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El cálido y peligroso verano

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William Faulkner (1897-1962), premio Nobel de Literatura 1949, fue el guionista de la película «El largo y cálido verano», dirigida por Martin Ritt (1914-1990), con Paul Newman (1925-2008) y Joanne Woodward como protagonistas. Fue una adaptación bastante libre de la novela «El villorrio», del mismo autor, en la que se narran algunas peripecias de la familia Snopes en el condado ficticio de Yoknapatawpha (Misisipi), donde transcurren la práctica totalidad de las obras del escritor, que incluso aceptó firmar guiones para Hollywood sin haberlos escrito. Todo un personaje y gigante de la literatura, uno de los modelos de Mario Vargas Llosa (1936-2025).

El verano de 2026 ya es el más cálido, mejor dicho, sofocante, en Europa y también en España desde que existen registros fiables de temperaturas, con algunos de los incendios más pavorosos y extensos que se recuerdan. Además de tórrido, en España, también en lo político, es incierto y peligroso en casi todas partes.

La incertidumbre geopolítica se mantiene y genera también dudas, a pesar de lo que el recién desaparecido Alan Greenspan (1926-2026) volvería a calificar como «exuberancia irracional de los mercados».

En Estados Unidos, la Reserva Federal (FED), que ahora preside Kevin Warsh, nombrado por Trump, pero que a lo mejor le hace menos caso del que pensaba el presidente, envía estas semanas señales de preocupación. Lo ha detectado y explicado el analista Juan Ignacio Crespo: «Las bolsas USA parece que han detectado tensiones de liquidez», algo que, añadido a «las dudas sobre la sostenibilidad de las cotizaciones de las empresas tecnológicas más volcadas en la Inteligencia Artificial (IA)», provocó tres bajadas consecutivas la semana pasada.

Los mercados europeos resistieron, pero las bolsas de Japón y Corea del Sur viven una temporada de subidas y bajadas desquiciadas, con grandes vaivenes. Algunos expertos apuntan que «la amenaza de una corrección importante inminente se cierne sobre las bolsas de Estados Unidos y, claro, sobre el resto de las mundiales».

Juan Ignacio Crespo, incluso, detecta que el comportamiento del mercado USA en los últimos doce meses «tiene un inquietante parecido con el periodo que llevó desde julio de 2006 hasta las vísperas de la crisis financiera», que comenzó en el otoño de 2007, que luego llegó a España, pero que tanto le costó admitir al Gobierno de Zapatero.

Ahora no hay crisis, pero puede surgir y, desde luego, hay nubarrones en el horizonte. La guerra de Trump en Irán sigue, el precio del petróleo camina al alza y hay previsiones alarmantes sobre el abastecimiento de gas natural en Europa el próximo invierno.

Al mismo tiempo, los precios de los bonos soberanos de los países europeos, incluidos los alemanes, se tensan por la incertidumbre geopolítica. En la Francia de Macron declaran «preocupante» la situación de su deuda pública.

En España, el ministro Óscar López presume de que la economía va mejor que nunca, justo cuando el economista socialdemócrata José Carlos Díez escribe que «España tiene una crisis de deuda pública que ya estaba cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa en 2018, pero que ha agravado con un aumento del gasto público de cinco puntos del PIB, la mayor parte en gasto corriente y estructural».

El Gobierno insiste en que presentará en otoño, por primera vez en la legislatura, los Presupuestos Generales del Estado para 2027. De momento, no tiene mayoría para aprobarlos.

Todo depende de Junts y de Carles Puigdemont, porque el PNV de Aitor Esteban, si llega el caso, los apoyará, eso sí, previo pago a sus exigencias del momento. Por ahora las huestes de Puigdemont, con Miriam Nogueras al frente, no están por la labor. En el Gobierno, no obstante, han iniciado una campaña, pública y privada, para convencerles de que den su apoyo. En principio la respuesta de Junts es «no», pero todo es posible.

Sánchez, mientras tanto, ha encargado a su ministro de Hacienda, Arcadi España, que prepare unas cuentas que sean una auténtica orgía de gasto, que, por otra parte, ya está disparado y generará problemas.

La AIREF, que preside Inés Olondriz, calcula que, incluso sin Presupuestos, el gasto de la Administración Central crecerá un 11%, el triple de lo que recomienda el Consejo Europeo.

José Carlos Díez, buen conocedor de las cuentas públicas, cree que es imposible «que un Gobierno aumente el gasto con Presupuestos prorrogados», lo que significa que es probable que Sánchez se salte varias leyes, lo que requeriría connivencia de altos funcionarios del Estado. Todo confuso y complicado ya en un cálido y peligroso verano del que no escribirá un guión ni siquiera Faulkner.