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De Mykonos a Bari: el crucero de lujo que une el Egeo con el Adriático

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La costa griega y sus miles de islas albergan algunos de los paisajes más espectaculares del planeta. Desde acantilados calcáreos que caen sobre aguas de color azul eléctrico, hasta bahías turquesas que parecen sacadas de otro mundo; paisajes de ensueño que se entremezclan con vestigios milenarios. Esta combinación convierte al archipiélago en un auténtico museo al aire libre que siempre brinda al viajero vivencias únicas. Nos embarcamos a bordo del Explora II, uno de los buques insignia de Explora Journeys, para recorrer algunos de los destinos menos conocidos del litoral Jónico, Egeo y Adriático

Nuestro periplo comienza en Atenas, faro de historia y cultura. Allí, en el majestuoso puerto de El Pireo, el impresionante navío permanece atracado a la espera de los cruceristas. Este auténtico hotel flotante destaca por su refinada oferta gastronómica y un abanico de opciones «wellness» diseñadas para disfrutar de la travesía. A bordo no hay fiestas de bienvenida, noches de gala ni cenas en la mesa del capitán; tampoco existe la sensación de multitud. El único objetivo es brindar una experiencia exclusiva, íntima y única.

La primera parada reposa sobre el mar Egeo y es una de las islas más populares del mundo: Mykonos. Antes de desembarcar, madrugamos para participar en una clase grupal de «Yoga Stretching» en el Fitness Center, que cuenta con 350 metros cuadrados de modernas instalaciones. Mientras inhalamos y exhalamos, el buque navega lentamente, brindándonos la oportunidad de contemplar el relieve rocoso y abrupto que define la orografía local. Desde el agua, el terreno seco y pétreo crea un contraste espectacular con el intenso azul marino y las icónicas casas blancas. Una vez en tierra, paseamos sin mirar el reloj y sin rumbo fijo por sus laberínticas calles. Nuestro objetivo es cruzarnos con uno de sus habitantes más célebres y queridos: el pelícano Petro, mascota oficial de la isla. Antes de regresar al Explora II, hacemos una parada en uno de los bares de la pintoresca «Little Venice», un encantador barrio donde las viviendas están construidas directamente sobre el agua, con balcones de madera que cuelgan sobre el mar.

El crucero se pone en marcha al atardecer para llegar, a la mañana siguiente, a la más oriental de las islas del archipiélago de las Cícladas. Atracamos en Katápola, el puerto principal de la maravillosa Amorgos, famosa por ser el escenario de «El gran azul» («Le Grand Bleu», 1988), la película de culto del director francés Luc Besson sobre la apnea. Nos adentramos en sus paisajes y descubrimos pueblos, ruinas y colinas soleadas donde pastan las cabras. Tras darnos un chapuzón en una de las calitas escondidas de la isla, hacemos una parada para picar algo en una de sus tabernas. Elegimos «Youkali» por su excelente ubicación frente al mar, donde probamos un refrescante «tzatziki» (salsa a base de yogur griego y pepino) y su típica «taramasalata», elaborada con huevas de pescado.

No podemos abandonar Grecia y poner rumbo a Italia sin dar un salto al mar Jónico y visitar Nidri, un precioso pueblo costero en la isla de Léucade, considerada por muchos eruditos la Ítaca de Homero. Esta perla jónica pasó de ser un humilde pueblo de pescadores a convertirse en un centro de turismo internacional gracias a la llegada de su visitante más célebre: el magnate Aristóteles Onassis, quien adquirió la cercana isla de Skorpios. El lugar les resultará familiar, ya que, rodeados de sus aguas tranquilas y cristalinas, se casaron Onassis y Jackie Kennedy. En la actualidad, la propiedad pertenece al magnate ruso Dmitri Rybolóvlev, presidente del AS Mónaco. La mejor manera de explorar estas aguas verde esmeralda y sus paisajes exuberantes es a bordo de un galeón. Nosotros lo hicimos en el Odissea, una embarcación de madera capitaneada por Dimitri, quien nos descubrió una cala apartada donde disfrutamos de un baño inolvidable.

Ahora sí, ponemos rumbo al sur de Italia, hacia Bari, en la hermosa región de Apulia bañada por el Adriático. Desembarcamos en el puerto y subimos a un autobús gestionado por la naviera que nos traslada hasta Alberobello, un fascinante rincón declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su fama se debe a los «trulli», singulares construcciones de caliza blanca tejidas sin argamasa que convierten el lugar en un pueblito de cuento de hadas o en el escenario de una película. De hecho, las modelos de Dolce & Gabbana desfilaron por sus calles en 2023. Tras perdernos por sus rincones y admirar la famosa cerámica de Grottaglie, regresamos a Bari. Antes de embarcar y relajarnos de nuevo a bordo del Explora II, damos una vuelta por Bari Vecchia para ver cómo las nonnas italianas preparan los tradicionales «orecchiette» a mano.

De vuelta en el barco, llega el momento de experimentar el «Ocean State of Mind», un estado mental que se alcanza al conectar con el mar y disfrutar de todas las comodidades de este crucero de lujo. Los días en alta mar transcurren entre el embaucador silencio del océano, atardeceres impresionantes, chapuzones en las piscinas, relajación en los spas exteriores y la degustación de deliciosas propuestas culinarias en los restaurantes de especialidad. Los toques de cocina francesa de «Fil Rouge» rivalizan con las apetitosas carnes de «Marble & Co. Grill», aunque la experiencia más vibrante es la de «Emporium Marketplace», un espacio abierto casi todo el día que celebra los sabores del mundo. Allí, en una vitrina, reposa una docena de ostras sobre una cama de hielo; al lado esperan colas de langosta, y a tan solo unos metros seducen una decena de estaciones gastronómicas: desde sushi y pasta recién hecha, hasta ensaladas al gusto o hamburguesas gourmet.

Concebido como un enorme «resort flotante», en el Explora II no hay aglomeraciones ni colas. Entre sus paredes, hay también espacio para el arte y las compras. Y como no, un espacio relajante con tratamientos para conectar con uno mismo con la ayuda del efecto calmante del mar. No hay mejor plan para desconectar este verano.