de desenmascararla.

El caso de Amy Dunne es su variante masoquista. Degüella con un cúter al amante, lo denuncia por haberla secuestrado y violado y vuelve con el marido para amargarle la vida hasta que encuentre la forma de matarlo. El monólogo final del marido es ambiguo pero revelador: «Qué nos hemos hecho el uno al otro. Qué nos haremos». Así son las bellas y malvadas posmodernas, una mezcla entre la vamp depredadora, la mujer fatal del cine clásico y la mujer independiente que manipula a los hombres para robarles el dinero, gozar del sexo y matar a cuantos se oponen a sus planes. A todas estas psicópatas les une la fatalidad como un destino ineludible.