La vuvuzela
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En el colegio un estrepitoso timbre nos despertaba a las siete de la mañana para ir a misa (entonces creía que eso era madrugar). Un susto diario para empezar el día con alegría. Los despertadores ya no son lo que eran. No sorprenden a nadie. Las pocas veces que el timbre se rompió, era la madre Rosario, la monja más vieja, la que irrumpía en el enorme dormitorio (seguro que si lo viera hoy me parecería pequeño) haciendo sonar una campana todavía más desagradable y berreando «Quinto levanta, tira de la manta…». Con nueve años, tirar de la manta era salir de la cama sin ganas. Con muchos más, tirar de la manta es cantar en un procedimiento judicial. Destapar... Ver Más
