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Los ladrones del Louvre declaran ante el juez pero se niegan a identificar a quién les contrató por «miedo a las represalias»

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Abc.es 
El domingo 19 de octubre de 2025 el mundo contempló un robo digno de una película de acción : en tan solo 8 minutos y a plena luz del día, dos individuos entraron en uno de los museos más visitados del mundo, el Louvre (París, Francia) para llevarse varias piezas de joyería de un valor incalculable que se encontraban expuestas en la Sala Apolo de la institución. Una semana después de los hechos, la policía detuvo a Abdoulaye N., un taxista sin licencia de 40 años y a Ghelamallah A., un argelino desempleado de 36 años con síndrome de Diógenes, ambos fueron acusados de «robo organizado» y puestos en prisión preventiva. Tras meses de silencio, los días 2 y 22 de junio los sospechosos fueron interrogados por los jueces de instrucción a cargo de la investigación judicial. En esta ocasión, ambos acusados han dado nuevos detalles respecto al caso , según ha adelantado el diario francés Le Monde. El robo, cuyos autores ahora aseguran que fue un acto «muy grave» y que «no estuvo bien», lo perpetraron por orden de un cliente que les contactó «dos o tres días antes» y de quien no han querido revelar la identidad por «miedo a las represalias». Las órdenes eran claras: «Romper las ventanas y coger las joyas del interior de las vitrinas» a cambio de un pago de entre 15.000 y 25.000 euros, o bien una cantidad mayor «dependiendo de la cantidad de dinero que generara». El botín que se llevaron del museo incluía tiaras, collares, pendientes y broches que en algún momento de la historia formaron parte de la colección personal de reinas y emperatrices francesas. Sin embargo, una de las piezas más valiosas, la corona de la emperatriz Eugenia , se les cayó y fue recuperada poco después en las inmediaciones del museo. Tras escapar del lugar del crimen, le dieron las joyas restantes al cerebro del robo aunque, según recoge Le Monde, la entrega no cumplió sus expectativas: «Pensó que podríamos habernos llevado más» . Ambos afirman que desconocen donde están las joyas actualmente, aunque de quienes planearon el golpe subrayan que «no son unos angelitos. No me amenazaron, pero recibí llamadas en las que me dijeron que guardara silencio », aseguró uno de los implicados.