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Estados Unidos endurece presión sobre Cuba mientras la isla se recupera del apagón general

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Estados Unidos intensificó su presión sobre Cuba en un momento crítico marcado por apagones generalizados, escasez de combustible y negociaciones discretas que podrían derivar en cambios políticos. La administración de Donald Trump ha planteado la salida de Miguel Díaz-Canel como condición para avanzar en acuerdos, según fuentes del New York Times cercanas a las conversaciones entre ambas naciones.

El régimen reconoció contactos con Washington mientras enfrenta una crisis que ha paralizado buena parte de la economía. La interrupción de importaciones de petróleo, tras el fin de suministros otorgado por Venezuela y nuevas restricciones, agravó la realidad. "La culpa es del bloqueo energético que nos han impuesto", afirmó el líder castrista en una comparecencia reciente.

Apagones complican emergencia

La encrucijada se profundizó con un colapso del sistema eléctrico que dejó a millones sin servicio. La red nacional, sostenida por termoeléctricas con décadas de uso, no logró responder a la falta de energía. Las autoridades indicaron que cerca de la mitad de los hogares en la capital recuperó la electricidad de forma parcial tras el apagón.

La escasez de diésel y gasolina obligó al Ejecutivo a aplicar medidas de emergencia. Entre ellas, la suspensión de ventas de combustible y la reducción de servicios en hospitales. La economía cubana se mantiene prácticamente paralizada desde que se cortaron los envíos petroleros, un panorama que también responde a decisiones de la Casa Blanca tras el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela.

El impacto se extiende a la vida cotidiana. "El temor es que el apagón se dilate y se pierda lo poco que tienes", relató para AFP Olga Suárez, una jubilada de 64 años de edad, residente de La Habana. Las protestas se han vuelto más frecuentes, con ciudadanos que exigen estabilidad en el suministro eléctrico en medio de una situación que se arrastra durante años.

Los Castro mantienen el poder

De acuerdo con información obtenida por el NYT, las negociaciones con Estados Unidos incluyen demandas políticas, pero el control del poder sigue concentrado en la familia Castro. Aunque Díaz-Canel ocupa la presidencia, allegados al tema coinciden en que su margen de decisión es limitado frente a estructuras históricas del Partido Comunista Cubano y el conglomerado militar GAESA.

En este sentido, el diario sostiene que el gobierno de Trump ha evitado ejercer una fuerza directa contra ellos, lo que refuerza la idea de un cambio limitado. La salida del actual mandatario se plantea a modo de un gesto simbólico más que estructural. "Deshacerse de Díaz-Canel es más simbólico que sustantivo", indicó al Times Ricardo Zúniga, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Barack Obama vinculado a procesos de diálogo.

Figuras como Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, y el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga han ganado visibilidad en este contexto. Otras tres fuentes cercanas al tema, que prefieren mantenerse en anonimato, explicaron al mismo medio que ambos personajes podrían desempeñar roles clave en una eventual transición, aunque sin alterar el manejo político de fondo.

Para el politólogo cubano Armando Chaguaceda, el poder del régimen se sostiene más por vínculos personales que por méritos institucionales. En ese contexto, la influencia de Raúl Guillermo responde a su cercanía con su abuelo más que a su trayectoria, marcada por un perfil discreto, ya que, como señala su entorno, “los militares con los que creció eran sus referentes (…) hasta el punto de que decidió ser guardia personal”, contó a la BBC.

En esta línea, el académico Ted Henken sostiene que el liderazgo sigue concentrado, al afirmar que “la familia Castro es la que realmente controla y maneja las negociaciones con Estados Unidos y no Miguel Díaz-Canel”, afirmó a la cadena alemana DW. En ese contexto, no descarta una eventual salida del mandatario como gesto político, aunque advierte que los cambios más significativos “vendrán en el plano económico” más que en la estructura de poder.

Reformas económicas marcan negociación bilateral

Las conversaciones entre ambos países se centran en una apertura gradual de la economía cubana hacia inversión extranjera, en especial de empresas estadounidenses y miembros de la diáspora. El gobierno de la isla anunció medidas para permitir que emigrados inviertan y posean negocios, en un intento por atraer capital.

El ministro de Comercio Exterior señaló que Cuba busca una "relación comercial fluida" con actores estadounidenses. Sin embargo, Washington considera que estos pasos resultan insuficientes. "Eso no va a arreglar las cosas", afirmó el secretario de Estado, Marco Rubio, al evaluar las medidas anunciadas.

EE. UU. también exige la liberación de presos políticos y transformaciones en el aparato estatal. La estrategia apunta a forzar reformas sin promover un colapso total del sistema. En paralelo, la carga económica persiste mediante restricciones al abastecimiento de recursos y advertencias a naciones que le exporten hidrocarburos.

Paolo Spadoni, economista político especializado en América Latina y profesor asociado de la Universidad de Augusta en Georgia, aseguró al medio DW que la reforma económica tiene prioridad sobre cambios políticos inmediatos. Sectores como el turismo, el transporte y el ramo eléctrico se perfilan como áreas clave para una eventual inversión extranjera. Sin embargo, la estructura burocrática y las limitaciones regulatorias siguen siendo obstáculos considerables.

El contexto actual combina tensión diplomática, deterioro económico y presión social interna. Aunque han abierto la puerta a ciertos cambios, no existen señales claras de una transformación profunda en el corto plazo. Las conversaciones continúan bajo un equilibrio delicado entre exigencias externas y control interno.