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Lidia, funcionaria de prisiones: «Estoy sola en un patio con 140 presos y mi única protección es un walkie y un boli»

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Abc.es 
La muerte de dos internos a manos de su compañero de celda en la prisión de Sevilla I vuelve a poner sobre la mesa una realidad. Y es que, detrás de estos episodios de violencia, existe un contexto de tensión, falta de recursos y riesgos que los funcionarios de prisiones llevan años denunciando . Porque la seguridad en los centros penitenciarios no solo afecta a las personas privadas de libertad, sino también a los profesionales que, cada día, trabajan en primera línea para mantener el orden, prevenir conflictos y proteger vidas. Esa realidad fue expuesta recientemente por Lidia y Paco, funcionarios de prisiones en el centro penitenciario Sevilla II , durante su entrevista en el podcast 'Mami qué dices?' . Ambos describieron una profesión profundamente desconocida para la sociedad, en la que los funcionarios desempeñan múltiples roles y afrontan importantes niveles de riesgo sin contar con medios de defensa como armas. Como datos a tener en cuenta, cada año se registran 539 agresiones físicas a funcionarios de prisiones, lo que equivale a que estos profesionales sufran una agresión cada quince horas . Unas cifras que refuerzan una denuncia institucional reiterada, como es la necesidad de mejorar las condiciones de seguridad y reconocer el papel esencial de quienes sostienen el sistema penitenciario. Como adelanto de la entrevista, lo primero que recalca Paco es que « pegarle a un funcionario, hoy por hoy, sale muy barato ». Lidia, por su parte, explica que «nosotros somos los que les quitamos la droga, los que les quitamos los móviles, los que les damos las órdenes... Entonces, nosotros siempre vamos a ser malos». En su caso, esta funcionaria de prisiones confiesa que está sola en un patio con 140 presos, teniendo como única protección «un walkie y un boli ». «Tenemos muchísimas agresiones», continúa transmitiendo Lidia, lo cual es refrendado por su compañero cuando da el dato de que los funcionarios de prisiones sufren una agresión cada 15 horas. «Por desgracia, trabajamos con el riesgo de ser agredidos todos los días», lamenta Lidia, quien también sufre la vulnerabilidad de ser mujer en un entorno como este: « A mí me tocan una teta y no es una agresión, según nuestro protocolo de agresiones », afirma. Al hilo de lo anterior, y de forma más concreta, esta funcionaria explica que «nuestro equipo de protección oficial consta de guantes anticorte, chaleco antipunzón y, en casos graves, defensas rígidas con casco y escudo. El problema es que el chaleco de protección estándar no está adaptado a la anatomía femenina. Llevamos muchísimos años trabajando con hombres y no nos facilitan ni un solo peto femenino ». En este sentido, además, recuerda que «hasta hace dos años, nuestro uniforme oficial incluía una falda de azafata con zapatos de plataforma y un pañuelo al cuello, calcado al de la aerolínea Iberia. Las mujeres íbamos en falda por el patio de una prisión y los hombres parecían conserjes de casino. Yo siempre bromeaba con que, al pasar el control, me daban ganas de dejarle las llaves a mi compañero para que me aparcara el coche. Gracias al trabajo del sindicato, hace dos años conseguimos un uniforme técnico y pantalones serios , pero seguimos esperando chalecos adaptados». Por su parte, Paco cuenta sobre este equipo del que disponen que «el mismo chaleco gigante diseñado para un funcionario de 1,90 metros y 100 kilos se lo tiene que poner una compañera de 1,50 metros y 40 kilos. Le llega por debajo de las rodillas y la protección para los testículos le arrastra de forma ridícula. Somos el 'Paquirrín' del Ministerio del Interior ; la Policía Nacional y la Guardia Civil son los hermanos guapos que se lo llevan todo y a nosotros nos tienen abandonados. Somos el único sistema penitenciario de Europa, junto a Hungría, que depende de Interior en lugar de Justicia, porque en la época de ETA se decidió que se controlaba mejor así. Somos los parias del ministerio ». Continuando con estas quejas, Lidia expone que « tampoco tenemos una formación física adecuada . Un funcionario de prisiones recibe a lo largo de toda su carrera apenas cinco o siete jornadas de defensa personal. Yo las recibí hace 32 años y ahora los nuevos solo hacen dos días de prácticas en la academia y ya está. Con eso te tienes que enfrentar a internos que son paramilitares del este de Europa, tíos gigantescos que saben perfectamente cómo golpear. Nadie enseña técnicas de defensa personal para que una persona pequeña pueda reducir a un interno que le dobla el tamaño». Con respecto a esta situación, Paco añade que «lo peor es que, cuando haces una intervención como buenamente puedes sin medios ni formación, la Inspección revisa los vídeos buscando cualquier fallo administrativo . Si no te pusiste los guantes anticorte porque el preso te estaba moliendo a palos y no te dio tiempo, te ponen un informe negativo. ¿Qué querían? ¿Que le dijera al interno 'Espere un momento antes de pegarme, que me tengo que poner los guantes'?». Como experiencia personal, este funcionario de prisiones confiesa que «en 30 años nunca me habían tocado, pero este año llevo dos agresiones ; un puñetazo en la cara y un mordisco de un preso puesto de fentanilo hasta arriba. La conclusión oficial de la administración sobre mi puñetazo fue que debía haber llevado puesto el casco de protección. ¿De dónde lo saco si lo tenemos bajo llave en un armario porque si patrullamos con casco dicen que 'intimidamos' a los internos? Si te lo pones malo, y si te pegan por no llevarlo, la culpa es tuya». Lidia, por su parte, expuso la situación de «un compañero de un módulo conflictivo que dejó los grilletes y las defensas fuera del armario de la oficina para ganar unos segundos vitales en caso de pelea, y le abrieron un expediente porque los medios coercitivos tienen que estar guardados bajo llave . Cuando usas la fuerza y esposas a un interno, tienes que rellenar un documento oficial indicando el minuto exacto en el que le pusiste los grilletes y el minuto exacto en el que se los quitaste para comunicarlo inmediatamente al Juez de Vigilancia Penitenciaria. El sistema está obsesionado con que el interno no sufra ni un rasguño , mientras que nosotros estamos totalmente vendidos». También expone Paco que « los médicos ahora atienden por teleasistencia . En las prisiones conviven internos con tuberculosis, sarna, chinches, SIDA, hepatitis y graves patologías mentales crónicas. Antes había medicina preventiva, el médico pasaba consulta diaria. Ahora, por la falta de personal, solo atienden urgencias extremas . Si un interno lleva un mes quejándose de que le duele la barriga y no le ve nadie, el día que colapsa y revienta, descarga toda su frustración a puñetazos contra el primer funcionario que encuentra». Sobre la relación con los internos, Lidia es consciente de que «tú tienes que tratarlos como personas normales. A ellos ya los ha juzgado un juez. Tú estás allí para intentar que se reeduquen y se reinserten ». Sin embargo, en materia de sueldos, Paco considera que «a nosotros no nos pagan por el trabajo que hacemos, sino por comernos lo que nos pase en nuestro servicio». Eso sí, hay presos que están bajo lupa, como son los mediáticos. Es el caso de, por ejemplo, Miguel Carcaño. Ambos funcionarios explican la carga extra que supone vigilar a estos perfiles frente a los suicidios y las palizas de otros internos: «Esta es otra cosa con la que le explota la cabeza a la gente. Como a Miguel Carcaño lo maten en mi servicio, a mí se me cae el pelo y a Paco, que es mi jefe, también », afirma Lidia. Al hilo de lo anterior, esta funcionaria de prisiones añade que «tienes que tratar a todos por igual, olvidándote del delito atroz que hayan cometido. Y no es fácil cuando te llegan perfiles supermediáticos que salen en la televisión por hacer monstruosidades». En este sentido, haciendo alusión al caso de Carcaño, «un asesino absolutamente odiado por la sociedad», vuelve a incidir en que «si le pegan un puñetazo o lo matan durante mi turno de servicio, a mí se me cae el pelo inmediatamente y me abren un expediente administrativo ». Continuando con este tema, Lidia siguió explicando que «cuando entra un preso de este perfil, los funcionarios sufrimos una carga de estrés insufrible . Tengo que estar sola en el patio vigilando que no maten a Carcaño, controlando al interno primario con riesgo de suicidio, vigilando que no violen a la psicóloga que está reunida a solas con un preso en una habitación sin cámaras, y encima rellenando instancias. Si pasa algo, la administración nunca valorará todo lo que has evitado ; solo te preguntarán por qué no estabas en ese metro cuadrado exacto. Nos exigen confeccionar un traje de flamenca perfecto dándonos únicamente una aguja y un trozo de tela, sin tijeras ni patrones. Nos tratan como un número feo de la lotería que nadie quiere comprar». Asimismo, lamenta que « si sufres una agresión fuera del centro, estás completamente desprotegido . Te encuentras a los exreclusos en el pasillo del Mercadona o en la terminal del aeropuerto y te pueden amenazar por los informes que les pusiste dentro. Si Paco es agredido dentro, el Estado no le facilita un abogado de oficio; si no estás afiliado a un sindicato como ACAIP, te tienes que pagar el abogado de tu propio bolsillo. Y todo esto ocurre porque la ley se niega a reconocernos todavía como Agentes de la Autoridad ». En vista de la situación que sufren los funcionarios de prisiones en España, Paco expone que «si dependiera de mí, cambiaría cinco cosas de inmediato. Primero, actualizar los medios coercitivos ; no es normal que si un preso en aislamiento está destrozando la celda con un pincho casero fabricado con cristales rotos y retándome a entrar, me obliguen a entrar a la fuerza cuerpo a cuerpo a ponerle unos grilletes en lugar de poder usar un spray lacrimógeno homologado para reducirlo sin riesgo». En segundo lugar, habla de « reformar el régimen disciplinario obsoleto que data del año 1981. El castigo actual por introducir un dron o diez kilos de droga en la prisión es simplemente la 'privación de paseos', es decir, quedarse por la tarde en la celda viendo la televisión. Les sale completamente gratis». Como tercera reforma, « regular las faltas de respeto graves y el acoso hacia las mujeres . Los internos nos miran de forma lasciva, nos persiguen y nos silban por el patio porque saben que el protocolo actual no lo tipifica como sanción. Si un preso me agarra y me da un beso en la boca con lengua a la fuerza, el protocolo interno de la administración determina que no es una agresión porque no me ha causado una herida o lesión física sangrante. Es vergonzoso». Su cuarta consideración es « adaptar los medios a la realidad física de las mujeres . Una mujer, por mucho que entrene, suele tener menos fuerza física que un hombre de 100 kilos. El sistema nos ha soltado en mitad de la plaza de toros de una prisión de hombres al grito de »¡Igualdad, apañaos como podáis!«, pero no nos dan técnicas específicas de reducción ni adaptan las herramientas». Y, por último, « aumentar drásticamente las plantillas . Nos exigen el triple de actividades y talleres que hace 30 años pero manteniendo exactamente el mismo número de funcionarios por módulo». Por otra parte, haciendo un repaso de su carrera laboral como funcionaria de prisiones, Lidia cuenta su peor experiencia, cuando un preso consiguió sus datos personales y la amenazó. «Mi peor experiencia laboral ocurrió en 2024 cuando un interno peligroso se obsesionó conmigo, consiguió de forma ilegal todos mis datos personales, mi dirección y los nombres de mi familia, y me amenazó de muerte directamente . En lugar de aislarlo, la dirección del centro se limitó a cambiarlo de módulo a uno con 80 presos donde podía difundir mis datos libremente. Cuando fui a quejarme al director de la cárcel, su respuesta textual fue: » ¿Y tú qué esperabas siendo funcionaria de prisiones? Si querías seguridad, haber opositado para Hacienda« . Me quedé completamente hundida. Tuve que cogerme una baja por ansiedad y la administración se negó a reconocérmela como accidente laboral. Si no llega a ser por los delegados de mi sindicato, ACAIP, que se plantaron ante el director y me consiguieron la baja por vía judicial, el sistema me hubiera pisoteado. La administración nos trata como un simple número, pero gracias a la unión sindical conseguimos frenar sus abusos». El tramo final de esta entrevista consistió en analizar si funcionaría un CECOT en España; es decir, un Centro de Confinamiento del Terrorismo, a modo de prisión de máxima seguridad, como la que fue construida en El Salvador e inaugurada por el presidente Nayib Bukele. Sobre este tipo de megacárceles, Paco recuerda que en nuestro país « ya tuvimos un modelo similar a finales de los 70 llamado la prisión de Herrera de la Mancha . Se diseñó para meter a los presos más peligrosos y a los terroristas del Grapo y de ETA bajo un régimen de máxima dureza. ¿Qué pasó? Que en 1984 cambió el color del Gobierno, declararon ese régimen inconstitucional y el director de la cárcel, dos jefes de servicio y nueve funcionarios terminaron sentados en el banquillo de los acusados por cumplir las órdenes que les habían dado. Los políticos españoles legislan a golpe de telediario ». En este sentido, este funcionario de prisiones continúa explicando que «con el sistema penal actual, si tú cometes un asesinato te caen 30 años, pero si matas a una lista de 20 personas, la pena máxima efectiva de cumplimiento en España se topa en los 40 años. A los 20 o 25 años estás en la calle con los beneficios penitenciarios. Es decir, a partir del segundo asesinato, los otros 18 muertos te salen completamente gratis . Por eso, si vas a matar a alguien en España, te recomiendo penalmente que te lleves una lista por delante».