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Июнь
2026

Atentos a... Stale Solbakken: el «Ragnarök» noruego que estuvo muerto durante siete minutos

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Hay veces que la mitología define a la perfección según qué historias. «Ragnarök» es un término vikingo conocido en la cultura popular gracias, en parte, a series que se pueden ver en las actuales plataformas de streaming. Pero no significa únicamente «el fin del mundo», sino una destrucción necesaria para que nazca otro; es acabar con una vida para comenzar una nueva. Mientras Erling Haaland y Martin Odegaard acaparan buena parte de los focos de la selección de Noruega en este Mundial, en el banquillo hay una historia que trasciende el fútbol: la de Stale Solbakken, un entrenador que hace veinticinco años estuvo clínicamente muerto durante siete minutos tras sufrir un infarto en un entrenamiento y que, desde entonces, aprendió a ver el deporte desde otra perspectiva. «Después de algo así entiendes qué cosas son realmente importantes y cuáles no», ha reconocido en varias entrevistas.

Su historia comenzó en Kongsvinger. Si bien no llegó a estrella, Solbakken fue un centrocampista inteligente que destacó en el HamKam y el Lillestrom antes de probar suerte en el Wimbledon inglés. Allí, en tan solo seis partidos en la Premier, anotó un gol y fue dos veces MVP del partido. Entonces tuvo una disputa con el entrenador y quedó excluido del club. Sin embargo, su marcha a Dinamarca le brindó su mejor etapa como futbolista, primero en el Aalborg y después en el Copenhague, donde parecía haber encontrado la estabilidad y el mejor momento de su carrera. Salir de Wimbledon fue su primer «Ragnarök». Lo que nadie esperaba es que, en 2001, en un entrenamiento en la capital danesa se desplomó sobre el césped a causa de un paro cardíaco provocado por una malformación congénita que nunca había sido detectada. Su corazón dejó de latir durante siete minutos y fue reanimado de camino al hospital. La rápida intervención le salvó la vida, aunque puso fin de manera definitiva a su carrera como futbolista y, con apenas 33 años, tuvo que asumir que nunca volvería a competir. Años después, su madre confesó que llegó a preparar su funeral mientras permanecía inconsciente en el hospital.

Lejos de alejarse del fútbol, Solbakken encontró un nuevo camino en los banquillos. Su segundo y verdadero «Ragnarök». Comenzó entrenando al HamKam, al que devolvió a la máxima categoría del fútbol noruego y donde empezó a ganarse el apodo de «Stale Salvatore», un juego de palabras con «salvador» que hacía referencia tanto a su capacidad para rescatar equipos como a la segunda oportunidad que había recibido en la vida. Más tarde inició la etapa más brillante de su carrera en el Copenhague, al que convirtió en el gran dominador del fútbol danés con ocho campeonatos de liga y una presencia habitual en la Champions League.

Su trabajo llamó la atención de algunos de los entrenadores más prestigiosos de Europa. En 2010 se enfrentó al Barcelona de Guardiola y el técnico catalán elogió públicamente la organización táctica de su equipo. No obstante, Solbakken llamó «manzana podrida» a Pinto, por entonces portero azulgrana, y Pep le pidió explicaciones en la zona del vestuario. Tras una fuerte discusión, tuvieron que ser separados por Sergio Busquets y miembros de los staff para que no llegaran a las manos.

Desde 2020 dirige a una selección noruega que ha logrado clasificarse a un Mundial tres décadas después con una generación llamada a marcar una época. Los Haaland, Odegaard y Sorloth han salido vivos del «grupo de la muerte» con Francia y Senegal, se han clasificado con cierta facilidad a dieciseisavos y buscan seguir avanzando esta noche frente a otra de las revelaciones, Costa de Marfil. Como en los relatos vikingos, donde la destrucción del viejo mundo precede al nacimiento de otro, la carrera de Solbakken como futbolista terminó de forma abrupta, pero dio paso a una segunda en los banquillos que ha llenado de vida a una selección que llevaba demasiado tiempo esperando su propio renacimiento.