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Pumuckel, el caballo más pequeño del mundo

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"Pumuckel" nació en mayo de 2020 en Alemania y ha entrado en el Libro Guinness de los Récords como el caballo macho más pequeño del mundo con una altura oficial de 52,6 centímetros a la cruz. Es un registro excepcional incluso dentro del universo de los caballos miniatura.

Se trata del caballo vivo macho más pequeño del mundo, pero no el caballo más pequeño de la historia. Ese reconocimiento continúa perteneciendo a "Thumbelina", una yegua estadounidense que medía 44,5 centímetros. Antes de "Pumuckel", el récord correspondía a "Bombel", un caballo miniatura criado en Polonia que alcanzó los 56,7 centímetros.

Con apenas cinco meses llegó a la granja de Carola Weidemann. Fue una conocida, que buscaba caballos para programas de terapia, quien le habló de aquel pequeño ejemplar. Al verlo entendió que estaba ante un caso poco habitual y con el paso de los años comprobó que su tamaño era sólo una de sus muchas singularidades.

Su reducida estatura no responde a un programa de selección genética destinado a obtener caballos cada vez más pequeños. Se trata de una condición natural. Su aspecto recuerda al de un potro, con una abundante crin, extremidades muy cortas y unas proporciones que sorprenden incluso a quienes están acostumbrados a convivir con caballos. Pero el rasgo que más llama la atención aparece cuando empieza a interactuar con las personas.

"Pumuckel" está entrenado como caballo de terapia y participa de forma habitual en visitas a residencias de mayores, colegios, centros para personas con discapacidad y hospicios. Su pequeño tamaño facilita el contacto con usuarios que, en otras circunstancias, podrían sentirse intimidados ante un caballo de dimensiones convencionales. La cercanía física elimina buena parte de ese miedo inicial y favorece una interacción más natural.

La terapia asistida con caballos se utiliza desde hace años como apoyo en programas dirigidos a personas con discapacidad, trastornos del desarrollo, enfermedades neurodegenerativas o dificultades emocionales. En el caso de "Pumuckel", su estatura permite acercar esa experiencia a personas con movilidad reducida o con cierto temor hacia animales de gran tamaño.

Su propietaria lo describe como un caballo tranquilo, paciente y muy sociable. Disfruta del contacto con la gente, acepta las caricias con naturalidad y convive sin dificultad con caballos mucho más grandes que él. Esa facilidad para relacionarse con las personas hizo que pronto empezara a participar en actividades de intervención asistida, convirtiéndose en un visitante habitual de centros donde su presencia provoca sonrisas y despierta la curiosidad de pequeños y mayores.