La energía de 'Kiriki' Douglas
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Durante una de esas tardes moteada de pegajoso aburrimiento estival, allá en el Tánger de los setenta, apareció mi padre y soltó sin ningún preámbulo: «Hala, nos vamos al cine». Que el padre te llevase de la mano hasta el cine era algo serio, emocionante y, desde luego, extraordinario. Cuando aquellos padres de antaño, uniformados con clásica severidad paterna de chaqueta y corbata incluso en verano, y no en plan mamarracho chancletero como ahora, te conducían hasta la sala de la gran pantalla el universo te sonreía y tu raquítico pecho se inflaba de felicidad. Aquellos padres, no digo más, disponían de despacho en el hogar y allí, en aquel sanctasanctórum, pasaban las horas leyendo y tal vez dándole fuerte... Ver Más
