Las "hermanas" Acosta se desmelenan en Mérida: "¿Una vida sin bacanales? Eso no sería vida"
Una es colombiana, de Cali (y española de adopción); la otra, canaria, lagunera. Actrices ambas. Juana y Toni Acosta. Y aunque de diferentes padres, también son «hermanas». Hasta ahora, la broma las había llevado a llamarse cariñosamente «primas», pero Chevi Muraday les ha hecho ver que el lazo que las une es realmente más estrecho de lo que pensaban.
«A mí me han llamado Toni toda la vida. Y a ella Juana», confiesa la colombiana, que debuta como intérprete en el milenario Teatro Romano de Mérida: «Le llegan paquetes míos y viceversa. Por eso siempre he dicho que era mi prima canaria, aunque ahora nos tomamos el pelo diciendo que somos hermanas».
Por mucho que hubieran intimado y que se conocieran del «mundillo» desde hace años, nunca habían compartido proyecto. «Llevábamos mucho tiempo queriendo coincidir y qué mejor sitio que el teatro, que es una fantasía porque te da más tiempo de ensayos y más hermandad. El compañerismo que hay aquí no lo tienes en una película o una serie», comenta una Toni Acosta que ya pisó este escenario en aquel pandémico y extraño 2020: «Va a ser diferente», celebra.
Una versión libre de 'Las bacantes'
Interpretan a Ino (Toni) y Ágave (Juana), dos de «Las bacantes» de Eurípides. Obra en la que se inspira esta «Bacanal» que Muraday, junto a Juan Carlos Rubio (responsable de una versión libre), ha preparado en la arena del Festival de Mérida para celebrar, entre otras excusas, los 30 años de Losdedae, una compañía de danza que, sin embargo, tiene muy en cuenta la palabra desde hace ya más de una década: «Llevamos dos años estudiando muchísimo los textos y la época para centrarnos bien hacia donde queríamos llevar la historia. La convivencia del texto y el movimiento siempre ha sido para mí un gran reto; hasta dónde llega la palabra y hasta dónde el movimiento. Cada una va a un sitio muy concreto», defiende el bailarín.
Y es de este modo, con la unión de dos lenguajes y con 18 personas en escena (Carlos y Elisa Hipólito, Mapi Sagaseta, Cisco Lara, Julen Pazos, Georgina Flores, Tamar Vela...), con el que «Bacanal» pretende ser «más que una pieza». Lo presentan como «un ritual que trasciende los límites del teatro convencional»; y se invita al público a no solo ser testigo, sino convertirse en «parte activa del rito» e incluso a que acuda a la cita vestido de blanco.
Una idea que aterriza en el momento en el que el Senado romano decretó la prohibición de las Bacanales y del culto a Baco, señalando así «al cuerpo y al deseo como fuerzas peligrosas que deben ser controladas», advierten.
«En la época griega, eran fiestas dionisiacas, más luminosas, más blancas: vino, música, desenfreno, salir para conectarte con los dioses... Pero luego todo empieza a desvirtuarse y se vuelven acontecimientos más oscuros. En Roma se pasa de Dionisio a Baco; se mezclan las diferentes clases sociales y el Estado teme revueltas y conspiraciones políticas. Y además, aparecen asesinatos y violaciones y las cancelan», explica Juana Acosta. Es a partir de este «acto de censura» desde el que nace la pregunta central de la obra: «¿Por qué aprendimos a temer al cuerpo?». ¿En qué momento la humanidad decidió alejarse del deseo y de la celebración de la vida? De este modo, el encuentro simbólico entre Dionisio (interpretado por Carlos Hipólito como si fuera una «vieja “celebrity”», confesaba el actor a LA RAZÓN) y Baco se convierte en un diálogo sobre cómo resistir a la represión y devolver al cuerpo su dimensión sagrada.
Poderosas y libres
Una respuesta que se esconde en las bacantes, o ese grupo de mujeres «poderosas y libres» que se rigen por las leyes de Baco y que encarnan una forma de existencia sin miedo, en la que el goce, la danza y el trance son actos de resistencia: «Se ha estigmatizado. Hay un señalamiento cuando uno reivindica el deseo y el cuerpo, el darle sensaciones placenteras a tu cuerpo», reivindica Toni Acosta. «La primera parte de la función es más complicada –continúa la actriz canaria–, que es cuando interpretamos las tragedias, pero luego queremos hacer una reflexión sobre ese disfrute y si de verdad tenemos la capacidad de decidir por nosotros mismos. Eso de que los dioses manejaban a los mortales se ve muy bien y me parece que la gente debe tener esa reflexión sobre si está haciendo las cosas porque quiere o porque está sometida al poder o las redes sociales».
Juana es más directa todavía: «¿Quedarnos sin bacanales? Sería aburridísimo. No sería vida», sentencia la actriz apoyada en esta «Bacanal» que se tornará en manifiesto a favor del disfrute máximo y donde «la fiesta es bailar». Toni, por su parte, reivindica el desparpajo de la infancia: «Recuerdo cuando éramos niños y escuchábamos música y bailábamos sin pensar. Un día sin bailar es un día perdido». Lo dice la actriz canaria mientras retrocede a sus orígenes: «El cuerpo tiene memoria y, aunque haya que desoxidarlo, te vienen imágenes de pequeña, de cuando tomaba clases de ballet o hacía gimnasia rítmica».
Ya saben: ¡bailen!
