Ver fútbol cambia la forma en que el cerebro procesa las emociones
Las emociones que despierta el fútbol activan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, el placer y la toma de decisiones.
El profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina del Departamento de Fisiología de la UNAM explicó que esa respuesta ayuda a entender por qué una victoria produce euforia temporal, mientras una derrota puede generar frustración e incluso reacciones violentas en algunas personas.
“Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se va a alimentar por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o que queremos seguir experimentando. En el caso del fútbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, cuando nos marcan un penal, una expulsión o perdemos decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer como las endorfinas”, comentó.
El especialista explicó que, durante un encuentro deportivo, las emociones adquieren mayor protagonismo porque disminuye el control ejercido por la corteza prefrontal, región encargada del razonamiento y la toma de decisiones. En ese contexto cobra mayor relevancia la amígdala cerebral, estructura relacionada con las respuestas emocionales.
Esa reacción también explica por qué incluso personas que no siguen habitualmente el fútbol terminan involucrándose emocionalmente durante partidos de gran relevancia, impulsadas por el ambiente colectivo y el comportamiento de quienes las rodean.
Cuando las emociones se convierten en violencia
Los especialistas señalaron que la frustración provocada por una derrota no conduce automáticamente a conductas violentas. Sin embargo, cuando predominan sentimientos como la ira o la impotencia y existe una escasa regulación emocional, pueden surgir agresiones contra personas u objetos.
El académico indicó que el lóbulo frontal normalmente actúa como un mecanismo de control sobre esas reacciones. Cuando ese control falla y aparecen actos violentos, la situación puede responder a condiciones psicológicas que van más allá de la simple pasión deportiva.
Por qué una derrota pesa más que una victoria
La derrota suele generar un impacto emocional más duradero porque las personas depositan expectativas e identidad en su equipo favorito. Cuando el resultado no es el esperado, aparecen sentimientos de pérdida, decepción y cuestionamientos sobre aquello en lo que confiaban.
En cambio, la satisfacción que produce una victoria suele ser breve. El cerebro se adapta rápidamente a esa sensación positiva y vuelve a establecer nuevas expectativas para el siguiente partido.
Casos extremos
El estudio recordó que, aunque son situaciones poco frecuentes, algunas derrotas deportivas han coincidido con desenlaces trágicos. Uno de los casos más conocidos ocurrió tras la eliminación de Brasil frente a Alemania por 7-1 en el Mundial de 2014.
No obstante, el especialista aclaró que el partido no constituye por sí solo la causa de estos hechos. Indicó que las personas involucradas generalmente presentaban antecedentes psicológicos importantes y que el resultado deportivo actuó únicamente como un factor desencadenante.
Para los especialistas, comprender cómo responde el cerebro durante un partido permite disfrutar el deporte con mayor equilibrio y reconocer cuándo las emociones dejan de ser una expresión normal para convertirse en un riesgo para la salud mental o la convivencia.
