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Moncloa se fía de Marruecos y descarta este sábado otra "invasión" en Ceuta

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El Gobierno rebaja la alerta. Fuentes gubernamentales consultadas por este diario descartan que Ceuta vuelva a sufrir hoy una avalancha migratoria como la que desbordó la ciudad autónoma los pasados 30 y 31 de julio, cuando más de 70.000 entraron ilegalmente en la ciudad.

Estas fuentes restan eficacia a los llamamientos difundidos durante los últimos días a través de las redes sociales. No creen que terminen propiciando otra "invasión" de decenas de miles de personas y señalan un elemento fundamental para explicar su confianza: Marruecos habría tomado esta vez el control de su lado de la frontera. "Además, se perdería el factor sorpresa, porque ya hay una alerta", zanjan. Y añaden: "La entrada de julio salió fatal. No se van a arriesgar a otra".

Moncloa parece fiarse de Rabat. El Ejecutivo considera que las autoridades marroquíes han reaccionado ante las convocatorias que circulan fundamentalmente por TikTok, Facebook y otros servicios de mensajería y confía en que el importante dispositivo desplegado alrededor de Castillejos impida que miles de personas puedan siquiera aproximarse al perímetro fronterizo.

La valoración contrasta con la alarma generada durante los últimos días alrededor del 15 de agosto. Los mensajes detectados en redes han llegado a señalar expresamente este sábado como fecha para intentar una nueva entrada. El CNI dio credibilidad a la campaña. Conviene precisar que aunque la inteligencia española considere creíble la movilización y los llamamientos, no cabe pronosticar que vaya a producirse otra avalancha de las mismas dimensiones que la registrada a finales de julio.

De hecho, España se ha preparado para el peor escenario aunque el Gobierno no crea que vaya a materializarse. La presencia de policías nacionales y guardias civiles en Ceuta se ha incrementado hasta aproximadamente 1.600 efectivos, frente a los alrededor de 1.100 existentes durante la anterior crisis.

A ellos se suman unos 2.000 militares en funciones de apoyo. Interior ha enviado además unidades especializadas, medios marítimos y aéreos y efectivos adicionales de Extranjería, mientras Defensa ha cancelado los permisos de los militares destinados en la ciudad para garantizar su disponibilidad.

La principal diferencia, sin embargo, está al otro lado de la frontera. Marruecos habría desplegado durante las últimas jornadas un importante dispositivo policial y militar en los alrededores de la frontera con España.

Las fuerzas de seguridad marroquíes han levantado nuevas barreras, reforzado los obstáculos físicos -también España en el espigón- y aumentado los controles para dificultar que eventuales concentraciones puedan alcanzar el perímetro. Las autoridades de Rabat han detenido además a varias personas a las que responsabilizan de promover las convocatorias para entrar irregularmente en España.

El propio Ministerio del Interior marroquí ha salido públicamente a desautorizar los mensajes difundidos en redes sociales. Su portavoz, Rachid El Khalfi, ha advertido sobre las consecuencias de seguir estas convocatorias y ha confirmado actuaciones contra quienes estarían incitando a realizar nuevos cruces colectivos hacia Ceuta y Melilla.

Ese cambio de actitud resulta determinante para las previsiones que maneja ahora el Gobierno español. La tesis de Moncloa es que no existen las mismas condiciones que hicieron posible el 30-J.

Entonces, decenas de miles de personas consiguieron alcanzar prácticamente al mismo tiempo las inmediaciones de la frontera y posteriormente entrar en Ceuta, donde todavía permanece una cantidad indeterminada de migrantes (alrededor de 8.000, según las estimaciones del ejecutivo de la ciudad).

Ahora Rabat estaría tratando de impedir que la concentración llegue siquiera a producirse. La paradoja es evidente. Después de dos semanas de tensión diplomática, reproches sobre el comportamiento de Marruecos y preguntas todavía sin resolver acerca de qué ocurrió realmente durante la primera avalancha, la principal garantía que maneja el Gobierno para que Ceuta no vuelva a ser desbordada se encuentra precisamente en Marruecos. Los informes públicos de seguridad nacional admiten que la integridad de la frontera en las dos ciudades autónomas depende, en gran medida, de la colaboración marroquí.

El propio Fernando Grande-Marlaska ha defendido durante toda la crisis la colaboración de Rabat. El jueves, durante su segunda visita a Ceuta en menos de dos semanas, volvió a calificar de «extraordinaria» la cooperación marroquí en las devoluciones. Interior sostiene ahora que unas 70.000 personas fueron retornadas rápidamente después de la crisis gracias, entre otros factores, a esa colaboración.

No obstante, la confianza política en Marruecos no significa que el Gobierno haya decidido bajar la guardia. Hasta la propia Guardia Civil ha entrado en la batalla de las redes sociales. El instituto armado está difundiendo mensajes en español y francés para desmentir que la frontera esté abierta y tratar así de contrarrestar las convocatorias que animan a cruzar otra vez hacia España.

Marruecos hace lo mismo desde su territorio. Las imágenes conocidas durante las últimas horas muestran una fuerte presencia de sus fuerzas de seguridad y controles preventivos en las proximidades de Ceuta y Melilla. Medios internacionales han constatado el refuerzo marroquí y las actuaciones contra los presuntos promotores de las movilizaciones.

El dispositivo permite a Moncloa afrontar esta jornada con una relativa tranquilidad que contrasta con el despliegue movilizado. El Estado se prepara como si pudiera repetirse el 30-J, pero el Gobierno trabaja con la previsión de que no ocurrirá.

El contraste es significativo después de que la crisis haya vuelto a deteriorar las relaciones entre ambos países. Las declaraciones del ministro de Justicia marroquí sobre Ceuta y Melilla obligaron a Exteriores a responder públicamente, mientras miembros del propio Gobierno español han utilizado tonos diferentes respecto a la responsabilidad de Rabat. Margarita Robles ha reclamado que se investigue quién promovió o toleró la anterior movilización, mientras José Manuel Albares y Marlaska han seguido reivindicando la cooperación bilateral.

Este sábado se comprobará si el despliegue que Marruecos ha levantado durante los últimos días responde a una voluntad efectiva de impedir otra crisis. Moncloa cree que sí. Por eso, pese a los avisos de la inteligencia, las convocatorias en las redes y el blindaje extraordinario organizado por España, las fuentes consultadas no contemplan como escenario que Ceuta vuelva a enfrentarse, al menos en el corto plazo, a otra entrada de las dimensiones del 30-J.

La ciudad, sin embargo, aún no se ha recuperado de la sacudida provocada por la crisis. Los ceutíes, que protagonizaron la semana pasada la manifestación más numerosa de la historia de la ciudad para reclamar auxilio al Gobierno, están indignados. Y piden que no se les abandone a su suerte.

El Gobierno, por su parte, lleva estas semanas inmerso en una crisis interna. Los tres ministros responsables han desfilado en los últimos días por Ceuta para tomar el mando, mientras intentan no achicharrarse con la gestión de la peor emergencia migratoria que ha vivido España.