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Federico García Lorca: ¿cuál es la vigencia de su obra 90 años después?

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Al cumplirse 90 años de la muerte de Federico García Lorca, cuya vida y obra son ya un señero referente del imaginario colectivo, transcurrido todo ese tiempo, surgen unas acuciantes preguntas: ¿cómo se lee actualmente su poesía? ¿cómo se contempla su teatro? ¿de qué modo se aborda su arrebatadora personalidad? ¿qué nos dice hoy en día su potente deriva artística? La respuesta a estos interrogantes está en su obra, plena de una renovada vigencia, palpitante en sus intensas propuestas estéticas. En cuanto a su poesía, nos admira la influencia del cancionero tradicional que hallamos en un primerizo Libro de poemas (1921), en cuya justificación inicial se lee: "En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mi espíritu, teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida palpitante en torno, recién nacida para mi mirada." Los primeros tanteos líricos, de espléndida madurez ya, se expresan en versos como estos: "Mi corazón oprimido / siente junto a la alborada / el dolor de sus amores / y el sueño de las distancias." Será Romancero gitano (1928) el libro que le consagrará como reconocido poeta, habiendo eclosionado ya la espléndida Generación de 1927. Entre sus célebres poemas, nos impresiona el misterioso "Romance sonámbulo", con aquella muchacha en su baranda esperando a un amado que nunca llega, y por el camino hacia la casa dos compadres fugitivos de la justicia; y ese enigmático principio y final del romance, traspasado de fatales augurios de muerte: "Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña."

Fruto de su viaje en 1929 a la ciudad de los rascacielos, Poeta en Nueva York se erigirá en un libro esencial dentro de la vanguardia surrealista. Le impactará la multiculturalidad de la inmensa urbe, indignado también ante la discriminación racial, el industrialismo deshumanizado y el monetarismo rampante de una sociedad marcada por la soledad entre muchedumbres y una gran crisis económica. El poema "La aurora", escalofriante y sentencioso, impresiona en su contundencia: "La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean en las aguas podridas. (...) La luz es sepultada por cadenas y ruidos / en impúdico reto de ciencia sin raíces. / Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes / como recién salidas de un naufragio de sangre." Escritos durante el último año de su vida, los Sonetos del amor oscuro fascinan en su asedio neorromántico a la sentimentalidad erótica; repletos de exquisita sensibilidad, conmueven y emocionan versos como estos, del "Soneto de la dulce queja": "Tengo miedo a perder la maravilla / de tus ojos de estatua y el acento / que de noche me pone en la mejilla / la solitaria rosa de tu aliento."

Su teatro, de esencial raíz poética, se representa continuamente en diversas y creativas versiones. La trilogía formada por Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba recrea el clasicismo de la tragedia griega, con el protagonismo del fatum, el inevitable destino, y el pathos, la patética intensidad de las pasiones vitales. En estos dramas se critica la represión sexual, los prejuicios sociales y el poder despótico, en el marco de una atávica violencia cotidiana. La muerte aletea una vez más sobre textos de un intenso carácter poético, como la nana de Bodas de sangre: "Nana, niño, nana / del caballo grande / que no quiso el agua. / El agua era negra / dentro de las ramas. / Cuando llega al puente / se detiene y canta." Además de esta conocida trilogía dramática, enternece Doña Rosita o el lenguaje de las flores, la sensible historia de esa muchacha que espera, en obligada soltería, eternamente a su prometido; incomprendida en su momento, hoy nos maravilla la gracia dramática, el "duende" creativo de este extraordinario drama.

Casi un siglo después de haberse escrito estas obras seguimos percibiendo en ellas aquel "reflejo fiel de mi corazón y de mi espíritu" que habría las páginas de Libro de poemas. Una literatura esta que continúa emocionándonos con sus transgresoras metáforas surreales, su complicidad con lo mejor de la condición humana, la maestría de sus dotes artísticas, y la potente expresividad poética: García Lorca renovándose en cada lectura actual, sus versos escritos para las generaciones posteriores, su mundo estético a la orden del día.