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Lamine Yamal: "Mi madre me decía que si no estudiaba no jugaba al fútbol. Ahora la veo feliz"

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Lamine Yamal llegó al Mundial arrastrando molestias físicas, se quedó fuera del once inicial ante Cabo Verde y ahora, recuperado por completo, lidera a España hacia los octavos de final con el trofeo al mejor jugador del partido contra Austria en el bolsillo y un octavo de final contra Portugal por delante. La Eurocopa de 2024 lo catapultó a la élite planetaria del fútbol, lo convirtió en pieza fundamental del título europeo de la selección y en un fenómeno mediático que en Estados Unidos ya tiene dimensión de estrella pop. Lo que viene ahora puede ser todavía más grande.

Lamine Yamal no esconde lo que quiere. Habla del Balón de Oro con una naturalidad que incomoda a algunos y que a él le parece simplemente honesta. "No sueño con tener un Balón de Oro, sueño con tener muchos. Así se lo digo a mis amigos. Tengo la capacidad para hacerlo y, si no lo consigo, es porque no habré hecho las cosas bien", afirmó a José Ramón de la Morena. El Mundial de Estados Unidos es la plataforma perfecta para disparar su candidatura, y él lo sabe. Ganar el torneo con España lo colocaría en una posición privilegiada en los pronósticos, y ese escenario empieza en el octavo de final contra Portugal.

La reina de su vida

Detrás del jugador hay una historia familiar que Lamine Yamal contó sin pudor en una entrevista con José Ramón de la Morena. Su madre, Sheila Ebana, ocupa el centro de todo. "Para mí ella es mi reina, es lo que más quiero", dijo. La vida no fue sencilla para ninguno de los dos. Sheila tuvo que trabajar largas jornadas cuando Lamine era pequeño, y los ratos juntos eran escasos. "Mi madre no podía estar mucho conmigo por el trabajo, pero siempre me hacía la cena cuando venía por la noche", recordó el jugador. Esa presencia tardía, silenciosa y constante, construyó el vínculo que hoy describe con esas palabras.

Sheila también fue exigente. Mientras Lamine soñaba con el fútbol, ella insistía en que los estudios tenían que ir primero. "Siempre quería que estudiara y me decía que si no lo hacía no me dejaría ir a jugar. Me echaba broncas todos los días. Hasta el día que debuté, me decía que tenía que estar estudiando. Pero llegó un momento en que me entendió. Era mi sueño y lo conseguí", relató Yamal. Cuando el sueño se cumplió, uno de sus primeros actos fue comprarle una casa a su madre, sin imponerle nada. "Solo le pregunté por la zona y le dije que la que ella quisiera", explicó a De la Morena.

El hermano que lo cambia todo

Hay otra figura que aparece en el relato de Yamal con una emoción distinta, más visceral. Su hermano Keyne, de tres años, se convirtió en viral después del partido ante Austria cuando las cámaras le mostraron al jugador una imagen del niño en la grada. La respuesta fue inmediata: "Para mí, mi hermano es como si fuera mi hijo, estoy enamorado de él". Keyne disfruta de una infancia que Lamine no pudo tener, y eso es para el barcelonista una de las satisfacciones más profundas que le ha dado el éxito. "Veo a mi madre feliz, veo que mi hermano puede tener la infancia que yo hubiera querido. Y eso es lo que más feliz me pone. Es todo lo que un niño puede pedir", aseguró.

El chico que llegó con molestias físicas, que se perdió el estreno como titular y que apareció en el Mundial con una cinta provocadora en el pelo acaba de ser el mejor jugador ante Austria y tiene por delante a Portugal en octavos. La selección española necesita que Lamine Yamal sea lo que ya demostró en la Eurocopa. Él tiene claro que puede serlo, y más.